Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

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martes, 31 de julio de 2012

EL NUEVO SIGLO ( del tranvía)


Los avatares de la historia del tranvía se entrelazaron por fin con los últimos años del siglo, aguardando el inicio del esperado siglo XX como una posibilidad de grandes acontecimientos e indetenible progreso ciudadano. Juan Álvarez, cronista puntual y ameno, también se acuerda del tranvía al describir a la Rosario finisecular: "Mientras llega ese porvenir dichoso —escribe—, siguen metiendo ruido por las calles los tranvías a sangre, jardineras abiertas con estribos laterales y flotantes cortinas de tela listada, si para verano, cucarachas cerradas con dos largas bancas por asientos, si para invierno o tiempo de lluvia. El tráfico de vacas y caballos empuerca como los pavimentos, mas porque dentro de cierto radio de la ciudad hay servicio permanente de recolección estiércol y además noche a noche pasaran levando las estrepitosas barredoras… Rosario no es pueblo silencioso. Junto a los cascos que golpean el piso y las ruedas que rebotan, innúmeros vendedores a pie vocean sus mercancías”


Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 14 de Julio de 1991  Autor Juan Carlos Muñiz

lunes, 30 de julio de 2012

FLORENCIO SANCHEZ




Florencio Sánchez.
Caricatura de Santiago publicada por Centro Editor de América latina. Florencio Sánchez, el gran dramaturgo vio frustrarse en Rosario el estreno de "Gente honrada", cuya representación inicial anunciada en el "Politeama" (Mitre entre Córdoba y Santa Fe), impidió la policía. Cesanteados por hacer una huelga junto a Miguel Angel Correa (Mateo Booz) y otros periodistas locales, fundaron el diario "La Epoca", donde aparecieron extensos comentarios deportivos.


Florencio Sánchez se radicó en Rosario en los primeros años del siglo y trabajó en la "Refinería Argentina de Azúcar", establecimiento que daría nombre a un importante barrio del norte de la ciudad. Participó en la famosa huelga de 1901. desempeñándose como secretario de prensa del sindicato.
El célebre dramaturgo uruguayo detestaba el fútbol, jamás había estado en una cancha. En un momento determinado estaba pasándola muy mal. En el diario "La República", que contaba con su valiosa pluma, lo dejaron cesante por adherir a una huelga. Poco después, la policía frustró el estreno de "Gente honrada", que se había anunciado en el Teatro Politeama (1), de nuestra ciudad. Apesadumbrado, no opuso mayor resistencia cuando un grupo de amigos lo llevó a ver un partido de Rosario Central. A la vuelta, en la rueda bohemia del desaparecido café Siglo XX, le preguntaron a Sánchez qué le había parecido el cotejo, y respondió, "He visto a veintidós hombres grandes luchando afanosa por la conquista de un globo. Una real tontería. Pero había entre ellos un "Negro" que me maravilló..."
Ese "Negro" ya había cautivado con su estampa, su juego y su personalidad, a sabios y profanos: se llamaba Zenón Díaz y fue el primero de los grandes ídobs que lucieron la camiseta de Central.

1) Según la prolija registrackón de Wladimir C. Mikielievich, estaba ubicado en calle Progreso (hoy Mitre) entre Córdoba y Santa Fe

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 2 de abril de 1991  Autor  Andrés Bossio

