Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 35 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
se conmenora por aniversario del fallecimiento de Negro Fontanarossa

HOMENAJE A NEGRO FONTANAROSSA

Loading...

HOMENAJE A FONTANARROSA

Páginas vistas en total

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los radioaficionados Orígenes de una actividad precursora de las redes sociales



Por Facundo Fernández*

En diciembre de 1921 se funda por primera vez el Radio Club Rosario con el objeto de poner a disposición de los experimentadores elementos radioeléctricos para realizar pruebas y ensayos.
Ello llevó a una bifurcación en los trabajos. Mientras unos se dedicaban a la experimentación pura, otros realizaban programas musicales.
Dado que la actividad de los radioaficionados no estaba re­glamentada, el uso de las potencias y frecuencias era libre, provocando interferencias y trastornos en algunos recepto­res.
De allí que se estableciera un acuerdo de caballeros de no emitir entre las 21 y las 24 horas para permitir la escucha de las (en ese entonces) lejanas estaciones de radiodifusión. En 1924 comienza a regir un conjunto de normas para el funcionamiento de las estaciones de radioaficionados y al 1 de julio de ese año, eran varias las licencias otorgadas. Esto llevó a que el 25 de septiembre de 1927, se originara la segunda fundación del Radio Club Rosario, incluyendo la habilitación de una estación dedicada a la radiodifusión la cual estuvo operando hasta 1930 con el distintivo de F.4, contando inclusive con autorizaciones para emitir progra­mas culturales que eran enviados por línea telegráfica. El 27 de agosto de 1920, desde el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires fue transmitida por radiotelefonía la ópera "Parsifal" de Richard Wagner con el equipo armado por los radioaficionados doctores Enrique Telémaco Susini y César Guerrico junto a Miguel Mujica y Luis Romero Carranza, conocidos como "Los Locos de la Azotea". La trascendencia histórica del hecho radica en el carácter orgánico que la transmisión adquirió a partir de esa noche convirtiéndose en un servicio regular. Fue la primera emi­sión registrada en el mundo. Nació así la radiodifusión en Argentina marcando el comienzo de lo que se dio en llamar transmisiones "broadcasting".
La transmisión fue apenas escuchada en Buenos Aires y aún se afirma que un radioperador de un barco anclado en el puerto de Santos, en Brasil, también pudo captarla. Surgió así la Sociedad Radio Argentina que difundía pro­gramación con el indicativo LOR, adjudicado por el Minis­terio de Marina en 1922, luego LR 2 Radio Argentina. El Círculo de Radioaficionados Rosario LU5FB, fue funda­do el 22 de febrero de 1973, siendo antes su nombre Radio Club Don Bosco de Rosario. El Círculo de radioaficionados LU5FB y el Radio Club Rosario LU4FM son instituciones sin fines de lucro.
La primera "broadcasting" organizada oficialmente en Ro­sario correspondió a la iniciativa del Centro de Acopladores de Cereales Rosario, entidad fundada en marzo de 1920 que luego tomó el nombre de Sociedad Rural de Cerealistas. El 4 de octubre de 1923 nace LT 3 RADIO CEREALISTA cuan­do ía ciudad se constituía en un importante ente cereaiero y puerto mundial.
En principio fue simplemente una emisora de información para los acopladores que se enteraban todos los mediodías
ét las cotizaciones de cereales y hacienda en Rosario y Bue-■06 Aires.
La característica F.2 que le otorgó el Ministerio de Marina pasó a LOG en 1927 y, a fines de 1928 se le asignó la que tiene actualmente LT 3. En 1950 se adquirió el local de calle Balcarce 840 al que trasladó su sede central donde funciona hoy. Integró la denominada Cadena Azul y Blanca con ca­becera en Buenos Aires en LR 1 Radio El Mundo. La segunda estación de radiodifusión en aparecer se inició el 16 de julio de 1927 con la base de la emisora Radio Colón, instalada por Juan Colón y Alberto Milletot en el fondo de la casa de calle Salta 2133, donde existía una bicicletería. Tra­bajaba con muy poca potencia, fue primero F.5 y luego se la designó LV 5 Radio Millelot hasta que en otoño de 1931 pasa a funcionar como LT 8 Radio Rosario. En mayo de 1924 se logra un record mundial al comuni­car el operador argentino Carlos Braggio, desde su estación CB8, en Bernal (Buenos Aires) con el radioaficionado Iván O'Meara, en Nueva Zelanda. Rosario no permaneció ausen­te a estos experimentos y así fue como en marzo de 1947 la broadcasting LRR Radio Ovidio Lagos, comenzó a trans­mitir en la frecuencia 11.800Khz. (Banda de 25 metros) per­teneciendo al diario La Capital, la única radiodifusora de onda corta que hubo en la ciudad.
Instaló sus estudios en la calle Córdoba 1736 y luego en el 1825 de la misma calle, fue su director delegado Néstor Joa­quín Lagos.

