Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

A 34 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 34 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 34 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
se conmenora por aniversario del fallecimiento de Negro Fontanarossa

HOMENAJE A NEGRO FONTANAROSSA

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HOMENAJE A FONTANARROSA

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martes, 19 de marzo de 2013

STAFFIERI, DAVID (1891-1970) Médicos Rosarino


Aventura con objeto y sentido


Fue médico, científico y docente de enormes méritos y justo renombre nacional e internacional, pero siendo mucho eso, no lo fue todo. Es que junto con todo ello, el doctor David Staffieri sobresalió como un humanista integral, se diría que renacentista, que hizo del hombre, con sus complejidades y circun­tancia, centro de su interés permanente.

Nacido aquí el 5 de noviembre de 1891, se graduó a los 24 años con medalla de oro y diploma de honor en Buenos Aires. Entre 1922 y 1946 dictó clínica médica en Rosario, siendo delegado al Consejo Superior Universitario de 1936 a 1940, decano en 1940 y vicerrector de la UNL en 1945. Junto con otros profesores, tuvo que alejarse de la cátedra. Después de 1955 desistió de retornar a la docencia, pues no quería concursar con quienes habían sido sus discípulos. Fue médico y/o directivo de la Asistencia Pública, los hospitales Italiano y Centenario, y el Consejo de Higiene. Miembro de sociedades científicas locales, nacionales y extranjeras, autor de numerosos artículos y libros de medicina y otros temas, dictó cursos y conferencias en Uruguay, Santiago de Chile, París, Turín y Roma. Con Bernardo Houssay y Egidio Mazzei redactó el capítulo "La medicina en la Argentina" de la famosa publicación "La semanine des hopitaux", de París.
En 1968 la fatalidad le asestó un duro golpe del que no se repuso nunca. Fue a raíz de la muerte accidental de su hijo Juan José (48 años), de quien se sentía muy orgulloso pues, siguiendo sus pasos, ocupaba por concurso la titularidad de Clínica Médica (su cátedra) y era miembro titular de la Academia Nacional de Medica (como él). Precisamente a ese hijo cuando quería ser doctor, le había dedicado en 1938 "El médico que hubiera deseado ser". El artículo muestra sin cortapisas la sobresaliente personalidad humanista de autor. Imposible vencer tentación de la cita. "Quisiera que fueses un poco sabio, un poco un artista, un pe un héroe, un poco un santo. Que todo eso necesita tener el médico que sueño, el medie que desde Hipócrates ha vivido mucho en el ensueño y poco en la realidad. He opuesto el ideal muy alto, donde tal vez no haya esperanza del alcanzarlo. Pero eso ya lo sé, hijo mío. No creas que me fue] muy doloroso verte a mucha distancia de la meta anhelada. Lo que sería para mí una tortura infinita es que no te alentara el deseo de alcanzarla. Si ese ideal vive en ti, él te empujará, él te elevará y tu vida será una conquista y una ascensión, no importa a lenta y laboriosa, no importa! si al final quedas por debajo del ensueño, muy lejos de la meta. Por débiles que sean tus alas, por precario que sea tu progreso, por bajo que te sientas, no renuncies nunca al sagrado afán de ser cada día un poco mejor. Lo que importa es que] tu esfuerzo sea sincero y porfiado, que no ceda nunca. Que de otro modo, hijo mío. la vida te parecería aventura sin objeta y sin sentido".
Con 79 años, el maestro Staffieri murió el 28 de abril de 1970.

Fuente.: Extraído de la Revista del diario “La Capital” 140 años – (1867-2007)

martes, 12 de marzo de 2013

VILA ORTIZ, RUBÉN. (1871 – 1941) MÉDICOS ROSARINOS


Confianza en el progreso

Pediatra y puericultor de reconocido mérito, fue también un gran humanista y un incansable difusor de la cultura. EL Círculo surgió de su iniciativa.

