Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 35 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
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martes, 22 de agosto de 2017

ERA UN IDOLO MURIÓ MAGALDI

Por Héctor Nicolás Zinni




¿Qué había pasado? Magaldi sufría del hígado y no se cuidaba. Frecuentemente había tenido ataques. El 17 de agosto le sobrevino un derrame biliar. Esa noche fue internado en el Sanatorio Otamendi, de Buenos Aires, y el 19, ante la gravedad del caso, había sido operado por el doctor Pedro Valdés. Al enfermo lo cuidaban su madre y su hermanos, aquienes había traído de Rosario y vivían con él. Durante dos semanas alentaron esperanzas que se fueron esfumando. En las primeras horas del 8 de setiembre, muere Agustín Magaldi diciendo "mamá".

La noticia, inesperada, es un rudo golpe para el público de Rosario y Buenos Aires. Tan incomprensible y absurdo como el de la muerte de Gardel. En seguida se palpa la necesidad popular de tributarle un último homenaje y se lo vela en el estadio Luna Park. Otra vez la muchedumbre.

A las 10.45 del día siguiente se pone en marcha el cortejo fúnebre tomando por Leandro N. Alem, Balcarce, Victoria, Diagonal Julio A. Roca y Belgrano hasta la broadcasting de ese nombre. Al llegar a la esquina de la calle nombrada en último término y Cevállos, el acompañamiento se detiene y, ante la insistencia del público, las autoridades permiten que desde allí hasta la radiodifusora aludida, el féretro sea llevado a pulso. Se hacen cargo de la conducción de los restos de Magaldi, entre otras personas, Ignacio Corsini, Jaime Yankelevich, Raúl Rosales, Mario Pugliese, Pedro Noda, Francisco Canaro y Fernando Ochoa. Los demás ocupantes de los vehículos se suman al público que marcha a pie.

Después que el ataúd es descendido de la carroza, el cortejo queda detenido varios minutos debido a que la concurrencia trata de acercarse al mismo para depositar ofrendas florales. Como son muchas las personas que intentan asir las manijas y los cordones de la caja fúnebre, la policía lo impide en previsión de que se apoderen de la misma. Finalmente, se logra reorganizar la marcha presenciada desde las aceras y los balcones de las casas y de los techos de los automóviles y camiones detenidos en la calzada por numerosos circunstantes. En varias de las obras que se realizan en la calle Beigrano, los obreros suspenden sus tareas al paso de los restos de Magaldi, descubriéndose.

Con gran dificultad, por hallarse la cuadra llena de gente, el cortejo llega frente a Radio Pe1grano. Desde los balcones de dicha finca y de las vecinas, las damas arrojan flores de despedida al cantor que tantas veces las emocionara con su melodiosa voz. Frente a la emisora donde obtuviera muchos de sus inolvidables triunfos, la multitud rinde un silencioso homenaje a la memoria del cantor desaparecido.

Crece notablemente la emoción del público y se ve a algunas personas que, con gesto resuelto, tratan de apoderarse del ataúd. Nuevamente interviene la policía, produciéndose una breve alteración del orden, durante la que ca al pavimento uno de los caballos de la guardia de seguridad. En su caída, el animal arrastra al jinete, además de dos agentes de infantería y un particular, quienes, al parecer, sólo sufren lesiones sin importancia. El hecho determina a las autoridaes el envío de refuerzos desde el departamento de Policía.2

Con alternativas :arecidas a las anotadas en la primera parte del trayecto hasta la Chacarita, se cumple la segunda. . . Por fin, Magaldi es sepultado en medio de flores, discursos y una congoja que la muchedumbre comparte, alimenta y transmite a lo largo y a lo ancho de Buenos Aires y también a Rosario, donde algunos cafés han puesto dos tacos cruzados

sobre cada mesa de billar, en señal de duelo. Desde las pantallas de los cines, brotan los gorgoritos de la rosarina Libertad Lamarque en la pelícqla Madreselva cantando el tango homónimo de Luis César Amadon —director del filme— y Francisco Canaro: "Madreselvas en flor / que me vieron nacer / y en la vieja pared / sorprendieron mi amor / si todos los años / tus flores renacen / porque ya no vuelve / mi viejo querer. ....3