LOS ARABES DE ROSARIO


Por Georgina Habelrih

La región inmigrante
'E1 problema de la inmigración es tema obligado cuando pretendemos dar cuenta del nacimiento de la Argentina moderna. Asimismo el impacto migratorio en nuestra región posee notable relevancia por lo que significó cuantitativa como cualitativamente. El desarrollo de los distintos grupos étnicos, principalmente las corrien­tes más importantes por su número -italiana y española- como otras tantas -rusa, yugoslava, judía, alemana, japonesa, etc.-, contribuyeron a la construcción identitaria de la ciudad. Rosario, portuaria y pampeana a la vez, se vincula tanto con Europa y otros continentes, como con los centros productivos agrícola-ganaderos de la región pampeana.
En este sentido, como ciudad dinámica transitó un proceso de crecimiento espontáneo y vertiginoso que protagonizaron y al cual contribuyeron los distintos grupos étnicos.
Es por ello que creo posible insertar a los inmigrantes árabes como una de las corrientes que se incorporó a la sociedad rosarina en un proceso de asimilación, que no impidió la pervivencia de las prácticas culturales de las cuales eran portadores y que como veremos se proyectaron en su nuevo lugar de residencia.
Del Oriente Medio
En los inmigrantes árabes incluimos a aquellos hombres y mujeres oriundos  de Oriente Medio,  específicamente de Siria, Líbano y Palestina. Algunos eran originarios de ciudades como Alepo, Damasco, Beirut, Homs, Hama, otros provenían de aldeas y pueblos. En una primera etapa de arribo predominaban aquellos que profesaban el cristianismo oriental, dentro de este grupo reconocemos mayoritaria-mente a los maronitas, ortodoxos y melquitas. Luego de la Primera Guerra Mundial aumentó el número de árabes de religión islámica, esto se debió al fin de la dominación turca y el comienzo de la dominación europea.
A pesar de la heterogeneidad del sujeto inmigrante árabe existe una identidad étnica, la arabidad, que es la variable que contiene y unifica las diferencias existentes al interior del grupo. Un idioma, costumbres, un espacio y una historia en común son compartidos  tanto por sirios, libaneses y palestinos, como por islámicos y cristianos que arribaron desde fines del siglo XIX. Es parte de la historia de la ciudad la inclinación de los denominados "turcos" hacia la actividad comercial. Para introducirnos en el análisis del caso de los comerciantes de origen árabe vale citar el relato de Héctor Zinni. "...En este Rosario de pobres y desconocidos, no podía faltar aquel turquito que , con el género al hombro fundó la dinastía de ricos y famosos de la calle San Luis: "Badruna, ¿queri comprar este corte de mi flor? o queri buen alcanfor para poder alejar enfermedad y dolor?. Si no hay blata, yo la fia, de beine a jabón de coco, y por si esto fuera boco, si no me puede bagar, con turco buede casar ya que por oeste estoy loco... ".
A partir de las entrevistas realizadas a lámame Cherife y Sobji Gholam, los relatos no difieren en cuanto a que los recién llegados luego de transitar por la etapa de vendedores ambulantes instalaron negocios de venta al público al por mayor en la zona céntrica de la ciudad. En éstos interpretamos que muchos de los connacionales que venían más tardíamente pasaban a ser vendedores ambulantes gracias a la mercadería que les consignaban aquellos que habían arribado en los años precedentes y habían logrado instalar un local.
Son numerables los ejemplos de familias de origen árabe en las cuales se evidencia un proceso de inserción socioeconómica, una misma esfera de actividad, formas
de acumulación como también localizaciones urbanas comunes, aunque destacamos la zona céntrica porque sustenta nuestro enfoque institucional.
El desarrollo de la sociabilidad en este grupo se inició a partir de la primera década del siglo XX, en una primera etapa las reuniones se efectuaban en las casas de familias. Los cristianos ortodoxos, según lo Exarca Michel Saba, comenzaron a reunirse en 1912/14 para celebrar la santa liturgia hasta que en 1949 se inauguró el templo ortodoxo San Jorge.
Asimismo los cristianos melquitas comenzaron a congregarse a partir de 1923 hasta la posterior construcción templo. Los islámicos comenzaron a congregarse en distintas casas hasta que se conformó la Sociedad Unión Islámica en 1932. Si bien el motor de la sociabilidad en un primer momento estaba  vinculado a la  identidad religiosa, en los años siguientes surgieron instituciones que respondían a la variable nacional, son los casos de la Sociedad Libanesa de Rosario (1929) y posteriormente el Club Social Argentino Sirio (1946).
El desarrollo institucional de la colectividad árabe de Rosario en el período 1945-?55 se encuentra íntimamente vinculado a la evolución socioeconómica de un importante y sólido grupo de familias de origen árabe dedicadas al comercio mayorista en la zona céntrica de la mencionada urbe. Como anticipamos, en esta década se inaugura el Club Social Argentino Sirio, el templo de la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa San Jorge, se conforma la Escuela Árabe de Rosario como institu­ción independiente (en sus primeros años se encontraba en la Sociedad Unión Islámica) y se constituye la Sociedad de Damas Sirias.
Vale decir que dicho florecimiento institucional responde tanto al ascenso socioeconómico del grupo como a una etapa próspera de la Argentina.
Es pertinente mencionar que esta investigación en buena medida se sustentó a partir de los testimonios de los inmigrantes árabes y sus descendientes. Qué lectura hacen de sí mismos los protagonistas de esta historia ha sido uno de los ejes que orientaron la interpretación de dichas fuentes. Cuando le preguntamos a Nelly Farcuh cómo caracterizaría al inmigrante árabe según su propia experiencia de vida -como hija y nuera de inmigrantes sirios-, expresó lo siguiente "...sabes que tiene el árabe?, que ha tenido una idiosincrasia amplia entonces al poder darse... todo lo encuentra bien y aprende, aprende porque sino aprendiera se hubiera sentido aislado...".
Sobre esta cuestión el padre Ibrahim Salameh -cura párroco de la iglesia Melkita San Jorge- manifestó que es posible considerar a los inmigrantes árabes como una etnia abierta, capaz- de asimilarse con facilidad.
Además resaltó que los árabes de nuestro país “...el árabe emigró y ya tomó la tierra como patria adoptiva, y no digo que se olvidó de aquella, pero empezó a formar aquí su hogar real, su familia misma, y el otro refiriéndose a su tierra natal-(pasó a ser) objeto de amor y cariño, de sentimiento
Finalmente, a pesar de las distancias culturales la apertura de una sociedad acrisolada más la predisposición de los inmigrantes árabes a ser asimilados en ella condujo a una efectiva integración de los conocidos como "turcos" en el espacio público de la ciudad. Ambos contribuyeron en la construcción de canales de comunicación en los que tanto las instituciones de la colectividad árabe como personajes relevantes de las mismas tuvieron un rol protagónico. 1

* Profesora
1 En esta nueva etapa Siria y Líbano estaban bajo el protectorado francés y Palestina bajo el protectorado británico R. Marín Guzmán; "Las causas de la emigración libanesa durante el siglo XIX y principios del siglo XX. Un estudio de historia económica y social", en Estudios de Asia y África, n" 101, México, sep-díc. de 1996. " Lingiardi, G.-Habelrih, G.; "Inserción de los inmigrantes árabes y sus descendientes en la sociedad rosarina desde los espacios institucionales (1945-1955)**, Rosario, año 2002. Mimeo. Escuela de Historia. Facultad de Humanidades y Artes. UNR. !H. Zinni; "Un Rosario de pobres y desconocidos", La Capital, II10/98. 4 lámame es hija de inmigrantes sirios islámicos, es Profesora y traductora de idioma árabe y conduce la enseñanza del idioma en la Escuela Árabe de Rosario desde sus comienzos (1945). Entrevista n° 6, Rosario, marzo de 2002.
5SobjÍ es de nacionalidad siria, proveniente de la ciudad de Alepo, arribó a Rosario a mediados de los años '20. Fue un destacado comerciante de calle San Luis y sobresalió en la colectividad por su labor en la parroquia Melquita San Jorge como en otras actividades culturales que trascendían esta institución. Entrevista nD 2, Rosario, abril de 1999. 6 Me refiero al comercio mayorista de calle San Luis. Lingiardi, G.-Habelrih, G., op. Cit.,p.45.
7Ex. M. Saba; Hombres para la historia, s/d.,p.3.
*Sito en Italia 1143/45 hasta la actualidad. sSito en Moreno 1020. "Lingiardi.G.-Habelrih, G.;op. Cit., P. 52 "Entrevista n° 5, Nelly Farcuh de David. Rosario, febrero de 2002. Nelly ocupó la secretaria de la Sociedad de Damas Sirias desde su conformación.
Entrevista n° 1; Rvdo. P. Ibrahim Salameh, p. 7. Rosario, junio de 1999.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia . Fascículo N• 35 de Octubre de 2005

