Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

A 34 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 34 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 34 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
se conmenora por aniversario del fallecimiento de Negro Fontanarossa

HOMENAJE A NEGRO FONTANAROSSA

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HOMENAJE A FONTANARROSA

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viernes, 28 de junio de 2013

ART NOUVEAU ROSARINO


En general, la arquitectura rosarina de todos los tiempos casi nunca se presentó en "estado quí­micamente puro". Los estilos siem­pre han estado teñidos de ciertos toques eclécticos o extraños a los mismos, con reiterados acentos localistas derivados principalmen­te de reinterpretaciones concep­tuales alejadas de los centros de gestación, del recambio de mate­riales y técnicas constructivas. Por esta misma causa, "lo rosarino" a su vez ha tomado una idiosincracia propia, que lejos de quitarle valor la inserta desde otra zaga en el deve­nir histórico-urbano. Una condición distintiva de gran parte de nuestra arquitectura es el trabajar proyectualmente para la fachada. Rosa­rio sin que la afirmación pretenda ser inamovible, es una ciudad de fachadas. Son innumerables los frentes deslumbrantes -en cual­quier estilo- que traspuesta la línea de edificación dan lugar a interio­res mucho más contenidos, neu­tros en ciertos aspectos, o con acentos muy puntuales respecto del discurso exterior.
En el Art Nouveau, ello se paten­tiza en forma especial, ya que sin proponer modificiaciones estruc­turales en plantas y concepciones generales de edificios, se utilizan sus elementos con sentido directa­mente decorativo, cuya influencia se lee fundamentalmente en fachadas afectadas a mezclas de todo tipo, a cambios de uso en elemen­tos propios del estilo, con variantes de una solución a otra en el empleo de barandas, rejas, revestimientos, solución de balcones, marquesinas y detalles decorativos en general.
La guía sobre Art Nouveau edita­da por el Centro de Arquitectos, afirma textualmente: "...resulta di­fícil agrupar según un estilo domi­nante, siguiendo las clasificacio­nes europeas del Art Nouveau en arquitectura: aquí la variedad es enorme como así también las mez­clas (...) construcciones presentan conjuntos híbridos, con aberturas redondas, elementos de hojas y flores de cerámicos rojos y blancos, y elementos academicistas en re­mates de balcones de novedoso movimiento (...) proliferaron las fa­chadas de diversos estilos, sin esti­lo, y los clásicos pastiches a que se recurría para salvar el deseo mani­fiesto del comitente de diferenciar­se claramente del vecino". Como se ve, una actitud netamente facha-dística, de volcar el ingenio sobre lo que está a la vista pública. El in­terior, pertenece a la intimidad de cada uno...
Como apretada ilustración de lo que se afirma, es conveniente seña­lar algunos hitos del estilo en la ciudad, como la vivienda de Pte. Roca 455 de Conrado Nalé, el frente de Entre Ríos 368 de Amador Soler con su voluminoso, potente y ex­traño balcón cerrado proyectándose hacia el espacio de la calle, o la construcción de Rioja 1260 con su combinación de balcones en "loggia" y ricas barandas metálicas y aber­turas de madera respondiendo a la expresión general.
En Rosario se hizo inteligente uso del revesti­miento de frentes con azulejos multicolores que remiten a escenas de tipo naturalista y contrapuntos lineales de sus componentes como son el caso de los tres paneles del primer piso en Mitre 431, o los bellos paños florales de Montevideo 1037 o Corrientes 927 de Virgili y Cisa. Pero quizás sea en el interior de los viejos prostíbulos de Pichin­cha o en la intimidad de los acoge­dores zaguanes familiares disemi­nados por la ciudad, en donde se pueda gozar de la belleza y variedad de los azulejos Art Nouveau, casi siempre fabricados en Inglaterra.
En cuanto a un ejemplo de cómo la tipología de frente italianizante es renovado con la aplicación deco­rativa de los "latigazos" combina­dos con motivos florales, quizás el más acabado se encuentre en La-prida 841, o en el grupo escultórico que articula la esquina de Co-mentes y Santa Fe, en la antigua sede del Jockey Club, luego "Hotel Roma", hoy sometido a trabajos de reciclaje, con respecto de la casi totalidad de su fachada original.
El ya citado Gaetano Rezzara, aporta también la vivienda de Ur­quiza 1285 (hoy oficinas), con in­teresante juego de motivos del es­tilo en su fachada. En Rosario se hizo inteligente uso del revesti­miento de frentes con azulejos multicolores que remiten a escenas de tipo naturalista y contrapuntos lineales de sus componentes como son el caso de los tres paneles del primer piso en Mitre 431, o los bellos paños florales de Montevideo 1037 o Corrientes 927 de Virgili y Cisa. Pero quizás sea en el interior de los viejos prostíbulos de Pichin­cha o en la intimidad de los acoge­dores zaguanes familiares disemi­nados por la ciudad, en donde se pueda gozar de la belleza y variedad de los azulejos Art Nouveau, casi siempre fabricados en Inglaterra.
En cuanto a un ejemplo de cómo la tipología de frente italianizante es renovado con la aplicación deco­rativa de los "latigazos" combina­dos con motivos florales, quizás el más acabado se encuentre en Laprida 841, o en el grupo escultórico que articula la esquina de Corrientes y Santa Fe, en la antigua sede del Jockey Club, luego "Hotel Roma", hoy sometido a trabajos de reciclaje, con respecto de la casi totalidad de su fachada original.
También detectando bellos ros­tros femeninos insertados compo­sitivamente en frentes donde el estilo está presente puntualmente sólo por ellos, como el caso de la esquina noreste de Corrientes y Catamarca. Otros elementos aisla­dos dan cuenta de la presencia del estilo: el picaporte o la boca para cartas de alguna puerta exterior, una puerta cancel, alguna baranda solitaria, los azulejos del baño o la cocina...
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23 .  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci

jueves, 27 de junio de 2013

EL TIEMPO DE LO FRANCES


La ciudad tuvo un importante periodo volcado al gusto por lo academicista francés, auge que signa el comienzo del siglo XX y que toma un punto de enlace aproxi­mado con los últimos diez años del S. XIX y la construcción del puerto moderno con inauguración de los trabajos en 1902, por la empresa francesa Hersent e Hijos. Se ha destacado la incidencia e impor­tancia del puerto en el florecimiento de la planta urbana respecto de la cantidad y calidad de edificios que la poblaron paulatinamente dejan­do un sello indeleble, por suerte aún de mucho peso y reconocible por el caminante de la ciudad, a pesar de las desapariciones casi irracionales producidas por la fie­bre especuladora inmobiliaria de las décadas del 60, 70 y parte del 80.
Como bien lo destacan Gutiérrez-Viñuales "... el surgimiento de la arquitectura del academicismo francés, había predominado níti­damente en Buenos Aires, donde los sectores de la oligarquía ten-a­teniendo, habían adherido a la po­lítica de la élite del 80 basada en la confluencia del aporte económico británico, la formación cultural francesa y la mano de obra italiana y española. El hecho de que llegue a Rosario (lo francés) con veinte años de retraso, debemos atribuirlo por un lado al inevitable efecto de mimetización de las burguesías del interior, es decir que es una acep­tación meramente superficial. Quizás el elemento esencial debe buscarse en el hecho de que el Rosario cosmopolita carecía de una oligarquía tradicional que pudiera apoyarse en un aparato cultural francés, y que más aún, aceptara y deseara vivir a lo francés, tal cual sucedía con la élite porteña". De una manera u otra, clientes engolo­sinados por estar a la moda de "lo que ocurra en Buenos Aires", más que por su adhesión a "lo francés", desearon su cuota borbónica en el palacete privado, o un petit hotel que recordara un rincón de algún boulevard parisino. Así también florecieron negocios y estableci­mientos variados con igual tenden­cia. Este período, antecedente cro­nológico inmediato del Art-Nouveau, cuenta con el concurso de importantes arquitectos y dise­ñadores formados en la Ecole de Beaux Arts francesa y dejó hitos que no logran la contundencia y brillo de sus similares porteños. pero constituyen referentes inevi­tables en el patrimonio rosarino. Un ejemplo está en la ya citada esquina de Córdoba y Corrientes, con dos casas de rentas que arman la intersección con indudable maestría: el academicismo francés está presente en "La Agrícola" del Arq. Collivadino (1908) y en "La Inmobiliaria" de Buschiazzo (1910), mostrando la escala urbana de los emprendimientos del momento.
Emilio Hugué, también académi­co formado en Europa, sitúa sabia­mente en la esquina de Sarmiento y San Lorenzo, el edificio del ex-Banco Francés del Río de la Plata que con su remate en cúpula, de­termina el carácter de la esquina, haciendo de verdadera "rótula", en el punto en donde el trazado de San Lorenzo hace un desvío que se ob­serva claramente en el plano de la ciudad.
Lisandro de la Torre, junto a otras personalidades, integra para la ce­lebración del Centenario una comi­sión encargada de convocar nada menos que a un concurso interna­cional para dotar a la ciudad de un hospital de avanzada. Así nace el "Hospital del Centenario" debido al francés Rene Barba, que decide establecerse en Rosario para su­pervisar el proyecto que actual­mente sigue prestando un inesti­mable servicio, aunque con el fren­te histórico sobre calle Urquiza desaparecido, a raíz de importan­tes trabajos de ampliación en la década del 70-80.
De mucha importancia dentro de la tendencia francesa son las obras realizadas por Alejandro Cristophersen en Rosario, destacándose la salvedad de Gutiérrez-Viñuelas sobre: "... la superación del rigor normativo, que va adecuando di­versas respuestas, por un lado proponiendo una relativa libertad formal y ornamental que lo emparentan tenuemente con el art-nouveau y por el otro disecando casi la propuesta académica, don­de su mayor mérito radica en las proporciones y la escala". Referen­tes de lo expresado, son la mansión que proyecta para la familia Pinasco en Córdoba e Italia (actualmente ocupada por la Universidad Nacio­nal de Rosario) y la vivienda en Pje. Juan Alvarez frente a Plaza Pringles que hoy cobija a la Delegación Rosario reconoce un periodo tar­dío-francés, que involucra en la década del 30 a los edificios de la Aduana y del Correo Central reali­zados por los equipos del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, el ex-Banco Municipal de Préstamos en Sarmiento al 1400 hoy destina­do a dependencias militares con Importantes modificaciones, y a varias casas de rentas debidas en­tre otros a Juan Durand y Emilio Maissonave, como el ubicado en Córdoba y Laprida, esquina sur­oeste.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23 .  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci

martes, 25 de junio de 2013

EL MOMENTO ITALIANO


Exigencias clasificatorias, lle­van a elegir un título determinado, sin perjuicio que en el mismo riñón del período considerado se avizo­ren mezclas aparentemente con­tradictorias, aunque el énfasis de lo que se realiza en el momento consi­derado lleve una marca definitiva por características de obras impor­tantes, participación de decisión de la ciudad.
Desde muy temprano, el siglo XIX mostró inclinación general ha­cia lo italianizante en Rosario, que fue más ostensible en la segunda mitad y especialmente en las últi­mas décadas.
Este lapso confluye hacia la uni­ficación del país, el nacimiento del modelo liberal que desplazaría "lo italiano" y la necesidad de dotar al territorio de infraestructura que consultara a la organización y diera apoyo a las decisiones de gobierno.
 Aparecen los FF.CC, puertos, y en ciudades como la nuestra se realizan aperturas de boulevares, ornamentación de plazas y paseos públicos, instalación masiva de luz eléctrica y puesta de líneas de transporte público.
Lo italiano, ha quedado parte en la memoria a través de desaparicio­nes: depósitos aduaneros de San­tiago Danuzio (1856), el monumen­to a la Constitución en Plaza 25 de Mayo de Demetrio Isola (1855), también autor del Mercado Sud (luego, con otro edificio mayor lla­mado Central). El monumento es reemplazado en 1882 por un grupo escultórico debido a Alejandro Biggi.
Hacia 1850, se tiene el nuevo Teatro "La Esperanza", con facha­das netamente italianizantes y uno de los primeros relojes públicos en la torre de la Iglesia Matriz, debido a Juan Barbagelatta.
El genovés Nicolás Grondona, hacia 1858, levanta un plano urba­no y dibujos complementarios que ilustran sobre la tendencia de la ciudad por circunscribirse a una altura uniforme de edificación pro­pia de los cánones peninsulares, profusión de pretiles en azoteas, marcado uso del arco de medio punto, cornisamentos complicados de impacto volumétrico, umbrales de mármol, elementos propios de la arquitectura clásica griega con motivos dóricos y corintios, todo en méritos a lograr un cierto orden monumental.
En los años 60 se suma el Colegio del Huerto y la Jefatura Política hoy está allí el Correo Central- con atributos de una arquitectura ita­liana para la época.
Avanzada la década de los 70, Juan Bautista Arnaldi tiene a su cargo el proyecto de la nueva Iglesia Matriz (actual Catedral, hoy con algunos cambios realizados en los años 20 del presente siglo, espe­cialmente el ingreso principal y el remate de sus torres y Cúpula cen­tral.
Gaetano Rezzara es padre de otra "solución a la italiana", en el edifi­cio histórico de nuestra Municipa­lidad (1896), sumando a su obra el desaparecido Teatro "Politeama" (en un edificio de este siglo, funciona hoy allí la Fundación "Héctor I. As tengo").
Completan la pléyade de diseña­dores italianos, aquellos que deja­ron verdaderos mojones en la ciu­dad. Italo Méliga, autor del Hotel Italia (1890) -hoy rectorado de la Universidad local con reformas de importancia en su parte posterior-levanta también en 1896 el Palacio Castagnino de Maipú y San Juan que incluye frescos de Salvador Zaino en su interior, siendo tam­bién suyo el desaparecido Palacio Pinasco de Córdoba y Oroño.
Juan Bosco, asociado en esta úl­tima obra con Méliga, es autor de la mítica "Casa de Comas" (desapare­cida al comenzarse las obras del Monumento, estaba en la esquina de Av. Belgrano y Santa Fe, con su interesante planteo aterrazado as­cendente como solución atípica de la esquina, así como su otra obra para la Logia Masónica Unión de Laprida al 1000) .
Un ítalo-suizo, constructor de valía, fue autor de varios edificios notables en su acto constructivo El "Hotel Savoy". "La Bola de Nieve", la sede de la importadora "Máspoli y Chiesa" y su famoso mirador (desaparecido), y varias residencias privadas, se debieron al  avezado de Alejandro Máspoli
Felipe Censi, un particular artista turinés, llega a Rosario en 1889 con su titulo de Ingeniero -Arquitecto y deja también obras de valor como su propia residencia en San ta Fe y Entre Ríos (hoy en pie con su extraña cúpula color verde de base elíptica, única en la ciudad). El actual Obispado en Córdoba y España, la antigua Bolsa de Comercio de San Lorenzo al 1000 (desaparecida), el Hospital Español de Sarmiento y Gaboto y el conjunto de viviendas de Maipú al 1500 con uso de un monumental pasillo central a cielo abierto, nacieron en su table­ro. necesaria para atender a la gran arquitectura y cuya acción abarcó hasta casi la década del 70 de nues­tro siglo en algunos casos, fijan los apellidos de Candia, Ferrarese, Micheletti, Isella, Taiana, Pascuale y otros en el origen italiano.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23 .  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci

lunes, 17 de junio de 2013

MOMENTOS ARQUITECTONICOS


Repetidas veces, el caminante de Rosario se pregunta sobre cómo identificar un estilo arquitectónico, buscando desentrañar una expre­sión urbana para la ciudad, en los limites de una característica visual determinada.
Deberá compenetrarse profun­damente con el medio en su condi­ción de ciudadano y a través del íntimo conocimiento del cuerpo construido, descifrar las distintas lecturas posibles y llegar a un en­cuentro satisfactorio de la necesi­dad que cada uno haga nacer para sí, en medio de las escenografías urbanas que Rosario ofrece.
Hay ciudades que han incorpora­do como algo inseparable, aspectos urbanos que denotan así su propia idiosincracia, uniendo a su nombre aquel rasgo construido que deviene en emblema distintivo del lugar: los puentes de París, Roma "la eterna", Nueva York "la ciudad de los rasca­cielos", Buenos Aires anida en la garganta de Gardel y es "la reina del
Plata" según lo afirma el tango, a la vez que centinela de la puerta que el río homónimo concreta geográfi­camente.
Las ciudades no responden gene­ralmente a un solo rasgo que las distinga, a pesar de lo expresado. Rosario, ciudad aluvional si las hay, es un compendio ecléctico capaz de someterse a diversas lecturas. Quien no esté advertido sobre las características de los variados esti­los que integran la piel de la ciudad, deberá primero comprender la aparente confusión generada por una mezcla más o menos incon­trolada de expresiones construi­das, no generadas en un aquí y ahora determinados y supeditadas a la marcha del tiempo y sus conse­cuencias.
Una población integrada en un crisol de razas, materializa su en­torno arquitectónico según actos expresivos, donde pesan singular­mente los momentos económicos y los vaivenes que marcan para siempre al cuerpo urbano.
En la cuadricula española apa­rentemente infinita y abierta, los hombres y la historia han volcado su imaginación -o la falta de ella- y las nacionalidades y sus tradicio­nes han expresado su propia idio­sincracia, a lo que se suman los dictados estéticos desde los cen­tros de la moda y el poder.
Con todo esto y algunas cosas más, se ha conformado nuestro ambiente ciudadano. Oriol Bohigas, coautor del Parque de España, en sus primeras visitas a la ciudad, confesó estar convencido que "lo que salva a algunas ciudades de su aburrimiento, es el eclecticismo"... En el choque a veces brutal de lenguajes y formas pueden encon­trarse oposiciones de significación, constructoras de una característi­ca ciudadana.
Al ser Rosario una ciudad joven, la clasificación y catalogación de su patrimonio puede ayudar -y de he­cho que lo hace- a consolidar una identidad ciudadana. Razones va­lederas para que la ciudad atraiga, aún en su desorden, en el que puede nacer un carácter propio, con distintas vertientes, quizás ordenadas paradójicamente en su propia falta de sincronización, con idiomas sectoriales que se distinguen en el conjunto.
Si la esquina de Córdoba mentes muestra un clima de verdadera "city" en su máxima intensidad urbana, puntos pertenecientes a la zona financiera muere* a caer la tarde, irremediablemente Las zonas gastadas, que apuntan el clima de Súnchales y su memoria prostibularia, aparénteme n -contradicen con el ambiente Orofto, a medida que corre ha Parque.