Por Luis Etcheverry

Nacido en Córdoba (1871), apenas egresado como médico en la Universidad de Buenos Aires el doctor Rubén Vila Ortiz se radicó en Rosario. Pediatra y puericultor de fuste en una época en que la especialidad tenía conspicuos exponentes, los libros que dedicó al tema -varios reeditados- resultaron para los círculos científicos elementos de reconocido valor. Tales los casos de "La crianza del niño", "La alimentación del niño", "La enseñanza de la puericultura", "El gran problema: la enseñanza de la puericultura en las escuelas", con prólogo de Lucio V. Mansilla, "Por la salud del niño", ídem del doctor Gregorio Aráoz Alfaro, y "Los comedores escolares". Pero su interés médico no se ciñó excluyentemente a su especialidad. Poseedor de un espíritu inquieto y una clara conciencia social, impregnado del positivismo de la época, fue también agudo observador de la realidad, condición que lo impulsó a escribir trabajos como "Algunas consideraciones sobre profilaxis antituberculosa" y "Cómo debe encararse la lucha antituberculosa". Ni qué hablar de sus innumerables artículos volcados en revistas médicas de nuestro país y Francia, tanto sobre temas de su especialidad como sobre la organización hospitalaria y la difteria, sífilis (en sus diversas variantes y consecuencias), meningitis, nefritis y otras enfermedades.

Pero indagar sapientemente en la medicina no le resultó suficiente. Vila Ortiz también centró su interés en la filosofía, el humanismo y la cultura en general. De esa inquietud y su vasta erudición clásica y moderna nacieron reconocidos títulos de prosa clara y austera como "Breves reflexiones sobre grandes problemas", con prólogo del famoso astrónomo Martín Gil, su amigo; "Cultura y ética**. "La vida y la muerte", "Dinamita para el espíritu","Humanismo" y "Reflexiones”. Incluso,. siempre apasionado por el arte y la cultura, dedicó un libro a promover el embellecimiento urbano de la Capital Federal, al que tituló "Cuestiones edilicias".
En Rosario Vila Ortiz desarrolló además una importante e infatigable acción en favor de la difusión de la cultura, que pretendía acercar a cada vez más vastos sectores. Creía, y no podía ser de otra manera vista su posición filosófica, en la ilustración como acicate del progreso individual y colectivo de todos. A su idea y poder organizativo se deben, entre otras realizaciones, el nacimiento en 1912 del Círculo de la Biblioteca o El Círculo, como se la conoce ahora. Igual que otros autores, Juan Álvarez le reconoce en "Historia de Rosario" la indiscutible condición de "fundador" de esa prestigiosa entidad cultural, la más emblemática e de la ciudad, a la cual se le debe, gracias a la generosidad de rosarinos notables, el rescate de esa joya arquitectónica que es el edificio de La Ópera. Una sala de dicho teatro recuerda con justicia al doctor Rubén Vila Ortiz, muerto soltero a los 69 años, en Buenos Aires, el 10 de septiembre de 1940. Está sepultado en El Salvador de nuestra ciudad.

Fuente.: Extraído de la Revista del diario “La Capital” 140 años – (1867-2007)

martes, 5 de marzo de 2013

ANTECEDENTES DE CREACIÓN DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO.