miércoles, 25 de julio de 2012

CLUB TIRO SUIZO



 
Por Oscar Delgado
Un grupo de ciudadanos integrantes de la Colectividad Helvética -del Cantón Ticino- se reunieron el 15 de septiembre de 1889 para decidir sobre la creación de una institución de tiro que llevaría el nombre de Tiro Suizo Unión Liberal Ticinense en Rosario.
Su primer polígono para ejercicio del tiro al blanco, estuvo ubicado en las afueras de la ciudad sobre las barrancas del río Paraná, en lo que se denominaba Puerto del Saladillo. Aquellas instalaciones fueron levantadas sobre un terreno donado por el señor Manuel Arijón. Entre los fundadores de aquella época podemos citar a los señores Emilio Canova, Alejandro Máspoli y Carlos Barrioni, entre otros. El 3 de septiembre de 1894 quedó conformada su actual denominación: Sociedad Tiro Suizo Rosario de Santa Fe. Por esa época se adquirió un terreno de 40.000m", en el barrio Sarmiento, prolonga­ción de la calle San Martín, camino al Saladillo. El nuevo stand se construyó en la calle Lamadrid y cortada Raffo, inaugurándose sus instalaciones el 19 de agosto de 1895. Como se recordará por nuestra historia, era un paraje desolado, escaso de tranvías de la empresa Arijón y carruajes que llegaban hasta las afueras de la ciudad. Un caserío raleado estaba cerca de lo que era la Quinta de Mendieta y sus vecinos debían proveerse de agua del único pozo habilitado, al igual que la estafeta postal que estaba ubicada en el stand de Tiro Suizo. Hoy un pujante y emprendedor barrio rodea sus instalaciones, que con orgullo le diera su nombre.
Al entrar al club nos recibe un arco de triunfo que mide 8,70 metros de altura y da su frente al Pasaje Raffo 5120. La ornamentación comprende los escudos argentino y suizo, y sobre ellos está la estatua de la Libertad de 3 metros de altura. Sobre la actividad madre de la sociedad en 1902 el gobierno de la provincia de Santa Fe dispuso por decreto y sancionó con fuerza de ley la creación del premio "Copa de Honor", a ser disputado en el Campeonato Anual todos los 12 de octubre, con fusil Mauser entre las sociedades existentes en el territorio de la provincia. El Tiro Suizo tiene la custodia del mismo desde 1973, último año en que se disputó.
De aquella época se recuerdan apellidos de destacados tiradores como: Papis, Mesa, Olmos, De Cleene y Logiúdice, entre otros. Actualmente en el Polígono del club se desarrollan distintas disciplinas como por ejemplo: tiro defensa, tiro al ciervo, fusil Mauser y otros tiros de escuela como carabina, pistola y revólver de diversos calibres. La entidad que dirige el señor Julio Bouquet también posee vastas instalaciones para el esparcimiento de sus asociados: cuenta con pileta de natación y actividades como: el fútbol, básquet. tenis, bochas, gimnasia artística y modeladora, handball, kung-fu, patín artístico, natación, voley y paddle.
Para la actividad del tiro posee un polígono de 20 líneas para arma corta; otro de tiro rápido, también uno para arma larga de grueso calibre de 10 líneas y de 150m. La vida social se puede completar con el servicio de bufete, salones para reuniones y mesas de camping junto a parrilleros para el esparcimiento a los más de 1.500 asocia­dos que posee la institución.



TRAYECTORIA
Duran se inicia en el año '92 y en el '94 ingresa en competencias representando a su club. Obtuvo por 5 años consecutivos el 1o y 2o puesto en fino y grueso calibre en el LAM (Liceo Aeronáutico Militar). También es ganador de la modalidad FBI en el Tiro Federal de Rosario y obtuvo por cuatro años consecutivos la Copa Centenario, es decir que el cetro quedó definitivamente en su poder

NO GASTAN PÓLVORA
EN CHIMANGOS
Fieles a su costumbre, los suizos no derrochan. Es por ello que su principal actividad está "custodiada" y resguardada por un equipo que conduce el Director de tiro señor Oscar Ducan. Encargado de entrenar y dirigir a un equipo altamente calificado cada hombre a su cargo, recibe un adiestramiento que formará parte de su vida disciplinada. Sentirá respeto por el arma, como por su posible y circunstancial oponente. El equipo práctico que dirige Ducan está integrado por: Eduardo Isso, Pablo Rabera, Roberto Camino, Rubén Gallo, Ariel Latorre, Cristian Welkens, Ricardo Brachetta y Claudio Duran.


DONDE PONE EL OJO, PONE LA BALA
Con este axioma quiero destacar la certeza que posee un eximio tirador de ese grupo, Claudio Duran  que como dicen en el club: "Cuando compite, se alza con todos los premios". Doy fe de ello, pues invitado en varias oportunidades al certamen de tiro en el Liceo Militar de Funes, por los señores Repiso y por nuestro querido y recordado Nicolás Lavinia, a cargo del CTPAN, con motivo de la celebración del Día del Periodista; me ha tocado competir con este tirador, representante de Tiro Suizo, y en mi caso representar al programa "Cebollitas", de Radio 2. Duran, es un caballero dentro y fuera del polígono. Además, es dable destacar en las competencias su prestancia, posición y definición respecto al tiro que lo mantiene inalterable como su pulso, en casi unl00% de efectividad