La zona limitada por Urquiza y  Balcarce y el río, verdadero yacimiento de arquitectura italianizante  llena de imaginación -y a pesar las continuas pérdidas- puede oposición a la masa despezada de propiedad horizontal especulativa que invadió la planta urbana en las últimas dos  décadas especialmente. El sentido de coherencia en la diversidad que p ofrecer las viviendas del Monroe (Ovidio Lagos-Callao-9 Julio-Zeballos) o las de Mendoza y Felipe Moré, aún en su sencillez economía de medios, pueden una magnífica lección a pesar los años, si se analiza la falta imaginación de los conjuntos habitacionales de Grandoli al sur, o  de los barrios FO.NA.VI. casi general
 Otra presencia, que en una ciu­dad industrial se muestra con én­fasis, son las construcciones ferro­viarias, portuarias y de infraes­tructura general relacionadas con ellas, de las cuales pueden ser un ejemplo claro los talleres y vivien­das agrupados en el Portón N- 1 de Av. Alberdi, la hoy abandonada es­tación de Rosario Central con su más que centenaria torre, o el túnel recuperado hace poco en zona del Parque de España y los muelles y dependencias sobre el Paraná en zona de Puerto Norte (Refinería), o al sur del municipio en un recorri­do que debería comenzar desde Ba­jada Sgto. Cabral.
Ejemplos tomados casi al azar, impulsivamente, que dan la pauta sobre la condición de la ciudad y lo imposible de resumirla en un estilo controlado. Una ciudad como la nuestra, es en sí "varias ciudades", no tanto por lo que pueda leerse en su materialidad física, sino por las necesidades de indagación que cada uno se fije en el acto de comunica­ción con la misma.
La búsqueda analítica y la obser­vación del cuerpo urbano, llevan inexorablemente a concluir que "la ciudad no es un estilo". Rosario puede tener "estilo", como expre­sión de ciudad, pero será la bús­queda de los distintos momentos arquitectónicos de su vida, la que Este fascículo continúa en la in­dagación de algunos de los anterio­res, con énfasis en la etapa de bús­queda de la modernidad y sus an­tecedentes inmediatos.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 23 .  De Abril 1993. Autor: José Mario Bonacci

viernes, 14 de junio de 2013

LOS ANDALUCES


El primer centro que nucleara a los hijos de Andalu­cía se fundó el 30 de setiembre de 1915 y su primer presiden­te fue Francisco Sosa. La épo­ca de esplendor de la insti­tución se vivió en los altos de San Martín y Rioja, con una intensa actividad cultural y artística, que permitió que pa­saran por el local artistas co­mo el Niño de Utrera, Estrellita Castro, Sabicas, Narciso Ibáñez Menta y Libertad Lamarque, en sus comienzos.
Posteriormente el Centro Andaluz se trasladó a la es­quina de San Lorenzo y La-prida, donde funcionó hasta 1967, ano en que se disolvió. Por veinte años, la colectivi­dad, integrada por descen­dientes de los andaluces' in­migrantes, no contó con una entidad que la congregara. En 1967, y a instancias de Mag­dalena Feliz, se constituyó la Agrupación Andaluza, que cuen­ta actualmente con 400 aso­ciados, un cuerpo de baile y realiza actividad cultural re­ferida a temas andaluces. Su fiesta principal es la de la Cruz de Mayo, en la que se danza alrededor de una cruz de madera cubierta de flores rojas y amarillas. Antigua­mente se lo hacía alrededor de un árbol con brotes (mayo es primavera en España) como homenaje a la fertilidad.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 13 .  De Junio 1991. Autora: Hilda Habichayn.