La Universidad Nacional de Rosario reconoce sus primeros antecedentes de creación en 1910, cuando se formó la "Comisión Pro Creación del Hospital del Centenario y de la Escuela de Medicina", cuyo propósito era presentar un proyecto de conmemoración del Centenario argentino vinculado a la promoción de la ciencia.
Sin duda, esta elección señala la preocupación de la sociedad rosarina, acorde con los intereses de la época, de contribuir al crecimiento del país a través de la educación y la cultura. En la fundamentación del proyecto se argumentaba que existían en la ciudad recursos humanos para la cobertura de cátedras y también potenciales alumnos; además, se remarcaba la necesidad de crear el Hospital del Centenario para dar cuenta de las demandas de salud de la población no sólo de la ciudad de Rosario sino también su zona de influencia y se proponía como fuente de financiamiento el aporte privado para la construcción de los edificios necesarios. El proyecto comenzó a ejecutarse en terrenos cedidos por la municipalidad, en la manzana delimitada por las calles Santa Fe, Urquiza, Vera Mujica y Suipacha y comenzó a funcionar a partir de 1920, en el seno de la recientemente creada Universidad Nacional del Litoral.
Hacia el mes mayo de 1913 Juan Alvarez, un intelectual ilustre de la ciudad, propuso un proyecto de ley para crear una Universidad nacional en Rosario ya que, pese a no ser la capital provincial, tenía una población superior a las de otras ciudades del país cuando se crearon sus Universidades. Asimismo, las instituciones educativas radicadas en la ciudad estaban desorganizadas o dispersas, problema que se resolvería con la creación de una institución que las nucleara a todas, permitiendo no sólo la optimización de recursos financieros, sino también la programación conjunta de actividades. Por otro lado, el crecimiento de la ciudad y su identidad se verían favorecidos del mismo modo que en su momento las Universidades habían logrado resaltar las ciudades de Córdoba y La Plata. En ellas Alvarez reconocía, además, antecedentes valiosos para su proyecto, a los que suma los siguientes: el proyecto presentado por el Senador Nacional Joaquín V. González de crear una Universidad Politécnica; el del Diputado Nacional Lisandro de la Torre para crear la Escuela Libre de Medicina, el del Ingeniero Julio Laporte para crear la Facultad de Ingeniería, el del Diputado Nacional Dr. Rafael Castillo para crear Universidades nacionales en las ciudades de Tucumán y Mendoza, el del Senador Provincial Luis V. González para crear la Facultad de Medicina dependiente de la Universidad de Santa Fe, en aquella época todavía bajo el gobierno provincial.
Apenas un año más tarde, el 25 de mayo de 1914, se creó la Universidad Nacional de Tucumán, a cuya inauguración asistió el Presidente de la Universidad Nacional de la Plata, Joaquín V. González. Su discurso nos permite ingresar al contexto en que se desenvolvía la creación de nuevas Universidades: se declaraba opositor de quienes sostenían la necesidad de ampliar la cobertura de la escolaridad primaria, abogaba por el fortalecimiento de la educación superior, y asumía como principio que los gobiernos deben estar en manos “educadas”. En el trasfondo de estos argumentos, se discutía si la educación debía ser un instrumento para homogeneizar una sociedad sin identidad política y cultural ampliando la base de cobertura, o si debía fortalecer la formación de los futuros elegidos para el desempeño del gobierno. Se razonaba a favor, y a contrapelo, de la democratización de la educación, confrontando o adhiriendo a los modelos elitistas propios del positivismo anterior y contemporáneo del Centenario (Terán,1986).
La importancia que se le atribuye a la creación de una Universidad nacional en el ejido urbano de Rosario, se refleja en la disposición de transferir al dominio de la nueva Universidad: la “Biblioteca Argentina”; el Hospital del Centenario y la Escuela de Medicina; el Colegio Nacional del Rosario y su edificio ubicado entre las calles Necochea, Chacabuco, 3 de febrero y 9 de julio; la manzana donada por la municipalidad con fecha del 25 de abril de 1913 ubicada entre las calles Av. Pellegrini, Montevideo, Ayacucho y Colón; la Escuela Industrial de Rosario con todos sus talleres; los edificios propiedad del Estado Nacional que no estuviesen en funcionamiento al momento de la promulgación de la ley; la Escuela de Agricultura de Casilda y el edificio de la Jefatura Política que el gobierno de la provincia estaría por dejar vacante.
