Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

Páginas vistas en total

martes, 21 de noviembre de 2017

Primer equipo de Newell's Old Boys en AFA, año 1939



En 1939 Newell's Old Boys solicita su incorporación a los torneos nacionales de la Argentina a la «Asociación del Fútbol Argentino». La AFA decide otorgarle el permiso, mediante el cual lograría formar parte de sus campeonatos a partir de ese año. El 19 de marzo de 1939, Newell's Old Boys disputa su primer encuentro en forma oficial, por la «Primera División Argentina». Aquella jornada la lepra se alzaría con el triunfo enfrentando al Club Atlético San Lorenzo, con un marcador de 2 a 1. Ese año Newell's Old Boys finalizaría el torneo en la cuarta posición, siendo el equipo mejor ubicado del interior de Argentina.

Paralelamente a los habituales torneos nacionales, la AFA ha organizado diferentes competiciones a lo largo de su historia. Una de ellas es la «Copa Adrián C. Escobar», instaurada entre los años 1939 y 1949, y disputada en forma de heptagonal por los siete primeros equipos en la tabla de posiciones del torneo nacional. En el año 1949 Newell's Old Boys se coronó campeón de la misma, derrotando en la final a Racing Club de Avellaneda por 4a2 en definición por penales.

Entre los años 1949 y 1950, Newell's Old Boys emprende un desafío novedoso para la historia del fútbol de Argentina: embarcarse en una gira que lo llevaría a disputar 14 encuentros frente a equipos del viejo continente. Entre los equipos enfrentados se registrarían victorias ante Athletic Bilbao, Selección de fútbol de España, Benfica, Hannover y Hertha Berlin, entre otros.

Durante toda su participación en los torneos oficiales de Newell's descendió en una sola oportunidad de categoría: fue al finalizar la temporada de 1960. Lo destacado de dicho suceso fue que en 1961 el Rojinegro obtuvo el ascenso al ganar el torneo de la Primera "B" Nacional, pero no le permitieron subir a Primera División debido a una acusación de incentivación. Frente a esa situación, la dirigencia del club inició acciones judiciales, que hicieron que la AFA mediante decreto, reincorporara a principios de 1964 a Newell’s al círculo de privilegio del fútbol argentino.
Fuente: Extraído de la pagina oficial de NOB

domingo, 19 de noviembre de 2017

Los Atributos - Roger PLA*

*Roger Pla escritor y critico de arte. Nació en Rosario el 8 de octubre de 19 12 y murió en Buenos Aires en 1982. Es autor de las novelas como El duelo (195 1), Los Robinsones (1946).



Fue una noche de otoño. Me veo todavía ahora, cuando han transcurrido tantos años, como me vi al evocar ese recuerdo, vestido con mi primer traje de pantalón largo, símbolo de un brusco salto del niño a la adultez en el que quedaba prácticamente escamoteada la adolescencia, no como ahora, en que el vestido marca una transición gradual más acorde con la naturaleza. Me he convertido en adulto —al menos para los demás—, y debo comportarme como tal. Estoy descolgándome de un tranvía repleto de gente, uno de los tantos que los sábados por la noche confluían desde todos los puntos de la ciudad hasta esta esquina de Salta y Pichincha. Rápidos, sin detenerse, atronando las calles con sus timbrazos de tranvías completos, van haciendo volver a su paso el rostro de las mujeres, entre fascinadas y avergonzadas, porque todo el mundo conoce el destino de estos tranvías lanzados a sus nueve puntos, con racimos de gente colgados de los estribos. Todos quedan vacíos en esa esquina. Próxima a la estación Sunchales, a la que también llegan esos sábados por la noche desde Buenos Aires trenes repletos de gente con el mismo destino: episodio. Si mal no recuerdo, que dio su tema en un tiempo a uno de los sainetes de Vaccareza. Desde esa estación los viajeros pueden llegar a pie hasta el famoso barrio prostibulario agrupado alrededor de la calle Pichincha, cuyo nombre, destinado a recordar las glorias de la batalla de Sucre se ha convertido por una curiosa blasfemia de los hechos en una palabra obscena, imposible de pronunciar ante las mujeres y los mayores.