jueves, 13 de junio de 2013

LOS ASTURIANOS


Los asturianos que llegaron a Rosario trajeron mucho de la per­sonalidad de un pueblo de peculiar fisonomía dentro del mosaico de regionalismos que constituyen la España ancestral. Fueron estos in­migrantes llegados a fines del siglo pasado sobre todo, los que dañan origen al Centro Asturiano, la ins­titución de ese origen más antigua de Sudamérica.
 La concreción del anhelo de contar con una entidad que alber­gara a los connacionales, para con­fraternizar, recibir solidaridad y evocar la terrtna asturiana, llegó el 1" de noviembre de 1904, con la formalización del llamado Centro Recreativo Asturiano, cuya prime­ra comisión estaba presidida por el Dr. Rafael Calzada. Tres años des­pués, el 29 de septiembre de 1907, se modifican los estatutos y la ins­titución pasa a denominarse Cen­tro Asturiano.
En 1914, la unificación con el Circulo Asturiano y luego con la Unión Asturiana, permitió el acre­centamiento de la masa societaria y la posibilidad de mayores em-prendimientos. En 1922 se adquiere el local propio, en San Luis 644, y en 1926 se hace lo propio con un Importante predio en el barrio Fisherton —calle Wilde al 1300—, para utilizarlo como campo de de­portes y ámbito recreativo de la colectividad asturiana. Fue el ori­gen del Prado Asturiano donde, además de la colectividad regional se congregaron los rosarinos du­rante décadas en los tradicionales picnics y celebraciones de particu­lar colorido. Allí también se llevan aún a cabo las fabadas aniversario convite gastronómico tradicio­nal— y una permanente actividad deportiva de variado espectro.
El Centro Asturiano cuenta también con un conjunto estable de danzas y es sede de la biblioteca popular "Alvaro Flores Estrada". Su condición de entidad mutual le permite asimismo la extensión de sus actividades a la ayuda eco­nómica a los asociados, la cons­trucción de un panteón social y una tarea cultural que tiene como ámbito principal su sede central, con un salón con capacidad para 1000 personas. Este centro ha sido y es para muchas generaciones de rosarinos un sitio conocido y tran­sitado, con la acogedora hospita­lidad de los hijos y nietos de la tierra de los primeros inmigrantes de Asturias llegados a la ciudad.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 13 .  De Junio 1991. Autora: Hilda Habichayn.

miércoles, 12 de junio de 2013

LOS NAVARROS


La institución que congrega a los inmigrantes llegados a Rosario desde Navarra, y a sus descen­dientes, es el Centro Navarro, fun­dado el 6 de diciembre de 1913, como una asociación civil que "procura mantener las tradiciones, cultivando sus usos, costumbres, modalidades y deportes, sin ex­cluir su música, sus danzas y SUS canciones", y disponiendo de la ca­sa social "como centro de socia­bilidad y cultura, sin perder de vista la tierra que con tanto amor nos cobijó", de acuerdo a la propia definición de sus impulsores.
La entidad conoce varias sedes hasta 1956: la casa de la familia de José Battle, en Balcarce al 100 bis, Laprida al 1400, Salta y Dorrego, Córdoba y Sarmiento, y Bajada Sargento Cabral, en 1955. Los re­glamentos, aprobados en 1952, ri­gen la vida de más de 400 aso­ciados, que con su aporte posi­bilitaron la adquisición de la vieja casona de Entre Ríos 248, con­cretada el 3 de febrero de 1956. Veinte años después, se construi­ría allí la actual sede, Inaugurada el 3 de julio de 1976, como parte de una torre de 17 pisos, con 53 departamentos destinados, prefe­rentemente, a los asociados del Centro Navarro.
Este cuenta, como las demás instituciones de la colectividad, con una nutrida biblioteca públi­ca, "José María Iribarren", que re­ cuerda a uno de los insignes es­critores navarros, y con un cuerpo de baile estable, integrado por más de 75 jóvenes, en buena parte hijos y nietos de los pioneros inmigran­tes.
La Fiesta de San Fermín mo­viliza anualmente a esta colecti­vidad alegre y espontánea, que pa­ra esos días retoma la indumen­taria tradicional pamplónica de al­pargatas, pantalón y camisa blan­cos y rojo pañuelo al cuello. Apa­recen los gigantes y cabezudos, los zaldicos maldikos, que recorren las calles céntricas, el zenzenzusko (toro de fuego) y culmina la fiesta con el "Pobre de mí", canción colec­tiva entrañable para los navarros.
La colectividad, como ocurriera con vascos, catalanes y gallegos, tuvo también una visita cara a sus afectos y raíces en 1988, cuando con motivo del 2do. Encuentro de la colectividad navarra en Argen­tina y del 75* aniversario del Cen­tro Navarro, llegara a Rosario el presidente del gobierno foral, Ga­briel Urralburu Tainta. Durante su estada en la ciudad se inauguró, en la zona del Monumento Nacio­nal a la Bandera, la "Comu­nidad Foral de Navarra".
 