NOTAS
1 La Tribuna. 24.6.1978. Pág. S. Cierra £7 Invicto. Adiós al último de los chambergos.
2 Estela Dos Santos, op. cit. Págs. 1940/1944. Cfr. Noticias Gráficas, días 8 y 9 setiembre 1938.
3 Luis César Amadori, n. en Pescara (Italia), y arribó al país en 1907. Fue extra en Tu cuna fue un conventillo (1925), de Julio higoyen. Once años más tarde Angel Mentasti lo convirtió en director al confiarle, junto a Mario SofficL la realización del filme Puerto Nuevo, sobre argumento de Antonio Botta y el propio Amador¡. A partir de entonces, 78 títulos lo contaron como director argumentista o adaptador; entre ellos El pobre Pérez (1937), Maestro Levita.. El canillita y la dama y Madreselva, las tres de 1938, Palabra de honor (1939),
Fuente: Extraído del Libro “ El Rosario de Satanas Tomo II . Editorial Fundación Ross.

viernes, 18 de agosto de 2017

El museo municipal.



Para los años del Centenario, ya consolidado el papel de Rosario en la economía nacional como puerto exportador de cereales, los miembros de la burguesía se mostraban satisfechos de sus logros, más aún por tratarse en su mayoría de “hombres nuevos”, es decir inmigrantes extranjeros o migrantes internos que, sin prosapia colonial, habían construido su prestigio social a través de las redes asociativas de carácter étnico, económico, filantrópico y cultural formadas durante la segunda mitad del siglo XIX.

Para deshacer la imagen establecida de Rosario como ciudad mercantilista, confirmada por los extranjeros que visitaron el país en 1910, algunos intelectuales y profesionales rosarinos abrieron los primeros espacios dedicados exclusivamente a las manifestaciones artísticas. Su acción se concentró en la creación de instituciones cuyo objetivo general era ilustrar a la sociedad por medio del arte, las letras, la música y la historia.

La primera de estas instituciones fue la Biblioteca Pública Municipal Argentina, fundada en 1910. El mismo grupo fundador, en cuyas acciones se vinculaban el ámbito privado y el público, creó dos años más tarde El Círculo de la Biblioteca, con el fin de “propender a la cultura intelectual y artística del Rosario”, según se expresa en su estatuto. Bajo el espíritu del Centenario, los miembros de El Círculo se propusieron revertir el aura mercantil de Rosario organizando conciertos, exposiciones y conferencias. Entre esos eventos sobresalió el Primer Salón de Bellas Artes, que contó con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña el día de la inauguración, en agosto de 1913. La muestra se constituyó, como dice Juan Álvarez, “con sólo reunir obras de las colecciones particulares de los vecinos”, es decir de los primeros coleccionistas y amateurs de Rosario. De pronto la ciudad contaba entre sus habitantes con verdaderos conocedores y gustadores del arte, que exponían
sus adquisiciones al público con intención pedagógica. En mayor número, esas pinturas pertenecían a las escuelas española y francesa contemporáneas; las otras, más antiguas, se atribuían a las escuelas flamenca e italiana.