* Licencia de radioaficionado LU6FPJ


Fuentes consultadas:
Rubén Guillermo Margenet "Radiodifusión Argentina" Pu­blicación ocasional sobre el pasado, presente y futuro de la radiodifusión en la República Argentina. (Mayo 1995), "La magia Color Radio" por Yanina Méndez y Mario Devalis en revista Cablehogar. "La Radiofonía y la Televisión en Rosa­rio" por M. Amanda Bergnia de Córdoba Lutges.
Radio Club Rosario LU4FM. Zeballos 811 Teléfono: 0341- 4493304
Circulo de Radioaficionados de Rosario LU5FB Pasaje Caldas 658 Teléfono: 0341 - 4390386

Una precursora "red social"

la telegrafía, sin embargo hay muchas acti­vidades muy variadas e interesantes. Entre ellas poder comu­nicar con la tripulación de la Estación Espacial Internacional o utilizar satélites para comunicar con otros radioaficionados. Las películas de ciencia ficción han hecho creer que para las comunicaciones espaciales hacen falta diversos y complejos equipos con complicadas estaciones rastreadoras para poder seguir los satélites. Con simplemente un handy se puede ha­cer perfectamente, además de la radio IP, que es similar a la telefonía IP y otros modos digitales en Rosario. Hay una esta­ción que hace comunicados utilizando la luna. Esa actividad se llama "rebote lunar" podría decir que la radioafición fue la primera red social


Durante el 2009 el Radio Club llevó casi todos los fines de se­mana una estación de campaña a diferentes parques para mostrar el hobby a la gente, la estación de campaña funcionaba a baterías y es similar a la esta­ción que se montaría en caso de alguna ca­tástrofe natural que deje sin los medios de comunicación tra­dicionales a nuestra ciudad.

Fuente: Extraído de la revista “ Rosario, su Historia y Región” Fascículo  N• 90 de Octubre de 2010.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Yupanqui y Quiroga en Rosario



Por Rafael Ielpi
 
Dos menciones relacionadas con la cultura corresponden a aquellos años iniciales de la década del 20. La primera, la fundación de El Mangruyo, el 24 de febrero de 1921, como institución desti­nada a la difusión de la música y la literatura indo americana, según reza­ban los estatutos originales, redactados por un rosarino conspicuo: Estanislao Zeballos. La institución se encargaría, años más tarde, de la edición de los primeros discos de Roberto Chavero, un desco­nocido entonces que luego pasaría a ser Atahualpa Yupanqui. Se tra­taba de tres discos de pasta, que contarían con el auspicio de una yerba mate local e incluían los temas Apariencia, ha vidala del adiós, Cumbres siempre lejos, Paso de los Andes y su famoso Caminito del indio. El que luego sería creador fundamental de la música folklórica argentina actuó más de una vez en la ciudad presentado como el músico cuzqueño...
El Mangruyo editaría asimismo libros de uno de los poetas gau­chescos más conocidos, el uruguayo Romildo Risso, autor de los ver­sos de Los ejes de mi carreta, que vivió algunos años en Rosario, traba­jando en una empresa yerbatera en la que ocuparía incluso un alto cargo administrativo. La entidad nativista tenía una especie de "escuela criolla" en Alberdi, en la que se enseñaba equitación y donde, en épo­cas difíciles y según testimonios de contemporáneos de esos hechos, se llegó a dar de comer a cerca de 1000 personas.
La segunda está vinculada a quien es reconocido como nombre de inevitable mención en la historia de la literatura rioplatense: el uru­guayo Horacio Quiroga. Testimonios como los de su biógrafo Pedro Orgambide señalan la presencia del autor de Los desterrados en las calles rosarinas entre 1920 y 1922 —año de la publicación de El salvaje, Las sacrificadas y Anaconda— pero no precisamente como turista. Entre tus aventuras amorosas, escribió Orgambide, hay una que se complementa con sus hazañas deportivas como motociclista. Por un tiempo, viajó a Rosario para encontrarse con una chica que había conocido en Buenos Aires. Su raid incluye rutas de tierra, caminos barrosos, barrancas, senderos poceados que él recorre a gran velocidad. Hace en el día, entre ida y vuelta, unos 800 kms. Usa saco de cuero, bufanda, anteojos protectores. Un amigo lo encuentra después dee un viaje. Cansado, manchado de barro, la barba mojada por la lluvia, hecho una lástima...
Otros testimonios insisten en señalar el interés que una rosarina, la pintora y escritora Emilia Bertolé, una bellísima mujer, por lo demás, despertara en el ambiente intelectual de Buenos Aires en los mismos años, impactando tanto a Quiroga y a otros personajes de la cultura porteña como al poeta mendocino Alfredo R. Búfano, con quien mantendria una relación sentimental.