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo Nº 13 .  De Junio 1991. Autora: Hilda Habichayn.

martes, 11 de junio de 2013

RECUERDO DEL ROSEDAL


Muchos rosarinos recuerdan de su infancia el paseo domin­guero por el Parque y la foto­grafía enmarcada en una car­tulina con la leyenda Recuerdo del Rosedal, con la identifica­ción Rosario, que testimonia­ba el paso de muchos visitan­tes por la ciudad. Todavía hoy, una construcción hexagonal, en la zona del Rosedal, llama la atención. Se trata de un la­boratorio fotográfico construído en 1925 a instancias de Fe­lipe Tinnirello, uno de los pri­meros, sino el primero, de los fotógrafos o chasire tes del par­que, que con sus trípodes y sus cámaras de tipo cajón, fijaron para siempre imágenes fami­liares con el fondo del laguito o las "ruinas" construidas co­mo tales. . .
 EnzoParodi, en "Testimonios fotográficos del pasado", pu­blicado en "La Capital", con­signa: "Felipe Tinnirello nació en Palermo y recaló primero Buenos Aires donde trabajó como aparador (artesanía del calzado). Allí aprendió fotogra­fía y tiempo después se asentó en nuestra ciudad y ejerció esa hermosa actividad. De sus re­cuerdos se desprende que Feli­pe vio, en cierta forma, nacer el Parque Independencia, ya que menciona la fotografía de la latita, esto es el ferro tipo, siste­ma creado por un francés en 1853. Este sistema era simple y muy rápidamente se obtení­an imágenes positivas de io­nes grisáceos, algunas oscu­ras o amorronadas. Era muy comercializada por los fotó­grafos de parques. . ."
"Uno de sus hijos, Pascual, con sus 77 años, su cámara fo­tográfica y su trípode, heren­cia de Felipe, me relató con alegría y nostalgia la vivencia como hijo de fotógrafo que si­guió los caminos paternos. . ."
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 10 .  De Marzo 1991. Autora: Raquel García Ortúzar

lunes, 10 de junio de 2013

JARDIN FRANCES


El "Jardín Francés" proyec­tado por el arquitecto Mario Solari Viglieno es una obra cu­yo centro de atención es un lar­go estanque, medio nivel por debajo del plano general del parque. Lo rodean senderos contenidos por parterres ubi­cados en talud descendente ha­cia el centro, decorado con figuras floridas. Setos recorta­dos, constituidos por curvas sucesivas como un festón, defi­nen los bordes. Próximo a la calle Pueyrredón, se forma un recinto, más angosto y repara­do por cercos altos. Es el “Jar­dín de invierno" cuyo foco es una fuente de mármol.
Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 10 .  De Marzo 1991. Autora: Raquel García Ortúzar

viernes, 7 de junio de 2013

TIERRAS CONCEDIDAS EN EL PARQUE INDEPENDENCIA


CUADRO 1 (Datos tomados de "Demanda y alegato contra la Municipalidad de Rosario", escrito por José A. Olguín

Total Parque

65,20 Ha
Sociedad Rural
5,64 Ha

Jockey Club
22,43 Ha

Club Veloz
2,4 Ha

Total concedido
30,47 Ha
30,47 Ha
Público
34,73 Ha
34,73 Ha
CUADRO 2 (Datos del arquitecto Oscar Mongsfeld.
1974)


Total Parque

126,2 Ha
Sociedad Rural
10,4 Ha

Jockey Club
30,2 Ha

Newell's
4,5 Ha

Provincial
6,2 Ha

Gimnasia y Esgrima
2,9 Ha

Total concedido
54,2 Ha
54,2 Ha
Público
72 Ha
72 Ha

Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 10 .  De Marzo 1991. Autora: Raquel García Ortúzar