El coleccionismo y el consumo artístico se imponían por entonces como hábitos de clase y signos de distinción social, pero paralelamente comenzaban a formalizarse a través de sus prácticas y a definirse en el programa cultural de sus asociaciones. En el seno de El Círculo se formó Comisión de Bellas Artes, integrada por los pioneros del coleccionismo local. En mayo de 1917 esta comisión organizó el Primer Salón Nacional de Bellas Artes de Rosario, que obtuvo un éxito inesperado, a tal punto que el intendente municipal, Federico Remonda Mingrand, instituyó inmediatamente una Comisión Municipal de Bellas Artes, a la que se le encomendó la creación de “un museo, una academia y demás trabajos que tiendan a fomentar el arraigo y el crecimiento del espíritu”. Los editoriales de La Revista de El Círculo, ocupándose permanentemente de los salones de otoño, fueron generando consenso respecto a la necesidad de un museo de arte. Anualmente, los salones beneficiaban por un lado al “pueblo”, en tanto “escuela abierta de educación artística”, y por el otro a los artistas, como “un incentivo más para el desarrollo de sus nobles aptitudes”, pero principalmente a la ciudad, motivando “el orgullo de sentirse regenerada al amparar y nutrir con su savia potente, estas fuentes de vida espiritual”. De la retórica, el presidente de El Círculo, Rubén Vila Ortiz, pasaba al dramatismo, acusando a “los gobiernos con su incomprensible indiferencia” de alegar otras urgencias “cuando se les pide insignificancias, con fines de cultura”. En esa situación, que demoraba el desarrollo de sus objetivos, los miembros de El Círculo buscaron la salida solicitando la colaboración de las instituciones y los particulares. Si en las capitales extranjeras o en Buenos Aires los poderes públicos destinaban fondos para las adquisiciones, ¿cuánto más no valía la acción privada, se preguntaba Alejandro Berruti en 1919, en una ciudad “huérfana –o poco menos– de todo auxilio estatal”? Los “pudientes” debían concurrir al salón a comprar “las buenas obras de su gusto”, contribuyendo de su bolsillo al crecimiento del ambiente artístico y, con la posterior donación de esas obras al futuro Museo de Bellas Artes, vinculando su nombre a “una obra cultural tan importante y necesaria en todo pueblo civilizado”. En ese esquema,  las principales instituciones de Rosario deberían contribuir con algún premio, como el que patrocinaba el Jockey Club, o con adquisiciones como las de la Bolsa de Comercio y el Club Social.
 
Fuente: Ciudad de Rosario Museo de la Ciudad Editorial Municipal de Rosario Ciudad de Rosario / Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.
Municipalidad de Rosario Secretaría de Cultura y Educación
Editorial Municipal de Rosario
© Museo de la Ciudad
Bv. Oroño 2300 Rosario, Santa Fe, Argentina
info@museodelaciudad.org.ar
www.museodelaciudad.org.ar
© Editorial Municipal de Rosario
Aristóbulo del Valle y Callao
Rosario, Santa Fe, Argentina
emr@rosario.gov.ar
www.rosario.gob.ar/emr
Queda hecho el depósito
que marca la ley 11.723
ISBN 978-987-9267-73-8
CUIT 30-99900315-6
Impreso en la Argentina

miércoles, 16 de agosto de 2017

EL MUSEO DE BELLAS ARTES

Por Miguel Ángel De Marco ( h)
 
Gracias a la generosidad de la señora Rosa Tisconia de Castagnino y su familia, promotora de actividades culturales la primera mitad del siglo XX, la Municipalidad resolvió, el 15 de enero de 1920, la creación de un museo de Bellas Artes. Sin embargo, recién diecisiete años más tarde pudo inaugurarse un moderno y amplio edificio en el Parque Independencia, proyecto por los arquitectos Hernández Larguía y Newton. Al recinto se le impuso el nombre de Museo Municipal de Bellas Artes “ Juan B. Castagnino”
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, su Historia y Región”. Fascículo Nº 151 de Mayo de 2016

martes, 15 de agosto de 2017

El Museo Municipal de Bellas Artes



Fue inaugurado el 15 de enero de 1920. El presidente de la Comisión Municipal, Dr. Nicolás Amuchástegui, expresó en esa oportunidad sus deseos de que, siendo el museo “del pueblo y para el pueblo, los beneficiados por la fortuna dejaran la huella de su paso con donativos de obras que perpetuaran sus nombres o de recursos para adquirirlas”. Estas ideas continuaron expresándose durante largo tiempo; pertenecían a los mismos coleccionistas que propiciaron, mediante la fundación del museo, el traspaso de sus colecciones privadas al ámbito público.