Había poco, Albert Londres, un periodista francés, había escrito un libro que hizo furor en su época, Le Chemin de Buenos Aires. Y en realidad el punto final más importante de ese camino, que no era otro que el de la trata de blancas, manejada desde Buenos Aires, como se supo tiempo después, por un par de sociedades internacionales, estaba aquí, en este barrio increíble, mezcla curiosa, para los rosarinos, de vergüenza y orgullo. En las puertas de Pichincha me descolgué del tranvía esa noche —no era la primera, o antes había estado con pantalones largos prestados— seguido por Roque y Tono, este último algo más de un par de años mayor que nosotros cuyo fisico casi atlético, la práctica del boxeo, y una especie de desparpajo algo sucio, le habían valido en nuestro barrio cierta popularidad. Pronto estuvimos metidos en la muchedumbre que habitualmente llenaba las aceras y calzadas de esa calle, convertida, sin decreto alguno, especialmente los sábados a la noche, en calle peatonal. De un lado, las casas, una junto a otra, continuándose en ambas esquinas por las calles transversales hasta los límites mismos de ese barrio, donde funcionan fondines, boliches de todas clases, con y sin espectáculo, garitos y churrasquerías, dos de ellas, «El Infierno Rojo» y «El Giandui» o «La Carmelita», frente a frente, famosas no solo por sus parrilladas, especialmente «El Gianduia», sino por sus cantores, entre los cuales descollaba un joven algo obeso, porteño, que viajaba expresamente a Rosario los fines de semana y que se llamaba Carlos Gardel. Del otro lado, como si esa acera hubiese sido reservada para la pausa, solamente cafetines oscuros, boliches, un bar más importante, «La Alameda», llamado también «El Templo del Tango» por los conciertos que excelentes orquestas daban allí los sábados por la noches, con cantores de nombre, y en la esquina un cine—teatro, cuyos grandes afiches anunciaban filmes pornográficos que en realidad no eran más que viejas películas mudas en las que se habían injertado aquí y allá, sin sentido alguno, fragmentos con rápidas escenas de coitos, fellatios, y cosas por el estilo. Todo un pequeño imperio prostibulario formado por ochenta establecimientos donde se alojaban mil ochocientas mujeres de todas clases y nacionalidad, y cuyo único monarca era «El Paisano Días», al que también llamaban «El Toro», «El Macho», mitificado y hecho ya casi misterio, deidad de signo fálico a la que no era ajeno su pariente del mismo signo, El Cuchillo, porque era esta arma, aunque parezca extraño, la que sostenía su dominio. Estamos introduciéndonos ahora en ese pequeño universo, y avanzo a través de una desazón interior que no podían tapar ni los pantalones largos ni el gesto de despreocupación y desfachatez que Roque y yo copiamos quizá del rostro de Tono, quien no necesita fingir un aplomo que destila no sin algún aburrimiento de una larga experiencia. Hay cerca del cordón de la acera un trencito de lata pintado de rojo, y me detengo a comprar un cartucho de maní (morfá maní —decía Tono— no tomés cerveza, la cerveza afloja), cuando un manotón de Tono en mi brazo me hace caer casi el paquete al suelo.

—El Paisano!

Miro hacia donde señala Tono. Desde la acera opuesta, iniciando oblicuamente el cruce de la calle, un sujeto alto, de hombros cargados, cara carnosa, corpulento pero de cintura estrecha, de pañuelo blanco al cuello, saco cruzado negro, entallado, pantalón de fantasía, sombrero alón, tipo Mitre, de ala quebrada sobre los ojos, avanza abriendo a su paso una hendedura en el gentío. Su marcha es lenta, como ausente. Me parece, quizás algo fantasiosamente, que ese andar está envuelto en una lejanía melancólica, en una soledad que parece recortar su silueta sobre el fondo de ese silencio que se ha hecho en la calle, en esa gente súbitamente despojada de palabras que vuelve hacia él la cara, mirándolo, en una especie de homenaje que el hombre atraviesa sin ver, ignorándolo. Sube a la acera, a un par de metros de nosotros y del trencito de lata. Oigo el ruido de los granos de maní triturándose entre mis dientes. Una puerta de cedro se abre y el Paisano desaparece tras ella.