Por la misma época había conocido a una muchacha, que sus bió­grafos no identifican. Vivía en Rosario y Quiroga, para visitarla, solía recorrer en motocicleta los ochocientos kilómetros del viaje de ida y vuelta. Había comprado una máquina de segunda mano hacia 1918. Hasta 1924, esa máquina fue su pasión... Sus viajes a Rosario eran la ocasión de heroicas hazañas. "El aparato, a cada hoyo (siguen con­tando sus biógrafos), pegaba brincos que lo arrojaban de la montura, el barro le salpicaba las barbas, se le introducía en la boca y le ensuciaba los anteojos protectores hasta impedirle la visión, pero él no dejaba de apretar el acelerador, siendo sólo por tener un dios aparte que máquina y maquinista no quedaron por allí con las entrañas al aire... Era casi imposible reconocerlo a la vuelta bajo la capa de polvo y lodo que traía en el saco de cuero, en la bufanda, en el jockey de orejeras, en las cren­chas desgreñadas... " No se sabe qué pensaría la joven de Rosario de este Romeo mecanizado, todo cubierto de barro y agotado como un atleta de la voluntad. Lo cierto es que la relación no continuó, aunque años más tarde Quiroga utilizaría tal vez algunos elementos de la misma para un cuento, "Silvina y Montt" (1921), que contiene inte­resantes notas autobiográficas.
(Emir Rodríguez Monegal: Genio y figura de Horacio Quiroga, Eudeba, 1969)


Lo cierto es que, más allá de esa historia verídica, no quedaron otros rastros del paso de Quiroga por la ciudad (reuniones con otros escritores, actividades públicas más o menos notorias, colaboraciones contemporáneas en diarios y revistas rosarinas) que los testimonios de sus biógrafos Orgambide, Rodríguez Monegal, entre otros, y una recreación literaria de Miguel Ángel Roig en la revista Vasto Mundo, medio siglo largo después de aquel episodio de los románticos viajes del narrador.


El clamor mecánico que llega de la calle se detiene y minutos después, Horacio Quiroga entra una vez más al boliche de la Calle del Puerto. Una figura menuda y espigada, con las crenchas desgreñadas, se descubre con no poco esfuerzo detrás de la capa de lodo seco y polvo. Desde el fondo de este espantapájaros ridículo, su sonrisa triunfal y benévola avanza hada mi mesa. Quiroga lleva varias visitas a la ciudad motivadas por una muchacha (cuyo nombre la discreción me hace evitar) y desde su primer viaje ha tomado la costumbre de recalar aquí para acicalarse y reponerse con un trago... Francisco aparece junto a nosotros y palmea a Quiroga. A instancias del gallego salimos los tres a la calle para admirar la moto­cicleta del visitante. Es una máquina enorme, que mantiene el equilibrio apoyada en un sidecar. Igual que el conductor, está completamente cubierta de barro calcinado por el sol, tan fuerte a esa hora que nos obliga a regre­sar al salón... Pienso en la joven dama que lo aguarda: debe tener hace tiempo un ala cortada. Pienso más y recuerdo el desdén de su porte afec­tado en el último baile del Germania Park. Me reservo la sonrisa. En el interior del boliche, Quiroga se despide. El ronco sonido de la máquina conmociona la soledad de la siesta; comienza a subir en su motocicleta, lentamente, la calle hacia el sur. Tipo loco, dice el gallego. Fue la última vez que lo vi. Dos años después, Glusberg me trajo de Buenos Aires una edición de Los desterrados...
(Miguel Angel Roig: "Horacio Quiroga va en motocicleta al muere", en revista Vasto