jueves, 6 de junio de 2013

LAS OBRAS DEL PARQUE


El proceso de construcción del parque fue lento y difícil. En ciertas administraciones municipa­les se hizo mucho y en otras nada ni siquiera conservar. Así, a lo lar­go del tiempo, los sectores termina­dos van teniendo un carácter dis­tinto, según los "estilos" en boga o los gustos de los funcionarios de turno. Así se pierde por desidia el quiosco de la Montañíta y también el templete que lo reemplazara, la confitería de Cifré y el Pabellón de las Rosas. También hubo proyectos frustrados como el zoológico de la esquina de Ovidio Lagos y 27 de Fe­brero y el monumento encargado en 1910 al taller de Fontana y Scarabelli para la Montañíta, uno de los tantos proyectos pergeñados pa­ra el famoso año del Centenario.
Se atribuye ese año justamente a la columnata en ruinas en el borde norte del lago (y prestemos aten­ción a esta actitud de construir "ruinas") y también en esa fecha se adquieren terrenos destinados a agrandar el parque y a crear otro nuevo en el barrio del Arroyito. Se encarga el proyecto de este último, como ya consignáramos, al famoso paisajista Carlos Thays pero lamen­tablemente no se lo construye. En otros terrenos y con otro proyecto se concreta en 1939.
Aunque no se tiene fecha cierta, como ocurre con el caso de las rui­nas, se supone que para 1915 se terminó el Rosedal. Frente a él se construye una nueva confitería: el Pabellón de las Rosas. Se acondi­ciona la zona destinada al Jardín de Niños, con juegos, unas jaulas con monos y un pequeño tambo, donde había vacas y burras que se orde­ñaban para convidar con leche a los visitantes. Las burras provenían en realidad del gran plantel de muías y burros que la Municipalidad tenía para tirar de sus carros. Cuando había una burra en período de lac­tancia, se la llevaba al Jardín de Niños por unos meses, donde de paso se proveía de esa leche a los peque-
ños que debían tomarla por pres­cripción médica.
En 1925 se construye el Estadio  Municipal. Para entonces, los deportes antes practicados por la elite se iban popularizando y no sólo el estadio sino que mucha gente se asoció a los clubes y se acercó a un nuevo estilo de vida (tenis, natación), aunque solo fuera por unas horas a la semana En 1928, por gestión de Santiago Pinasco, se erige el monumento a Manuel Belgrano, réplica del que se había inaugurado el año anterior en Génova, en la Liguria, de donde eran originarias las familias de Bel­grano y Pinasco. Su emplazamien­to es soberbio, enmarcado por ¡as tipas, y con la perspectiva del bule­var, compartiendo con el Monu­mento a la Bandera el mérito de ser uno de los mejores emplazados en la ciudad. Fue el centro -hasta la inauguración del Monumento a la Bandera- de las fiestas patrias con desfiles militares por Oroño, de los homenajes a Belgrano y a la enseña patria en la explanada que lo rodea y los fuegos artificiales por la noche.

También los corsos de carnaval se apropiaron de la ancha y sombrea­da avenida central. En la Rural, los concursos de máscaras para niños, y en los clubes, bailes muy concurridos con las mejores orquestas. Fue también el parque predio obli­gado de circos y parques de diver­siones ambulantes, circuito de ca­rreras de bicicletas y de autos, im­provisado con fardos acumulados en las curvas peligrosas, y por su­puesto, escenario de las exposicio­nes rurales e industriales que se ce­lebraban (y celebran) cada año, de las carreras hípicas y de los domin­gueros partidos de fútbol.
Los rosarinos adoptaron al par­que, en la década del 30, como un paseo obligado. Se puso de moda encontrarse en el Rosedal o tomar el té en el Pabellón de las Rosas. Por las noches, en verano, se daban allí funciones de baile y canto en esce­nario al aire libre y en la confite­ría "La Montañíta" se instalaba una gran pantalla y se pasaba cine. La gente tomaba cerveza mientras contemplaba el espectáculo pe­ro también se reunía público en la calle para mirar sin pagar, colman­do a veces el ancho total de la cal­zada y provocando el desvío del tránsito de vehículos. Frente al club Gimnasia y Esgrima exis­tía un paseo con bancos y farolas y los que caminaban por avenida Pe­llegrini estiraban su vuelta hasta allí. Se cuenta que había guardia­nes para cuidarla integridad del lu­gar y también la corrección en el vestir; los caballeros de saco y cor­bata. . .
Los últimos terrenos en anexarse fueron también los últimos en "em­bellecerse". Para 1932 se pavimen­tan las calles en el sector noroeste; en 1936 se inaugura el palomar y enseguida se parquiza la zona fren­te al Cementerio El Salvador, con su bosque de eucaliptus levemente elevado, la playa de estacionamien­to y los quioscos de florería, demo­lidos en 1990 y que no son las ca­sillas además de terminar el sector del palomar, se ocupó de parquizar las bajadas Puccio y Pellegrini. Se comienza tam­bién por entonces a formular un Plan Regulador para estudiar la ciudad como conjunto y prever su desarrollo futuro; el famoso plan de Farengo, Guido y Della Paolera.

Fuente: extraído de la revista “Rosario, Historia de aquí a la vuelta  Fascículo N• 10 .  De Marzo 1991. Autora: Raquel García Ortúzar.

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