Fuente: extraído de la revista “Rosario, su Historia . Fascículo N• 39 de Marzo de 2006

viernes, 20 de julio de 2012

EL PASEO DEL BULEVAR


Por Rafael Ielpi
Pero así como calle Córdoba era el paseo vespertino obligado, las "tardes del Bulevar" congregaban también a las familias conocidas, y por el actual Bvard. Oroño traqueteaban entonces, entre 1900 y 1920, los carruajes de la época -con caballos lustrosos, enjaezados para la ocasión-, y las señoras vestidas con profusión de vestidos, muselinas, sombrillas y sombreros de pluma, mientras la banda de policía amenizaba ese ajetreo social con música adecuada a ese disentido clima de recreación. Del que el resto de la ciudad -la incipiente clase media, las clases populares-eran espectadores entre asombrados y divertidos, según el caso.
No faltan testimonios valiosos sobre la costumbre del paseo por el bulevar, que culminaba en el Parque Independencia que concretaría el tesonero intendente Luis Lamas: "Cuando el paseo ha transcurrido durante una hora, los peatones ocupan las mesitas de la confitería del Parque, ese bello lugar en el que cómodamente observamos todo lo que pasa a nuestro alrededor. Entre sorbo y sorbo de los deliciosos refrescos, se inicia entre ellos y ellas un flirt de miradas incendiarias", se entusiasma una crónica de "Monos y Monadas"
Aquel bulevar elegido por la clase alta para construir sus residencias ha­bía tenido origen en un proyecto del siglo XIX, que en 1887 determinaba la iniciación de las obras de construcción ele dos bulevares y una plaza de cuatro manzanas en la intersección de los mismos: el Bvard. Santafesino, luego Oroño, y el Bvard. Argentino, que nunca se convertiría en tal y resultaría la actual Avda. Pellegrini. por el medio de la que corrían entonces las vías del Ferrocarril Oeste Santafesino, reemplazadas luego por las vías del tranvía, y la Plaza Independencia, que sería englobada por el parque homónimo en 1902.
Aquella concurrida vía, imaginada a semejanza de las francesas, en un proyecto que tenía como referencias ideales al Bois de Boulogne y los Campos Elíseos, iba a ser pronto integrada a otras cuatro, cada vez más alejadas del centro (los bulevares 27 de Febrero, Seguí, Avellaneda y Timbúes, después Avenida Francia), constituyendo la traza de los que se llamarían bulevares de ronda, que delimitarían la cada vez más notoria expansión territorial del Rosario de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Aquellos corsos bisemanales, pero especialmente el del domingo, eran en esencia la gran recreación social de las familias distinguidas: una versión con tracción a sangre de la "vuelta del perro", que tenía como destino final, antes de 1902, la zona del bulevar Santafesino, que incluía la entonces Plaza Independencia y, luego de ese año, al Parque. Allí recalaba el tropel de carruajes -a los que se sumarían luego los primeros automóviles, tan ruidosos como estrafalarios- y se arracimaban los grupos de curiosos, para quienes observar y comentar lo que veían era también un esperado esparcimiento semanal, mientras eran a su vez contemplados por las señoras y caballeros desde sus vehículos. No faltaba tampoco la policía, con sus atuendos de gala, todo en un clima casi parisino, con mucho de impresionista.
 El francés Jules Huret, que estuvo en la ciudad en esos años, lo describe muy bien: "Los vigilantes, jinetes en soberbios caballos, se dirigen al trote hacia el parque nuevo, donde se aglomera la procesión de carruajes. Estos dan una o dos vueltas por la avenida central y luego van a colocarse a través de la amplia vía, deteniéndose como en un punto  de parada: los que están dentro, ven pasar a los demás..."
En el inicio del siglo, antes de la construcción del Parque, ya la zona tenía su atractivo para los rosarinos de todas las clases sociales: el primitivo Jardín Zoológico, inaugurado el 6 de enero de 1900.
El proyecto del intendente Lamas se uniría al poco tiempo a su otro sueño visionario: un paseo público que fuera orgullo de la ciudad.
Lamas tuvo que embestir contra prejuicios urbanísticos e intereses creados, que le negaron primero la expropiación de los terrenos necesarios para el parque, lo que lo obligó a promulgar una ordenanza que obtuvo rápidamente el respaldo de una ley provincial y permitió sumar a las cuatro manzanas originales que ocupaba la Plaza Independencia otros lotes que, en conjunto, conforman el actual trazado.
Don Luis se dio el gusto de inaugurar lo que bien podía considerar "su" parque el ls de enero de 1902, a las ocho y media de la noche, en el marco de lo que quiso ser (y lo fue de verdad) una fiesta popular, presidida por ese hombre delgado, de apariencia delicada y extrema urbanidad que era el intendente rosarino. Desde los barrios más alejados, aprovechando los tramways que extendían su recorrido hasta el nuevo paseo; llegando en coches de plaza, en carros, en tilburys, como se podía, gentes de los barrios de la ciudad, de los entonces pueblitos suburbanos, se acercaban curiosas para asistir a una celebración inusual que festejaba un hecho también inédito: el nacimiento de un parque que -aunque ellos no podían sospecharlo- se convertiría con el paso del tiempo en uno de los símbolos de la ciudad, más allá de la desidia de muchos intendentes posteriores y de los propios rosarinos, poco afectos a preservar su patrimonio.
El mismo año se llevaría a cabo la primera Exposición Rural, en el predio cedido a la Sociedad Rural dentro del parque, y se concretaría la primera "Fiesta del árbol", que Lamas instituyera como aliciente para la forestación del nuevo paseo pero también de la ciudad toda. Durante la construcción del parque, los rosarinos asistieron absortos al incesante trajinar de obreros y operarios, empeñados en generar movimientos de tierra en la excavación del lago artificial, que sería una de las atracciones, y para la erección de la Montañita, que identificaría al lugar desde gran distancia. En esas tareas trabajarían, seguramente de no muy buen grado, los presos de la vecina cárcel rosarina.
Antes y después de la inauguración del paseo, el ir y venir de carruajes y familias los domingos por el bulevar tenía otros alicientes de cuando en cuando, como los llamados corsos de flores, especie de melancólica reminiscencia de costumbres cortesanas en una ciudad sin blasones nobiliarios. Esos juegos ocupaban sobre todo a los jóvenes de ambos sexos, para los que ese entrecruzamiento de flores arrojadas desde un vehículo a otro, de un carruaje a la vereda o desde un balcón, tenía significados más profundos e inquietantes.
En realidad, para la extensión espacial y el número de habitantes, el Rosario de esos primeros años del siglo podía darse el gusto de encontrar excusas bastante frecuentes para la reunión social de la clase distinguida, desde la inauguración de alguna de las mansiones que se hacían construir para residencia de las familias adineradas, a casamientos, viajes, tertulias o beneficios, además de los banquetes, los tés y las recreaciones de las clases populares.
Los domingos eran, además, día de salida de todos los rosarinos, sin distinción de clases. Cada uno con su atuendo, cada uno con sus posibilidades económicas, desde las familias burguesas a los grupos familiares de obreros y empleados; para algunos, un espectáculo lleno de dinamismo y bullicio, para otros, la visión de un día como todos...
Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