Un año antes, el 24 de julio de 1912, Joaquín V. González visitó la ciudad con motivo de la inauguración de la Biblioteca Argentina y en su discurso promueve un Proyecto de Ley de Creación de la Universidad Nacional de Rosario, que apenas difiere del Proyecto presentado por Alvarez en el número de institutos que la integrarían, agregando las ciencias humanas y sociales. La relevancia del proyecto concebido se pone en evidencia cuando, en el acto referido líneas arriba, explica la importancia de la creación de una Universidad desde la cual se orienten las lecturas del público potencial de la Biblioteca Argentina, el establecimiento de una ruta que impida la dispersión del autodidactismo. La educación tiene una función rectora en la formación de ciudadanos con capacidad para ejercer los derechos políticos, necesariamente incorporados al circuito formal para garantizar el éxito de los gobiernos e, incluso, de la democracia de la época, en proceso de legitimación.
En su pensamiento resuenan ecos del positivismo del siglo XIX, cuando se postulaba la constitución de élites de saber para el ejercicio de los cargos públicos, contradiciendo el carácter igualatorio de los nuevos proyectos educativos.
La Ley Sáenz Peña, que habilitó el sufragio universal –con exclusión de mujeres e inmigrantes- cerró un período de fraude electoral e incrementó, al legitimar los mecanismos de elección, la representatividad del voto, afianzando uno de los pilares de los sistemas democráticos de gobierno. Pero entonces, el reclamo de los intelectuales como élites o clases pensantes de las cuales saldrían los “elegidos de la masa para las funciones de gobierno”, diría J. V. González, sufrirá una dura confrontación ante el ascenso de las clases menos instruidas, que llevaron a la presidencia a Hipólito Yrigoyen.
La Universidad, sus formas de gobierno y sus modelos pedagógicos, serían cuestionados por las explosiones de la Reforma Universitaria de 1918. Regímenes de estudio más flexibles, revalorización de la formación no institucionalizada, cambios en la composición de los gobiernos con participación de los estudiantes, permiten comprender el surgimiento de un nuevo actor social: los jóvenes.
En el clima, entonces, de la Reforma Universitaria, las demandas de los ciudadanos “sobresalientes” de la ciudad de Rosario, que habían creado la Comisión Pro Hospital del Centenario y de la escuela de Medicina, más las aspiraciones de intelectuales locales como las de Juan y Clemente Alvarez encuentran satisfacción.
Aún cuando la ciudad deba esperar varias décadas para una Universidad que lleve su nombre, se aprueba la Ley 10 861 creando finalmente la Universidad de Nacional del Litoral. Luego de que los proyectos de creación de la Universidad Nacional de Rosario no prosperaran, se resolvió optar por la nacionalización de la Universidad de Santa Fe, otorgándole un carácter regional. En las discusiones parlamentarias para la aprobación de esta Universidad, los estudiantes asumieron un rol preponderante, impulsando su creación en el Congreso de Estudiantes de Córdoba y a través de las actividades coordinadas con los centros de estudiantes de otras Universidades. Contó, también, con el apoyo de la Comisión de Bachilleres Pro- Facultad de Medicina de la ciudad de Rosario, quienes se plegaron a la demanda de resolución de conflicto para la aprobación de la Ley de Creación de la Universidad Nacional del Litoral, vinculado al reconocimiento automático de los títulos otorgados con carácter provincial, en el ámbito de la Nación. Finalmente quedó constituida por los siguientes institutos:
1              􀂾Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (sede en Santa Fe)
2              􀂾Facultad de Química Industrial y Agricultura (sede Santa Fe)
3              􀂾Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos menores (sede Rosario)
4              􀂾Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico- Químicas y Naturales Aplicadas a la Industria (Sede Rosario)
5              􀂾Facultad de Ciencias Económicas y Políticas (sede Rosario}
6              􀂾Facultad de Ciencias Económicas y Educacionales (sede Paraná)
7              􀂾Facultad de Agricultura, Ganadería e Industrias Afines (sede Corrientes)