Como si su ausencia hubiese soltado un resorte, regresa el ruido y el movimiento en la calle, el parloteo, y también el de Tono, que se pone a hablar de las noche en que vio al Paisano por primera vez (se armó una bronca en el Mina de Oro, él entró, fijate, y todo el mundo se quedó quieto, se acabó el lío, miró a todos y sin decir una palabra volvió a irse, se me quedó grabado, me dijeron: «Es el Paisano»), cosa que nos había contado con distintos detalles mil veces Tono quien parecía admirar al Paisano con un deslumbramiento que olía a sueños rufianescos y a envidia; sugerí entonces que nos fuéramos a tomar un café pues nosotros pensábamos ir a El Trianón, adonde acababa de entrar justamente El Paisano. Sí, dijo Roque, mejor esperamos que se vaya. Tono afirmó que seguramente el hombre había ido a llevarse alguna mujer: buscamos un bar sin orquesta, la noche no estaba como para andar dando vueltas porque, aunque en Rosario el otoño tiene también sus terciopelos, aquí el roce de la noche era húmedo, algo frío. Tono seguía hablando (a lo mejor fue por negocios. Ustedes saben, no es un panzón, puede agarrar la mujer que quiera, le guste o no al panzón de la mina. Pero él no es panzón). Roque señaló un café en la calle transversal, recuerdo que era un pequeño café con un quiosco de cigarrillos donde se vendían también los adminículos que llevaban el nombre de su inventor —según me había explicado mi primo Alfredo—, un inglés llamado Condón que así perpetuó su apellido para la historia convirtiéndolo en sinónimo de preservativo: no es un panzón, seguía diciendo Tono, no tiene ninguna mujer propia de pupila, él cobra a los panzones: encontramos una mesa junto a la vidriera.

—Todos los cafishios— dijo Tono al sentarse utilizando ahora el sinónimo porteño de panzón, termino rosarino— tienen que pagarle al Paisano. La madama separa cada mes de las chapas la parte del Paisano.

—,Chapa?

Roque no entendía. El modo en que Tono pidió café estaba saturado de la misma displicencia despectiva con que contestó a Roque.

—La chapa es lo que la Madama le da a la mina por cada tipo, la mina le da la guita. A fines de mes, la mina cambia las chapas. La madama le descuenta de cada chapa lo de ella. La pensión, porque viven ahí, los vales yio que le tiene que entregar al Paisano ¿entendés? Así que si la mina te cobró dos pesos, su panzón cobra solamente un mango, ponele, por cada chapa. Cuando tendría que cobrar uno y medio. De donde cada cafishio le está pagando al Paisano parte de lo que gana su mujer.

- Un rufián de rufianes— dije, entendiendo por primera vez del todo el mecanismo de esa historia.

- Justo— aprobó Tono—, de los chicos yios grandes. Porque los bacanes, los dueños de estas casas y las de casi todo el país, son mafias que están en Buenos Aires...

-Esperá— la mano de Roque, corta y ancha, en el aire—. Es raro que uno de estos rufianes no le baje al Paisano de un tiro y le quite Pichincha. Vos siempre decís qu El Paisano usa cuchillo. Ellos usan revólver.

Hubo una risita seca, algo piadosa, en la boca de Tono, y en su cara el gesto de quien va a desasnar a un pobre diablo.

- Mirá: para copar la banda, en Pichincha, no hay revólver que valga. Ya sé que ahora los malandras usan bufoso. Por aquí no corre. Para mandar aquí, hay que ganarse la cosa ante El Paisano a punta de cuchillo. Así la ganó él. Se

vino de Villa Constitución para quitársela al Tape Juárez, que la tenía hace unos cinco años. El Tape se la había quitado un año antes al payo Quiroga, que se había venido de Avellaneda a quitársela a otro, no sé quién. El Paisano conserva hace años su puesto a cuchillo, porque de cuando en cuando llega alguno para hacerle frente. Y van a seguir llegando. Imaginate. Es el sueño todo matón, no sólo de por aquí, sino de cualquier parte. Desbancar al Paisano. ¡Es la gloria! ¿Te das cuenta?