viernes, 13 de julio de 2012

CALLE CÓRDOBA: LA VIDRIERA


Por Rafael Ielpi

La construcción del Parque Independencia, con su lago y la Montañita, iba a significar mucho para la vida de los rosarinos de las primeras dos décadas del siglo, desde su inauguración en 1902 convirtiéndose en el punto de arribo de uno de los dos paseos predilectos de las familias distinguidas al comienzo, y del resto de los rosarinos después, primero como espectadores del desfile de carruajes y atuendos, y luego como bulliciosos participantes de ese corso semanal que tenía como escenario al bulevar llamado Santafesino (luego Oroño). El otro paseo consabido, que iniciaba el recorrido, era el que tenía como vía a la calle Córdoba, la calle tradicional.
 En los primeros años del siglo, el breve tramo que iba desde Comercio (Laprida) en la esquina de la Plaza 25 de Mayo hasta Entre Ríos, se convertía en una especie de larga pasarela por la que desfilaban, a la tarde, los grupos de mujeres -casadas y solteras, jóvenes y no tanto- haciendo la cotidiana recorrida por vidrieras y, de paso, ejerciendo el cotorreo social inevitable. Esa necesidad impuesta por la costumbre que era el obligado  rendez vous de la que podría llamarse, con evidente licencia, la "aristocracia" rosarina, por calle Córdoba, asemejaba a ésta, pese a las dife­rencias, a la porteña Florida, donde ocurría algo semejante
Un cronista escudado en el seudónimo de Conde Danilo escribe en la revista "Rosario Industrial" en los años del Centenario: "Ni la fina garúa invernal ni los días del ardoroso estío privan a los habitantes de ese citado paseo vespertino. Y son las 5 de la tarde en los días fríos y los caballeros se ubican en diferentes sitios que llamaríamos estratégicos..." Estos eran varios, a lo largo del recorrido: los zaguanes del Club de Residentes Extranjeros, en su amplia sede de Córdoba y Maipú; la confitería La Perla, enfrente del anterior; la tienda Gath y Chaves, la Casa Zamboni, James Smart y otros apostaderos
A las mujeres, por el papel mismo que les asignaba la sociedad, les quedaba una cierta pasividad entre pudorosa y rígida expuesta a las miradas, la admiración o el deseo (reprimido, por lo demás) de los hombres de su misma clase social. "Nuestras damas recorren las calzadas principales deleitando su vista y sus gustos en las lujosas vidrieras de tiendas, mercerías, mueblerías o joyerías. La calle bulle en tanto como una colmena colosal, y las damas pasean en coche, en automóvil o sencillamente a pie", consigna Danilo en su crónica. El final no deja de tener su decadente encanto: "Cuando las sombras de la noche han envuelto con su tul oscuro el mundo, los focos de luz eléctrica y los mecheros de gas parpadean con sus pestañas luminosas. Ese desfile triunfal termina y el sexo fuerte, el sexo feo, acude a los bares y confiterías para paladear los cocktails y los vermuts. Son las 7 de la tarde y las hermosas calzadas de la calle Córdoba están casi desiertas".
Los domingos, el paseo por la calle tradicional no era menos concurrido. "Monos y Monadas", ya pasado el fervor del Centenario, lo describe con precisión: "La calle Córdoba, eminentemente aristocrática, constituye en esos días el punto obligado de la elegante sociedad. Nuestras espirituales rosarinas, con ese dejo de distinción que las caracteriza, dan la nota de un refinado sprit. El agradable conjunto que se nos ofrece es por demás seductor". Semejante descripción justificaba el interés masculino por no quedar afuera de esa atractiva escenografía dominguera. "Los leones, como garridos faunos, esperan en la esquina el desfile de las ninfas que pa­san saturando el ambiente con el perfume de su belleza", lo que sumaba otro toqueteo mental a tanta mujer en movimiento...
La misa dominical en la Catedral era otra ceremonia donde se filtraban connotaciones sociales ajenas a la liturgia religiosa. La misma revista señala que "la misa de 11 es característica: aristocrática por excelencia y de rigurosa etiqueta". Las fotografías dan fe de ello: señoras y señoritas de largos y complicados atuendos a la moda, y lo que el epígrafe de una de esa tomas llama "un grupo de tiburones esperando la salida de la concurrencia femenina", integrado no por estibadores del puerto ni por gandules desocupados sino por representantes masculinos de la misma extracción social que las creyentes y devotas damas.

La misa dominical en la Catedral era otra ceremonia donde se filtraban connotaciones sociales ajenas a la liturgia religiosa. La misma revista señala que "la misa de 11 es característica: aristocrática por excelencia y de rigurosa etiqueta". Las fotografías dan fe de ello: señoras y señoritas de largos y complicados atuendos a la moda, y lo que el epígrafe de una de esa tomas llama "un grupo de tiburones esperando la salida de la concurrencia femenina", integrado no por estibadores del puerto ni por gandules desocupados sino por representantes masculinos  de la misma extracción social que las creyentes y devotas damas.
Aquel asedio masculino, que respetaba sin  embargo todas las convenciones de la época, cuya transgresión podía ser vista como un agravio o una ofensa al honor del apellido o de la familia, era visible asimismo en los paseos de calle Córdoba, sobre todo para quienes llegaban de afuera. En 1915, "Caras y Caretas", en nota titulada "Las barras de la calle Córdoba", consigna: "Una de las notas características del Rosario lo constituyen sus mujeres; las rosarinas son famosas por su belleza: tienen una distinción especial que las destaca: son elegantes, graciosas, alegres. Al anochecer, los hombres se sitúan en puntos estratégicos para verlas pasar. Las barras de hombres forman en Córdoba y San Martín las huestes masculinas del amor, emboscadas noblemente y al acecho de una mujercita que comparta para siempre los triunfos y los pesares..."
Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