El pensamiento museológico. Antonio F. Cafferata (1875-1932) fue otro de los integrantes del grupo de personalidades que llevó a cabo en Rosario la progresiva institucionalización del campo intelectual. Su padre había sido gobernador de la provincia de Santa Fe y su madre descendía de los fundadores de Córdoba, de quienes heredó una heterogénea colección formada por artísticos, documentos históricos, medallas y fotografías. Desde un principio, la colección de Cafferata no estuvo determinada por el valor estético de las piezas sino por su valor histórico. Además de su actuación en las esferas del derecho y la política, fue socio de El Círculo y miembro de la Comisión

Municipal de Bellas Artes, en la que se desempeñó como vocal, vicepresidente, jurado de admisión del salón e integrante de una comisión especial creada con el fin de abrir una Academia Municipal de Bellas Artes.

En 1925 las diferencias entre Cafferata y el resto de la Comisión Municipal provocaron su desvinculación, a la que siguió su propuesta de un Museo Artístico y Científico que debía contar con dos secciones: una para las artes y otra para “el gran museo zoológico, étnico, arqueológico, colonial-histórico”. Como se advierte, el concepto dem museo de Cafferata estaba determinado por el contenido de su colección privada. El proyecto fue rechazado por la comisión, alegando que el interés del museo debía reducirse a las bellas artes. Sin embargo en 1929, presidiendo la comisión, Cafferata se autodenominó director del Museo de Bellas Artes y publicó el primer catálogo general,

en el que se detallaron obras, autores, año y modo de adquisición, lo que dejó una impronta organizativa más especializada.

Tras su muerte, acaecida en 1932, el concejal Luis Coussirat presentó un pedido para que la Municipalidad adquiriese la colección y la casa de Cafferata con el fin de aumentar el patrimonio del Museo de Bellas Artes. Las discusiones trascendieron a la prensa y, mientras la Comisión Municipal demoraba la decisión, la familia Cafferata terminó subastando la colección en Buenos Aires. La respuesta, de todos modos, fue negativa. Si bien la mayoría de sus proyectos no fueron viables, Cafferata dejó instalada la idea de un museo histórico y científico.

lunes, 14 de agosto de 2017

MUSEO DE BELLAS ARTES JUAN B. CASTAGNINO

La progresiva profesionalización de Juan B. Castagnino como coleccionista le permitió adquirir desde la segunda década del siglo XX una especial visibilidad en el campo cultural rosarino. Su colección se transformó en modelo y su figura representó al hombre moderno interesado en el arte. En su testamento asignó una importante suma de dinero con la intención de solucionar el problema de la falta de una sede para el museo, además de donar al mismo su colección de arte argentino. En cuanto a la promoción del trabajo artístico, quien mejor interpretó sus deseos fue su madre, proporcionando recursos económicos para los premios y adquisiciones de obras en los salones y, años después, costeando la construcción del edificio del Museo Municipal de Bellas Artes inaugurado en 1937, que desde ese momento lleva el nombre de Juan B. Castagnino. La donación realizada por sus hermanos, en 1941, de la pintura antigua de su colección, completó la transferencia a la esfera pública de la colección privada más importante que existía en la ciudad.

Fuente;Ciudad de Rosario  Museo de la Ciudad
Editorial Municipal de Rosario
Ciudad de Rosario / Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.

Municipalidad de Rosario   Secretaría de Cultura y Educación
Editorial Municipal de Rosario
© Museo de la Ciudad
Bv. Oroño 2300  Rosario, Santa Fe, Argentina
info@museodelaciudad.org.ar
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emr@rosario.gov.ar
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Queda hecho el depósito
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viernes, 11 de agosto de 2017

Juan Bautista Castagnino (1884-1925)





El coleccionismo profesional fue un gran protagonista de esa primera conformación de un campo cultural y artístico rosarino.

Comenzó a adquirir obras de arte en 1907, con sólo 23 años, constituyendo a partir de entonces caso paradigmático del coleccionismo rosarino. Fue un modelo para los miembros de su clase, a los que descubrió una aspiración eminentemente moderna, que no tenía antecedentes en la ciudad. Su profesionalismo se hace patente en el detallado inventario de su colección, donde dejó constancia de los mecanismos de inserción en el mercado de arte y el rol que jugaron los restauradores y especialistas internacionales en la validación de las piezas, además de sus conocimientos en materia de pintura e historia del arte.