Roque no parecía darse cuenta del todo. Insistió.

Fuente: Extraído del Libro “ Historias para un librero” Relatos, poesías, canciones y crónicas rosarinas por los 70 años de Librería Ross. Editorial Fundación Ross. Año 2000

jueves, 16 de noviembre de 2017

Roger Pla

Por Julio Chiappini




1. Datos biográficos sucintos

Roger Pía nació en Rosario el 8 de octubre de 1912. Cursó estudios secundarios en Buenos Aires -los dejó inconclusos-y estudió idiomas. Con el tiempo, que pasa o queda según se mire (no menos grave es que pasamos para el tiempo), se casó y radicó en Ramos Mejía; en un chalet a pocas cuadras de la estación. Murió en Buenos Aires el 20 de julio de 1982.

Trabajó en el diario "El Mundo" al mismo tiempo que Roberto Arlt; entre agosto y noviembre de 1941 sostuvieron una polémica acerca de cómo debía ser la "nueva novela". Pía fue secretario de la SADE: 1949-1950 



2. La obra

Hay seis novelas: "Los Robinsones". 1946; "El duelo", 1951; "Paño verde". 1955, llevada al cine por Mario David y protagonizada por Luis Brandoni, Héctor Alterio y Alicia Bruzzo; "Las brújulas muertas", 1960; "Intemperie", 1973; y "Los atributos", postuma, 1985, con prólogo de Orfilia Polemann de Valls. En teatro. "Detrás del mueble", 1940. Novela policial: un terso thriller, "El llanto de Némesis". con el seudónimo Roger Ivnnes; fue publicado en la colección "El séptimo círculo" (N° 279, 1975). En los breves prólogos que redactaban Borges y Bioy Casares, se lee: "... Roger Ivnnes nació en Rosario y vive en Ramos Mejía. Está casado y tiene tres hijas. Desde hace algún tiempo dirige grupos de estudio, según la técnica de los llamados talleres literarios": p. 7. El séptimo círculo es el que Dante reserva a los violentos. Y el séptimo cielo el que depara a los contemplativos (como uno). Ensayo: "Proposiciones: novela nueva y narrativa argentina", 1969. Poesía: "Objetivaciones", ilustrada y prologada por Osvaldo Svanascini, 1982. En cuanto a crítica e historia del arte, una vasta y muy valiosa obra. Por ejemplo: "Diderot y sus ideas sobre pintura", 1943; "Antonio Berni", 1945; "La pintura en Holanda", 1946; "La pintura en Inglaterra (siglos XVII y XVIII)", 1946; "La pintura pompeyana", 1947; "Gambartes": texto bilingüe inglés-castellano; con notas, además, de Mujica Lainez y Cayetano Córdova Iturburu, 1954. No contento, anida en varias antologías. Y dirigió otras. Sin perjuicio del buen retruécano de María Elena Walsh: "an-tojolías". Y de Denis Diderot tradujo Críticos e historiadores de arte, 1943. De Baudelaire, Consejos a los jóvenes escritores y Proyectos de prólogos para Las flores del mal: 1981. Baudelaire propina ahí: "El gran hombre es estúpido. Mi libro ha podido hacer el bien: no me aflige. Y ha podido hacer el mal: no me alegra": ver Página 12, 6 de junio de 2010. Borges supo decir que "No me gusta Baudelaire. Pero el fracaso es mío". Y una vez que le dijo a Mujica Lainez lo mismo, "no me gusta Baudelaire", Mujica le contestó con gracejo: "¡Qué lástima!". Borges mismo cuenta la anécdota.