jueves, 12 de julio de 2012

BAILES, RETRETAS Y OTROS PLACERES


Por Rafael Ielpi
En el Rosario del 900, la vida social estaba constreñida a las módicas posibilidades con que las familias de cierto prestigio social -lo-% grado más por los depósitos bancarios que por el abolengo genealógico, como se ha visto- aprovechaban para exteriorizar, fuera e incluso dentro del ámbito estricto de sus residencias y mansiones, los usos y costumbres que demandaban la cortesía, la urbanidad y la sociabilidad de la época, hechas de cierta dosis de rebuscamiento y de una paralela cuota de frivolidad.
Una de esas posibilidades estaba dada por la música: con la excusa de un concierto, de una retreta de las bandas habituales, de una tertulia, hombres y mujeres de las clases más acomodadas se encontraban con cierta regularidad, a veces semanalmente, otras más de una vez, y en esas veladas se daban cuenta unos a otros de las novedades sociales del Rosario, de viajeros, modas, estrenos teatrales y chismes.
En enero de 1900, por ejemplo, "La Capital" comenta los conciertos nocturnos de las confiterías Los Dos Chinos, de San Martín y Rioja, y La Perla, en Córdoba esquina Maipú, presenciados por un nutrido auditorio, "con el triple propósito de escuchar buena música, tomar fresco y beberse alguna copa", cosas que la sociabilidad no prohibía, y cita asimismo el concierto semanal que el Club Fénix brinda a sus asociados. Esta institución, absorbida luego por el Jockey Club, sería junto al elitista Club Social el ámbito elegido por la sociedad rosarina de finales del siglo pasado e inicios de éste, y respondería a sus gustos y expectativas en materia de vida social.
El Club Social, en Córdoba al 1100, en los altos de la casa de banquetes de Mercer, había sido fundado en enero de 1873 y fue en su origen, y por mucho tiempo, un reducto de difícil acceso para quien no estuviera en la nómina de los apellidos "de pro". En 1911, por ejemplo, conservaba incólume la estrictez de sus reglas de ingreso, con sólo 330 socios. Su presidente de entonces, Fermín Lejarza, se ufanaba en "Monos y Monadas": "Nunca hemos abierto mucho la mano. Somos celosos mantenedores del criterio implantado por los socios que fundaron el Club..."
Más allá de sus concurridos bailes y veladas sociales, el Club servía para que los hombres de la poderosa burguesía se reunieran a jugar a las cartas, a compartir copas, a leer el diario o dormir la siesta, a la manera de los clubes británicos, de los que sin duda había copiado bastante. Viejas fotografías permiten apreciar el "toque inglés" del Club Social, con sus salones    Recepción del club s< espejados, sus sillones y muebles de estilo, su sala de lectura: toda una escenografía hoy recargada pero que entonces se tenía como paradigma del buen gusto.
En realidad, tanto éste como el posterior Jockey Club rosarino intentaron, mientras pudieron, mantener la condición de reductos exclusivos para los de su clase, como el que ostentaban ya desde las tres últimas décadas del siglo XIX algunas instituciones porteñas similares como el Club del Progreso o el Club del Orden santafesino. No les sería fácil: la señalada carencia de un patriciado local hacía que todos los que de un modo u otro habían amasado cierta fortuna creyeran tener el mismo o parecido derecho a ser admitidos y a compartir el privilegio de contarse entre los socios de esas entidades.
En todo caso, el ansia de figuración era legítima para cada uno de ellos -fueran grandes almaceneros, importadores, propietarios rurales o afortunados especuladores en el rubro inmobiliario-, al contrario de lo ocurrido en la sociedad porteña. en la que era casi imposible que pudiera colarse alguno de esos "burgueses adinerados", a los que Lucio V. López describe "con pantalón en forma de caño y botines de brasileño guarango". Toda una apología de la discriminación social.
Mientras tanto, las crónicas de revistas como La Idea, dedicáis da a comentar la vida social de la ciudad, describían los bailes de los sábados del Club Social, entre 1900 y 1910 con pinceladas como éstas: "El ambiente no podía ser mejor: la orquesta con sus valses, las reprimidas risas juveniles, los cuchicheos amorosos, las galantes frases sueltas, los giros rápidos del baile, el gozo íntimo de los organizadores y concurrentes, habían puesto en el ambiente un no sé qué de entusiasmo arrebatador. Algo que incitaba al baile, a la felicidad, al amor..."
Los bailes eran, por cierto, en esas primeras décadas, ocasión para que las muchachas (no importaba que se tratara de señoritas con portación de apellidos, en este caso) tuvieran ocasión de entablar si no una relación en el sentido actual, por lo menos el inocente flirteo que era lo máximo que les permitían los códigos morales imperantes. El baile y su práctica serían en realidad otra exteriorización más de los cambios que poco a poco iban a modificar costumbres y modas en el mundo, y por supuesto, entre los rosarinos.
La ceremoniosidad, el engolamiento, y tal vez la hipocresía de las danzas antiguas iban a dejar paso, por ejemplo, a la posibilidad, que muchos entendían como hasta pecaminosa o poco menos, de que hombres y mujeres tuvieran un contacto físico que -pese a lo módico- no dejaba de introducir un elemento perturbador para quienes no habían tenido hasta entonces esa experiencia, por lo menos en público. Es que las represiones familia- I res, aquellos códigos morales que encerraban su no | ' poco falsía, tenían enorme gravitación en ese aspecto, el de las relaciones entre hombres y mujeres, en una sociedad en la que la mujer era por un lado relegada y, por el otro, entronizada.