La colección de Castagnino se conformó en dos etapas. La primera (1907-1913)
muestra su interés por el arte europeo, sobre todo por la pintura italiana del siglo XVII, preferencia en la que acaso hayan influido el origen peninsular y la actividad comercial de su familia, basada en el vínculo del puerto de Rosario con el de Génova. A través de sucesivos viajes y haciendo uso de intermediarios, Castagnino se proveyó en galerías, subastas o por compra directa de gran cantidad de obras de notable valor estético y comercial, provenientes en su mayor parte de antiguas colecciones nobiliarias.

La segunda etapa (1914-1925) estuvo determinada por las incidencias de la Primera
Guerra, que obturó el mercado de arte internacional y le restó a Castagnino la posibilidad de mantener el nivel de adquisiciones de arte europeo. Para compensar esa falta, recurrió al arte argentino y al rosarino, que aún no habían alcanzado su legitimación.

Castagnino fue el artífice de la cruzada emprendida por los coleccionistas de El Círculo y la Comisión Municipal de Bellas Artes en pro de esta nueva causa.

Como tesorero de la comisión y desempeñando otras funciones, parte de la tarea de Castagnino durante esos años consistió en estimular entre las instituciones y los particulares la donación de obras para acrecentar el patrimonio del museo, encabezando él mismo la lista junto al Club Social y El Círculo con la entrega en 1920 de la obra Shanti el Atalayero, del pintor vasco Ramón de Zubiaurre. Tiempo antes, buscando motivar las adquisiciones de obras de arte, había donado Retrato de niña, óleo de Alfredo Guido expuesto en el IV Salón de Otoño.

El crecimiento de su prestigio dentro de la Comisión Municipal lo llevó a ocupar su
presidencia de 1923 a 1925, signada por las disputas internas y el escaso apoyo de
la Municipalidad. Castagnino puso el énfasis de su gestión en la evolución del salón, la legitimación del arte producido en el país y en la ciudad, y la iniciación de los artistas y el público en la historia del arte europeo y americano. Con el propósito de “difundir el amor por la tradición y por lo bello, despertando la afición por las concepciones superiores del espíritu”, organizó en 1923 la Exposición de Arte Retrospectivo, en la que reveló su patrimonio artístico y el de sus pares, tratando de demostrar cuán lejos estaba Rosario de su señalado materialismo. En los salones de otoño, ocupó un lugar privilegiado como jurado de admisión y de premios. Dada la relevancia de los salones en la constitución del campo artístico local, sus veredictos establecían el gusto dominante.

La legitimación del arte argentino en los salones se trasladó a su colección privada. Al haber “desechado el viejo criterio criollo que consideraba todo lo nuestro como producción inferior”, Castagnino se convertía para la prensa en un “argentino moderno”. Como dijo el poeta Emilio Ortiz Grognet al despedir sus restos en el cementerio El Salvador, el 19 de julio de 1925, “el arte nuestro, el arte nacional, constituía una esperanza radiante” para él. Castagnino “no omitió sacrificios para su divulgación, le prestó siempre su generoso concurso y los artistas argentinos saben bien que la tradición de Mecenas tuvo en él una cumplida realidad”. No sólo asistió económicamente a muchos de ellos –Castagnino se cuenta entre los primeros compradores de Berni–, sino que también les abrió las puertas de su casa, mostrándoles su colección y manteniendo con ellos conversaciones estéticas.

Fuente: Ciudad de Rosario Museo de la Ciudad Editorial Municipal de Rosario Ciudad de Rosario / Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.
Municipalidad de Rosario Secretaría de Cultura y Educación
Editorial Municipal de Rosario
© Museo de la Ciudad
Bv. Oroño 2300 Rosario, Santa Fe, Argentina
info@museodelaciudad.org.ar
www.museodelaciudad.org.ar
© Editorial Municipal de Rosario
Aristóbulo del Valle y Callao
Rosario, Santa Fe, Argentina
emr@rosario.gov.ar
www.rosario.gob.ar/emr
Queda hecho el depósito
que marca la ley 11.723
ISBN 978-987-9267-73-8
CUIT 30-99900315-6
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jueves, 10 de agosto de 2017

Museo de Bellas Artes Juan B. Castagnino



Considerado el segundo museo de Bellas Artes de la Argentina después del de Buenos Aires, atesoro 3.000 obras representativas de la historia del arte. Su colección de artistas nacionales de los siglos XIX y XX incluye obras de Prilidiano Pueyrredón y Antonio Berni, entre otros grandes maestros.