Pía publicó en gran cantidad de revistas y diarios. Tradujo del francés, el inglés y el italiano. En los últimos años Juan Pablo Bertazza, Alberto Giordano y Jorge Bracamonte le dedicaron ensayos. Luis Gregorich, en tanto, en "Roger Pía contra el olvido", dictamina que nuestro autor influyó en "la virtuosa y progresiva transformación de la obra de Juan José Saer": "La Nación", 6 de octubre de 2012, p. 35. Posiblemente. Un discípulo de Pía, Miguel Ángel Giordano, lo recuerda (www.surdeba-bel.com.ar/ultimas-secciones/279-entrevista-con discipulo-de-roger-pla) con unción. Bien hecho. Pues se conoce a la persona por cómo memora a sus mayores y maestros.



3. Pla y la subsistencia

Cuenta que "Nunca viví de mi obra (¿quién lo hace?). Siempre tuve mi "segundo puesto". No es un destino del todo malo. No me convence mucho el ocio que da la fortuna para la vida de un escritor. En cambio, llegado a cierta edad, esta disponibilidad total del tiempo es más que deseable, necesaria, diría. Alguna vez pensé ingenuamente que al jubilarme de mis empleos la obtendría. ... Para mantener mi nada rumboso nivel de vida debí seguir trabajando... Soy muy lerdo para mis propias cosas, y como también me gusta en ciertos períodos no hacer nada -al menos sobre el papel-, nunca me alcanza el tiempo": en Encuesta a la literatura argentina contemporánea, directora Susana Zanetti. CEAL, Buenos Aires, 1982, p. 463. Su último texto fue una poesía. Principia cual una profecía en el espejo: "Recuerdo el instante de mi muerte.

Fue tal como lo había deseado...".


4. Nuestros propósitos

En el título de Gregorich hay razón y razones. De modo que uno simplemente quiso no digo destacar o rescatar a Roger Pía, cosas que no necesita, sino simplemente acordarnos de otro de nuestros tantos intelectuales tan valiosos. El injusto olvido, "el relato", la indiferencia, son síntomas de la anticultura. Lo que menos precisa Rosario, so pena de erigirse del todo como una ciudad de gnocchis y tallarines. Si son baratos y abundantes



Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, su Historia y Región”. Fascículo N.º 113 de Noviembre 2012

martes, 14 de noviembre de 2017

PLA ROGER- ESCRITOR( 1912-1982)

Por Eduardo D’anna

Prosista de raza, hombre de bien







Nació en Rosario en 1912 y murió en Buenos Aires en 1982. Además de ser un gran novelista, frecuentó la poesía la dramaturgia, la crítica de arte y el ensayo. "Proposiciones", que reúne sus textos teóricos, fue editado por la Bibloteca Vigil en 1968.

Si buscaba ser novelista, por entonces era imposible que se quedara aquí: hacia 1936, tras vivir "un amor grotesco y trágico", Roger ya está en Buenos Aires, en medio de la bohemia literaria porteña, que incluye desde el rosarino Cascella hasta el polaco Gombrowicz, desde Mallea a Roberto Arlt. Es entonces que empieza "Los robinsones", que le llevará seis años escribir y que recién se publicará -qué ironía- en 1946, en una editorial rosarina. Ya su estilo, que él después llamará "realismo presentativo", anticipa el objetivismo, sobre todo por su estructuración sin anécdota central, en la que nada se relata y todo se realiza.

Después vinieron "El duelo" (1951), "Paño verde" (1956) -que llevó al cine en 1973 Mario David-, "Las brújulas muertas" (1960) e "Intemperie" (1973), que despertaron interés y respeto unánime entre colegas y críticos. En ellas viven los personajes solitarios, atormentados de Roger, que parecen ser como él era, hijos postumos -Roger fue criado por su hermano mavor Cortés, un líder reformista-.


Seres que no comprenden el mundo en el que se mueven porque éste ha cambiado, ha perdido algo que era consustancial con ellos; o porque, sencillamente, a eso esencial jamás lo poseyeron.