La importancia de la figura femenina, idealizada por lo general, adulada en versos y palabras rebuscadas, estaba presente en ese sector social y con mayor ingenuidad en los otros, y no extraña por ello que la mayor parte de las revistas entre 1900 y 1920 dedicaran un espacio especial, cuando no una sección, a "las bellas del Rosario", casi siempre para presentarlas como bibelots de vitrina, y que divinas, gentiles, tiernas, fueran adjetivos usuales en álbumes y dedicatorias.
Dos ejemplos del libro "Perfiles", donde hay semblanzas de damas distinguidas escritas por muchos de los hombres de la sociedad, sirven como muestra. Una dedicada a Teresa Sugasti: "Paso a la reina de la belleza, paso a la princesa de las lindas, a la virgen divina que brilla en forma de lucero en la tarde...", y otra a Elena Sohn: "Hay mórbido encanto y soberano enigma en su persona y en su anclar gracia ondulante y delicada. Se la ve pasar con aire de cisne..." O un poemita que acompaña la fotografía de Carola Machado Doncel en "Monos y Monadas": "De la flora de bellezas rosarinas/ es flor pura de bucólica fragancia/ y se viste con la clásica elegancia/ de una esbelta parisina". Un escueto muestrario de la banalidad de la época.
Aquellas señoras tenían en la servidumbre una aliada para aliviar las tareas de la casa y poder dedicarse a la vida social. Lo hacían las nodrizas o amas de leche, requeridas por familias notorias; mujeres jóvenes o relativamente jóvenes en su mayoría, que tenían una demanda permanente en los primeros años del siglo y hasta los inicios de la década del 20. No eran pocos los avisos vinculados al tema en los diarios rosarinos de entonces: "Se desea una buena ama de leche, joven y robusta. Se paga buen sueldo reuniendo las condiciones deseadas. Bvard. Santafesino (hoy Oroño) esquina Rioja" (1900). "Ama de leche española se ofrece: leche de 15 días, fresca y abundante, de 23 años. Dirigirse frente a la Estación Súnchales" (1912).
Similar entusiasmo despertaba en mu­chas madres la leche de burra, ofertada en esos mismos años como preciado alimento. En 1911, puede leerse en "La Capital": "Se vende leche de burra muy buena y a todas horas. Tambo de Sebastián Elorza, en 25 de Diciembre al 900" o "Se vende burra lechera con cría. Ver y tratar, ocurrir a Bvard.Oroño 334". Ofertas que se reiterarían durante mucho tiempo, lo que indica la aceptación de una bebida hoy decididamente desechada.
Las señoras de la sociedad se empeñaban asimismo en la búsqueda de aquellas mujeres que bajo el cargo de gobernantas pudieran encargarse del cuidado y hasta de parte de la educación de sus hijos pequeños, desobligándolas de una tarea como ésa, que muchas veces era obstáculo para el ejercicio de la vida social, la salida al teatro o la beneficencia. En este caso, la nacionalidad no era un detalle, si se tienen en cuenta avisos como éste -de 1917- que anunciaba: "Señorita francesa se ofrece como gobernanta de niños o señorita de compañía. Por carta a A.H.V. a este diario". U otro de 1911: "Mucama de comedor, extranjera, con preferencia inglesa, se necesita. Bvard. Oroño 1165, buen sueldo", en una dirección que señalaba, seguramente, a una de las grandes residencias construidas sobre el tradicional paseo rosarino.
Mientras tanto, las retretas, animadas por las bandas de los cuerpos de seguridad casi siempre, formaban parte de las costumbres rosarinas del siglo XIX que se man­tendrían en el actual. Las plazas, en especial la Santa Rosa, la Plaza López, la Plaza San Martín y la céntrica Plaza 25 de Mayo se convertían en escenarios abiertos para esos conciertos de las tardes, aptos para un auditorio familiar y para la antigua ceremonia de la vuelta del perro alrededor del paseo público. En las tardes calurosas del verano, los sones de aquellas bandas integradas sobre todo por músicos inmigrantes, que tocaban marchas, mazurcas, valses y arias triunfales, se escuchaban desde lejos en una ciudad casi sin ruidos...
Una pincelada periodística de esos años señala con toques de humor que saliendo del centro variaba un tanto la condición del público asistente a las retretas: "La banda de música de la policía distribuye sus acordes en las plazas rosarinas por riguroso turno. Cada plaza, según el día, se convierte en centro de reunión y centro de resfríos. Nunca va sola la banda a cada plaza: la sigue la obligada banda civil. Afiladores, piropeadores, viejos verdes y pescadores de suspiros. Hay pues dos bandas en acción: una que toca por piezas y otras que está hasta las últimas horas sin tocar nada positivamente..."
La Plaza 25 de Mayo, por su parte, servía de ámbito para otras actividades donde lo social también tenía su lugar: la tradicional procesión presidida por la imagen de la Virgen del Rosario, los festejos de las fiestas patrias, el espectáculo dominguero de la salida de misa de la Catedral. La costumbre de la retreta iba a perdurar mucho tiempo en la ciudad y en los años iniciales del siglo se practicaba incluso en los pueblos vecinos, que luego serían sus barrios, como el de Alberdi, a las que concurrían -señalan las crónicas- hombres y mujeres de apellido ilustre, que tenían sus residencias en esa villa veraniega de entonces, como los Puccio, Agneta, Carbonell, Tiscornia, Rouillón, Paganini, Alliau, Escauriza, etc.