EL EDIFICIO


Fue donado a la ciudad por Rosa Tiscornia de Castagnino en 1937, en memoria de su hijo Juan Bautista, un importante coleccionista de arte de principios del siglo XX. En sus dos plantas se reparten 31 salas, un auditorio y una biblioteca especializada en arte.
 
SECTOR A
 


Los cuadros del perímetro de la planta baja pertenece a una vastísima colección de arte argentino. La muestra empieza el recorrido en la primera sala a mano izquierda. Este sector reúne obras de artistas argentinos del siglo XIX y primera mitad del siglo XX

SALAS 1 A 3
Comienza en el siglo XIX y toca los inicios del siglo XX. Exhibe obras de Prilidiano Pueyrredón, Franklin Rawson, Eduardo Sívori y Eduardo Schiaffino, entre otros. Ademas, pinturas del impresionista Martín Malharro y Ramón Silva. De Fernando Fader están colgados la serie La vida de un día ( ocho telas), un autorretrato y un desnudo.

SALAS 4 A 8
Comienza con los impresionistas Manuel Musto y Augusto Schiavoni y reúne a pintores argentinos de la primera mitad del siglo XX. Emilio Pettoruti, Lino E. Spilimbergo, Antonio Berni y Raquel Forner. Termino en la sala de La Boca con Benito Quinquela Martín, Fortunato de Lacámera, Benjamín Victorica y Santiago E. Daneri.
 
SECTOR B
Seis salas con obras nacionales de la segunda mitad del siglo XX.
La sala Alberto Pedrotti exhibe obras de artistas rosarinos del Grupo Litoral, como Juan Grela, Leónidas Gambartes y Alberto Pedrotti, entre otros.

SALAS 9 A 14
Completan el recorrido por el arte argentino nombres como Guttero, Forner, Figari, Fontana, Bonevardi, Del Prete, Segui, Kemble, Linares, Medici, Nigro, Espino y Roux. Este patrimonio se conformó a lo largo de más de 60 años gracias a importantes donaciones, compras realizadas por la Fundación Castagnino y premios adquisición – cuadros premiados en concurso que luego el museo compra-de salones nacionales y municipales.
 

SECTOR C
En el espacio de la pintura europea de los siglos XV a XIX. Ocupa la sala central de la planta baja y dos salas aledañas. En 1980, le robaron a este sector un Goya y un Greco.
 
SALAS 16 A 17
Se destacan las tablas flamencas del siglo XIX , además de las telas barrocas italianas y españolas. Hay valiosas obras de los renacentistas Van Heemskerk y Jan Gossaert. Y de José de la Ribera y Luca Giordano.
También, una obra atríbuida a Goya y otras de Daubigny, Fantin Latour, Constantin troyon, Valentín de Zubiaurre, Alfred Sisley y Sorolla.
 
SECTOR D
Ubicado en el entrepiso, exhibe obras de colección de los artistas Rogelio Yrurtia, Alberto lagos, Curatella Manes, Ennio Iommi y Lucio Fontana
 
BIBLIOTECA
Especializada en artes, la biblioteca del museo cuenta con un valioso patrimonio compuesto por libros, materiales audioviales, catálogos y diversas publicaciones. Integra la lista de bibliotecas recomendadas por la UNESCO
 
Información
Dirección: Av. Pellegrini 2202 (y Br. Oroño)
Teléfono: (0341) 480-2542/43
Horarios Lunes a Viernes de 14 a 20 horas ( Martes Cerrado); sábado y domingo de 10 a 13 horasy 14 a 19 horas. Biblioteca: Lunes a Viernes de 10 a 13 y de 14 a 19 ( martes cerrado) Visitas Guiadas educación museocastagnino.org.ar
Fuente; Extraído de Guías Visuales de la Argentina del diario “Clarín” Nº 13 de 2009

A CUATRO AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

A CUATRO AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141