Roger, como dijera Luis Gregorich, "era la imagen misma de la autenticidad y la austeridad, y jamás hizo concesiones para acceder a los dudosos dioses del éxito y del dinero", y por eso sus obras subsisten hoy, cuando tantos fuegos artificiales se han apagado. Roger trabajó, pues, en el periodismo, y sólo entregó sus esfuerzos a la literatura cuando estaba seguro de que era necesario hacerlo. Administró así conscientemente su talento público, pero lo que lo conocieron personalmente, sin embargo. dicen que en ese otro plano se procuraba totalmente: con su sempiterna boquilla humeante en la mano, alto y delgado, de cálida educada voz cautivaba a todos porque lo que decía nacía de convicción sencilla y profunda.

Jamás Rosario dejó de estar en el centro de su corazón, como bien lo supieron los escritores rosarinos a quienes frecuentó, e incluso, ayudó de mil formas. Como indica su amistad con Berni, Gambartes y los pintores del grupo Litoral. Y en 1979, algunos años antes de su desaparición le entregó a Syria Poletti un manuscrito con una nouvelle suya. "El Paisano Díaz” la había titulado, y ella, quizás ignorara de la emblemática referencia que sólo un rosarino podía conocer, le cambió el título y le puso "Los atributos".

En este regalo -también postumo-. Roger hace lo que no había sido posible antes escribir de Rosario. Y Rosario cobra vida allí como sólo con un gran narrador podía hacerlo: renacen Pichincha y sus personajes, y el Macho fantasmal sigue su camino trágico hasta el final, que no es la muerte, sino lo que se descubre después de ella.



Fuente: Extraído de la Revista del diario “ La Capital de los 140 aniversarios” . De 2007

martes, 7 de noviembre de 2017

El Club Español de Rosario

Disidencias hacia una postura sobre el edificio.



Por Julio Chiappini


En su elaborado artículo Una persistente broma de estudiantes. La historia del emblemático edificio del Club Español, publicado en el N° 103 de esta benemérita y hospitalaria revista a p. 18, Roque Á. Sanguinetti propone varias tesis con las que disentimos (del latín di sidere, sentarse en distinto lugar).

1) El edificio de calle La Rioja es "probablemente la más original" de las arquitecturas rosarinas. Ser original no es un mérito. De todos modos hay muchos edificios más originales y a la vez más relevantes. P. e. el del Jockey Club, en Maipú y Córdoba. El de ahora la tienda Falabella. O el "Minetti", en Córdoba al 1400; o la Gath y Chávez otrora en San Martín y Córdoba; o las grandes casas en bulevar Oroño, hoy muchas demolidas. Y la Bolsa de Comercio. Hay envergaduras y envergaduras. Y decenas de otros ejemplos.

2) No contento, Sanguinetti asesta que el edificio bien pudo ser "firmado por el genial Gaudí". Gaudí y Cornet (1852-1926) es un top ten de la arquitectura mundial. Y se lucía con otro tipo de diseños. Una casa grande con una escalinata y unos frisos de cemento hechos con felonía mal pueden atribuirse a Gaudí. Y menos en Rosario, una ciudad que en parte desconoce y en parte odia la arquitectura. De modo que la afirmación de Sanguinetti convengamos es una portuguesada. El barcelonés Francisco Roca y Simó (1874-1939), que vivió en Rosario entre 1909 y 1917 y que en algún diseño hecho en España procuró emular a Gaudí, fue un arquitecto -alarife- utilitarista y nada más. La oceánica Enciclopedia Espasa, que le dedica una página a cualquier profesor español muy conocido en su casa a la hora de las vituallas, lo omite. Tampoco aparece en las dos enciclopedias de Abad de Santillán o en Juan Álvarez. Hablar de Gaudí es hablar, aunque a cada traste su azote, de Le Corbusier, de Frank Lloyd Wright o de Oscar Niemeyer.

No olvidaba comentar que a Gaudí le encantaba ser extravagante. Se ha cotizado por "sus formas aparentemente descabelladas". No es el caso de Roca, para nada. La historia de la arquitectura debe ser elitista; pues la arquitectura es la superestructura de la sociedad. Una ciudad se conoce (digo: sus habitantes) por su arquitectura. Así como un hombre se conoce por sus renunciamientos; por su capacidad de enaltecer a los demás y de soportar la soledad; y por cómo honra a sus mayores y maestros.