Aunque la Ley de Creación es del año 1919, la primera sesión del Consejo Superior de la flamante Universidad no se realizó sino hasta mayo de 1922 cuando, presidido por el Rector Dr. Benjamín Abalos, dio inicio a las actividades. Su elección había sido a propuesta del Poder Ejecutivo, en cumplimiento de la ley que establecía que por primera vez, y única, el Rector sería designado por Poder Ejecutivo hasta tanto la Universidad estableciera sus procedimientos para la selección y cobertura de cargos; en el mismo sentido, la ley establecía que la Universidad Nacional del Litoral se rigiera por el Estatuto de la Universidad de Buenos Aires, hasta tanto se diera sus propios estatutos y reglamentos. Sin embargo los primeros conflictos estallaron poco tiempo después: para septiembre de ese mismo año, el Consejo Directivo y el Decano de la Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos Menores, Dr. Araya, tomaron medidas disciplinarias contra un grupo de estudiantes que habían generado disturbios en el ámbito del Consejo Directivo. Cuando el Consejo Superior de la Universidad decidió revocar esta decisión –luego de sesiones extraordinarias, marchas y contramarchas-, la Facultad sintió vulnerada su autonomía. El conflicto de autoridades entre la Facultad y el Consejo Superior llevó directamente a la intervención de la Universidad por parte del Poder Ejecutivo. Al retomar la vida democrática después de unos meses, y por lo que puede leerse en las memorias del interventor (período 1928-1930), la Universidad Nacional del Litoral no terminó de ordenar sus estatutos sino hasta más adelante. Pero para entonces, el segundo conflicto en la Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos menores ya había estallado con motivo de la instauración definitiva de un turno de exámenes; en julio los estudiantes habían iniciado una huelga y las autoridades clausuraron la Facultad. El conflicto se dirimió en términos de una nueva intervención –en virtud de que nuevamente el Consejo Directivo y el decano desconocieron las competencias para ingerir en el conflicto del Consejo Superior-, esta vez más prolongada, que revisó y revocó algunas de las modificaciones hechas al Estatuto de la Universidad Nacional de Buenos Aires por el Consejo Superior. En las memorias del interventor, se presentan los problemas de orden financiero de las gestiones anteriores y se abordan aspectos académicos como la sustanciación de concursos en todas las carreras, las modificaciones de planes de estudio y la flexibilización de los requisitos de titulación para el ingreso. Además se continuaron las obras edilicias emprendidas durante el gobierno anterior en todas las sedes y se crea el Departamento de Extensión Universitaria radicado en Rosario, cuyo Presidente fue Juan Alvarez. Esta estructura, con gobierno y presupuesto propio, tenía como misión organizar cursos, conferencias y publicaciones orientadas, sobre todo en el primer momento, a los obreros de la zona. Reemplazaba una estructura anterior, compuesta por el Museo Social, la Extensión Universitaria y la llamada Universidad Popular de Rosario, dedicada a la implementación de procesos de formación en el ámbito laboral. La importancia de las actividades en la ciudad de Rosario y la creación de una organización por fuera de las Facultades, abría nuevas puertas a la separación de las unidades académicas de la sede Rosario.
Lo que importa actualmente rescatar de aquellos conflictos es una explicación para signar el origen de nuestra Universidad. Sin hacer referencia al período 1910 – 1930, sin considerar la importancia y el consenso generado en torno a su creación ya antes de la Reforma Universitaria, sin interrogarnos sobre las razones que hicieron que en 1914 se creara efectivamente la Universidad Nacional de Tucumán -en tanto que la de Rosario no, aún cuando formaban parte de un mismo Proyecto de Ley- no entenderemos su creación definitiva en el año 1968. Es preciso recuperar los antecedentes que le dieron origen en las demandas de una ciudad de inmigrantes, que buscaba el ascenso social de sus clases menos pudientes a través de la educación y la legitimación social de las clases altas en la posesión de sus saberes, y en la cual confluían los deseos democratizantes y desarcaizantes de la Reforma con los sistemas más cerrados y retrógrados de la transmisión del conocimiento. La creación de la Universidad Nacional de Rosario, no es obra de un acto administrativo, sino de los compromisos ético-políticos de intelectuales, docentes, alumnos, egresados e instituciones abocadas a la producción cultural. Las divergencias y convergencias entre los distintos actores y en diferentes períodos históricos, no son sino una confirmación de su carácter “emergente” de las demandas de la sociedad. 

Fuente: reseña de histórica de UNR


A TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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