Fuente: Extraído de la colección  “Vida Cotidiana – Rosario ( 1900-1930) Editada por diario la “La Capital

miércoles, 11 de julio de 2012

CAMPEON ARGENTINO


El 1º de agosto de 1914 estalla la Primera Guerra Mundial. En Europa varios países se lanzan a la mayor carnicería humana conocida hasta entonces. La repercusión es inmediata para la economía argentina pues se paraliza el comercio exterior de carnes y granos, y se suspende la importación de productos manufacturados.
Precisamente, el censo nacional de ese año demuéstrala dependencia hacia estos sectores productivos controlados por los ingleses: en el país habitan casi 8 millones de personas, y hay 26 millones de cabezas vacunas y 43 millones de cabezas ovinas. Es decir, más de 3 vacas y 5 ovejas por argentino.
En Rosario y en la región ya se advierten las consecuencias del modelo que enriquece a pocos y empobrece a muchos. Para confrontar con esta realidad se habían creado en 1912 la Federación Agraria Argentina y la Federación Obrera Ferrocarrilera que reunía a personal de tráfico y talleres, o sea, el núcleo donde había nacido y crecido Rosario Central. La guerra de Europa profundizaba la grave crisis argentina a la que en Rosario las luchas gremiales intentaban hacerle frente. Mientras, el fútbol seguía. Nuevamente unido, al menos en las formas.
Con su retorno a la Liga Rosarina, Central eslabonó una cadena de conquistas que lo ubicaron en un nivel de superioridad en la ciudad pero que además lo llevaron a obtener el título de campeón argentino en una final con Racing en Buenos Aires.
La década del 10 constituyó una época de oro para Central. Tras ser campeón e invicto en el 14, repitió ambas consagraciones en el 15 y 16. Fue campeón aunque no invicto en el 17 y reiteró la doble fórmula en el 19. En esos años también ganó varias Copas -Honor y Competencia- y se posicionó en el fútbol nacional, hizo conocer el virtuosismo del fútbol rosarino en Buenos Aires.
La guerra en Europa había provocado un éxodo de inmigrantes, esencialmente británicos, que regresaron a sus tierras para combatir o estar cerca de sus familias en la difícil hora que vivían.
Esto acentuó la tendencia que en algunos clubes se venía observando: eran mayoría los apellidos criollos, italianos y españoles, sobre los británicos. Y Central se construía  en un ejemplo de este proceso que tema las bases en su origen popular.
En Buenos Aires sucedía algo similar con el Racing Club. De cuna inglesa pero con una rápida transformación terminó ganando siete campeonatos seguidos desde 1913, récord nunca igualado. En ese lapso los futbolistas ingleses apenas eran dos, o a veces tres. Osvaldo Bayer, en "Fútbol Argentino", dice que Racing será "la primera máquina" de nuestro fútbol y que "su maquinista se llama Carlos Olazar, el primer caudillo del pasto porteño".
Estas vidas paralelas de Central y Racing se tradujeron en dos históricas finales por la Copa Ibarguren, trofeo instituido por el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación doctor Carlos Ibarguren para ser disputada anualmente entre los campeones de Buenos Aires y Rosario.
En la primera jugada el 6 de diciembre del 14 en Palermo, en la cancha de la Sociedad Hípica Argentina, y con una persistente garúa que cayó durante los noventa minutos, venció Racing 1 a 0.
El juego tuvo mucha movilidad, fue equilibrado aunque avanzó más Racing que logró el único gol luego que Marcovecchio recibiera un pase de Perinetti y derrotara a Serapio Acosta.
La final del año siguiente, de 1915, debió efectuarse en los primeros días del 16. Palermo volvió a ser el escenario. Nuevamente se enfrentaban los campeones de Buenos Aires y Rosario, y mis allá de que el trofeo llevara el nombre de su donante -el ministro de Justicia-, para la afición futbolística representaba ya el partido del que surgía el mejor equipo del país, el campeón argentino.
Rosario Central venía de realizar una campaña excepcional. Había ganado el torneo rosarino por la Copa Vila con 104 goles a favor y sólo 4 en contra en 20 encuentros, demostrativo de su potencial ofensivo y el equilibrio defensivo. A Newell's lo había dejado en el camino en los dos partidos con el mismo resultado: 6 a 0.
Y    en la final empezó ganando Central con un gol de Laiolo, reemplazante de Harry Hayes. Enseguida llegó el empate a través de Vivaldo. El partido terminó 1 a 1 y hubo que ir a un alargue de 15 minutos cada uno. En el segundo de los complementarios Laiolo y el wing izquierdo Woodward le dieron la victoria a Central por 3 a 1.
La hazaña fue en Buenos Aires. Los diarios capitalinos hablaron al día siguiente de la belleza del fútbol auriazul, de la forma en que los rosarinos tenían la pelota en sus pies y superaban al poderoso Racing Club de Olazar, Hospital y Perinetti.
Pocos apellidos de origen inglés se notaban en los dos equipos, prueba de que la transformación social del fútbol continuaba tanto en Buenos Aires como en el interior. El equipo campeón de Central alineó a Moyano; Zenón Díaz e Ignacio Rota; Rigotti, Eduardo Blanco y Perazzo; Barbieri, Antonio Blanco, Laiolo, Ennis Hayes y Alfredo Woodward. La inmigración española e italiana le había ganado espacios futboleros a la inglesa.
Nuevamente hubo fiesta en barrio Talleres. Y en otros. Es que los seguidores de Central ya no sólo provenían de los "suburbios del norte" sino de otras zonas populares de la ciudad que se encolumnaban detrás de ese transgresor exponente del fútbol.
Los títulos de campeón siguieron siendo la recompensa para esa gente humilde que compartía las alegrías futboleras con las penas de su realidad social y económica, en el marco de una lucha obrera con huelgas y represiones. Al igual que lo eran en los barrios obreros de Avellaneda o Barracas para los seguidores del Racing Club, que formaban parte de los sectores del trabajo que pedían reivindicaciones y participaban, por ejemplo, de las 80 huelgas que debió afrontar en su primer año de gobierno -1917- el presidente radical Hipólito Yrigoyen, y de la Semana Trágica de 1919.
Paradójicamente, en una década de profundos conflictos sociales estos postergados sectores encontraban un bálsamo en las satisfacciones domingueras que les brindaban sus equipos de fútbol. Porque para Racing y Central fue una década triunfal.
Fue así que por la seguidilla de siete campeonatos, a Racing se lo bautizó como la "Academia". Fue en Buenos Aires.
Y    en esa historia de vidas paralelas no pasó mucho tiempo para que también Central, en Rosario, se fuese conviniendo en la "Academia".

Fuente: Artículo Publicado en el libro “ De Rosario y de Central , Autor: Jorge Brisaboa  Impreso en Noviembre 1996 por la Editorial Homo Sapiens.