3)Sanguinetti calla el mal mantenimiento que históricamente padeció el edificio.

Descuento que es por falta de recursos. Es cierto que cuando la visita de los reyes de España en 1992 (nuestro autor la retrotrae a "la década de 1980"), se hicieron buenas restauraciones. Mientras, concertemos que por ejemplo en París -o en Washington o en Chicago, cosa de abrir uno el juego-, ni soñando se hubiera construido este edificio (que creo es de 1913). No digo que sea un adefesio. Pero tampoco es cuestión de tantas loas.


4)La diserta nota alaba la picardía con que fueron hechos los frisos de cemento.

Resultaron una burla a quien encargó la obra, una trampa. Esto debe ser censurado moralmente. Los a veces obscenos o grotescos personajes son propios de un teatro de comedias bufas, no de una institución. Lo otro es "más divertido", cómo

no. Pero hay que ser serio sin necesidad de la adustez. Y no festejar las estafas,

por más que la haya cometido un tío de Sanguinetti. Uno de los personajes, in-

cluso, según Sanguinetti con su rutilante prosa, "se huele con fruición el sobaco".


Me pregunto cómo lo sabe. También halaga un "corte de manga". Cuando el Club Español no estaba destinado, ya deslicé, a representar saínetes o piezas

del grotesco criollo. Sin embargo esta cosa hecha por bellacos a Sanguinetti lecausa "regocijo" (sic). Optó por "Facundo". Y dijo bien Borges: "a los argentinos

En cuanto a los dos leones que "custodian orgullosamente allá arriba" (hipálage o metagoge), están mal emplazados; pues para el transeúnte pasan desapercibidos salvo que se desnuque mirando los cielos. Delatan que la fachada fue mal concebida; ya que lo gravoso va abajo, caso de los leones en la municipalidad. Incluso con veredas tan angostas un buen urbanista hubiera hecho recova, había fondo de sobra. La cabeza no está solamente para llevar sombrero, gorra, bonete o capirote. Y el sombrero debe acomodar-, la cabeza, no a la inversa. 
5) Es tan majestuoso el edificio, tan expléndido, tan atrayente para los rosai y los turistas, que Sanguinetti adhiere proyecto de que se expropie buena p te de la manzana de enfrente (La Ric Sarmiento, San Luis y San Martín) "p crear un pasaje que desembocaría en Plaza Montenegro. De este modo se dría verlo por fin con la perspectiva ne saria y el paisaje urbano se enriquec; mucho con esa vista". En el trance. . no escribiría "paisaje urbano": lo un lo otro. De lo contrario, construya las ciudades en el campo; serían as saludables.

El edificio de Moreno y Córdoba se propio para levantar ahí el Museo de la Memoria. Hoy esa casa debe valer 2.000.000; y hay que mantenerla persecula seculorum, son millones de pe por año. Lo que propone Sanguinetti frente al Club Español demandaría, a ojo de mal cubero, unos 25 millones de dólares y un terrible desbarajuste en el centro por un par de años para empezar a hablar.

El Club Español no es el Petit Trian, la pirámide de Micerino. Y el dinero de los contribuyentes está para otras cosas. La hacienda pública debe manejarse con prioridades, no con caprichos. Y que es quisquilloso, pues sí. Por ejemplo el monumento a la Bandera siempre mepareció unconvincing. Bien que, reconozco los socialistas lo han mejorado. 

En fin: toda discrepancia es conside de espantoso mal gusto. Corregir es ordinario y, para colmo, el que corrige ca del derecho de equivocarse. Respecto los valores arquitectónicos del Club probablemente uno yerre, probablemente: exhiba. Ahora en relación a una exportación costosísima y que fastidiar vida de infinidad de personas por añares, la hallo francamente inexplicable.

Además según los criticones, "Rosario es una ciudad de gnocchis y tallarines.

Si son baratos y abundantes". Pero hijo adoptivo, ciertamente la quiere, mejor por Borges: "no nos une el amor sino..." La verdad, en tanto, en tiempos de confusiones se conoce mejor por comparación y hasta por confrontación el único valor fundante de la justicia, un valor fundado.


Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, su Historia y Región”. Fascículo N.º 144 de Setiembre 2015

viernes, 3 de noviembre de 2017

GALERIA DE FENÓMENOS ( 1889-1939)



Por Fabián Bazán



ZENON DIAZ:

Jugó como zaguero durante los primeros años del siglo XX. Fue el primer jugador rosarino en ser convocado a la Selección Nacional visitó otra camiseta que no fuera la de Rosario Central.



OCTAVIO DIAZ:

Dicen que fue el mejor arquero de la histopria del fútbol rosarino y que “invento” ese puesto. Después de haber perdido un clásico, lo encontraron llorando en los vestuarios, lo que el gran Octavio justificó con una frase que todavía hoy identifica a todos los canayas: El que no llora por una derrota no es centralista”. Llegó ser capitán de la Selección Nacional.



HARRY HAYES:

Debutó en la primera canaya cuando apenas tenía 14 años y fue el centrodelantero titular de Central entre 1907 y 1926. Si, leiste bien, jugó 19 años con la azul y amarilla.

Según el gran periodista Cipriano Roldán, “ sus goles, de gran factura, amagando a un costado para vencer al guardavalla por el lado opuesto, hicieron época”. Jugo 40m partidos en la Selección Nacional.



ENRIQUE GARCIA:

El “Chueco”, el “Poeta de la zurda”, el mejor wing izquierdo de la época. Diego Lucero ( único periodista que presenció todos los Campeonatos Mundiales hasta su muerte en 1995) dijo de él: “Apretado contra la raya de cal, bloqueado por rivales, dos, tres, los que fueran el “chueco” García salía triunfante de la encorrona con las maniobras más hábiles que un futbolista pudiera idear y ejecutar”. Pasó a Racing y brilló en la Selección Nacional por muchos años. Además, cuenta la leyenda que fue viendo jugar al “ Chueco” García, que el “Che” Guevara se hizo hincha de Central.



Fuente: Extraído del Libro “ De Chiquito . Yo te vengo a ver. Rosario Central para canayitas” Homo Sapiens Ediciones. Año 2009




jueves, 2 de noviembre de 2017

ADAPTARSE SE COSTÓ DEMASIADO



Por Fabián Bazán



Si el primer año en los torneos de A.F.A. no había sido bueno para Rosario Central, los años posteriores no fueron mucho mejores. Llama la atención que a un equipo que como amateur había sido siempre gran protagonista, ganando varios torneos y partidos contra rivales como Boca, River, Racing, Nacional y Peñarol de Uruguay y otros grandes equipos extranjeros, en la era profesional le costara tanto hacer una buena campaña.

De ahí que no extrañara, incluso, que en dos oportunidades (1941 y 1951) haya perdido la categoría, debiendo jugar los años posteriores en Primera B. Eso sí, en las dos ocasiones, Central volvió a Primera División al año siguiente, habiendo ganado en la cancha el campeonato del ascenso (Racing, por ejemplo, demoró 3 años en subir, San Lorenzo 2 y Newell's tardó 4 años en ascender y nunca ganó el torneo de Primera B, sino que subió por un decreto de la A.F.A.).

Lo más destacable de esos años, además de la gran cantidad de jugadores importantes que seguían saliendo de las divisiones inferiores fue el hecho que, a pesar de campañas pobres y equipos que no lograban levantar ca-beza, tres jugadores canayas se consagraran como máximos goleadores de sus respectivos torneos: Benjamín Santos en el campeonato de 1948, con 21 goles en 20 partidos; Oscar Alfredo Massei en el de 1955 (también con 21 goles) y Juan Castro en el torneo de 1956 con 17, igualando Ea posición con Ernesto Grillo, de Independiente.

Fuente: Extraído del Libro “ De Chiquito . Yo te vengo a ver. Rosario Central para canayitas” Homo Sapiens Ediciones. Año 2009