Aquel año 1921 sería también el de la pavimentación asfáltica de la calle Corrientes hacia el sur, lo que la convertiría en una de las arte­rias importantes para el tránsito vehicular, entre el que se contaban los tranvías. Esa novedad atraería a los rosarinos casi tanto como otras dos noticias diferentes: la nueva intervención a la provincia de San Juan decretada por el presidente Yrigoyen, como consecuencia inmediata del asesinato del gobernador Amable Jones en el mes de noviembre, y el epílogo de un debate en el Senado Nacional que culmina con el desafuero del legislador socialista Del Valle Ibarlucea, quien moriría el 30 de agosto.
Dos acontecimientos menos dramáticos despertarían masivo interés  Rosario como en todo el mundo: la hazaña de un joven ajedrecista cubano llamado José Raúl Capablanca, quien el 16 de marzo se consagra campeón mundial de ajedrez derrotando a Emanuel Lasker, que había reinado en el juego ciencia durante más de un cuarto de siglo, y la conquista, por primera vez, del Campeonato Sudamericano de Futbol por la selección nacional, el 30 de octubre.
   Tres meses antes, el 3 de agosto, la ciudad se conmueve hondamente ante un cable de la víspera: en el "HotelVesuve" de Ñapóles, su ciudad  natal, ha muerto Enrico Caruso, a quien los amantes de la lírica recordarían cantando en La Ópera rosarina apenas cuatro años antes, cuando  su llegada a la ciudad provocó admiración, entusiasmo nostalgia en sus compatriotas. El año iba a culminar con el telón también final para un caso que concitó interés y polémicas en todo el mundo: el del múltiple asesino Landrú, una especie de moderno Barba Azul cuya condena a muerte dio término a una saga folletinesca que |los rosarinos habían seguido con la curiosidad, muchas veces morbosa, que despiertan este tipo de casos policiales.
   Otra noticia, en mayo del año siguiente señalaría el crecimiento cultural de la ciudad, en especial en el ámbito musical. El 17 de ese mes. los rosarinos se enteran de que el conocido maestro de música José de Nito, hijo del Rosario, ha sido nombrado maestro director sustituto de la orquesta del Teatro Constanzi de Roma, considerado por entonces uno de los mayores coliseos lírico-musicales de la península y el más importante de la capital italiana.
Las intendencias sucesivas, las de Juano y Rouillón, iban a contribuir al progreso ciudadano a través de algunas obras públicas que, en algunos casos, perdurarían hasta la actualidad, como la Plaza Santos Dumont, sobre las barrancas que enfrentan al Paraná en Alberdi. La construcción de un balneario municipal en la zona norte de la ciudad, ensanche de la Avenida Belgrano y el embellecimiento de la avenida costanera en la zona del actual Parque Nacional a la Bandera, y el proyecto de concreción del Jardín Botánico, se contarían entre emprendimientos oficiales más notorios de esas dos administraciones.
Una fiebre constructora que, en todo caso, se correspondería con el proyecto nacional de Marcelo T. de Alvear que promovía ese mismo año la concreción de grandes obras públicas, y con otras realizacio­nes surgidas del ámbito de las inversiones privadas de la magnitud del "Estadio Monumental", levantado en el barrio porteño de Núñez.
En febrero de 1922, sobre el final del primer mandato de Hipólito Yrigoyen, asume como gobernador mendocino Carlos Washington Lencinas. Su apellido volvería a ser más tarde otra señal de luto para el "Peludo".
Algunos avances, mientras tanto, se producían en relación con la infancia y la educación ese mismo año. El 2 de agosto, en la Escuela del Banco de Préstamos se implementa la llamada "copa de leche", que se distribuye a 250 alumnos, que de ese modo no deben esperar la hora de salida para reponer sus fuerzas por cuanto hallarán en el mismo esta­blecimiento donde se educan el alimento imprescindible para sus débiles cuerpos. El 15 de ese mismo mes, se habilita la Escuela Independencia para niños retardados, con la finalidad de adaptar a los niños anormales a la vida social y valorizar en lo que sea posible su capacidad individual.
Contemporáneamente, los rosarinos comienzan a recibir un sano y promocionado consejo: el de evitar el consumo de leche "recién ordeñada". Un aviso publicado en la revista de la Sociedad Rural de Rosario en 1923 muestra a la Muerte (un esqueleto vestido con una túnica) sosteniendo un frasco del que van cayendo insectos a un reci­piente con la inscripción "Impure milk". En realidad lo que no exis­tía era la costumbre de consumir leche pasteurizada ya que a comien­zos de siglo Fernando Jacobsen había sido uno de los pioneros en utilizar ese procedimiento en su usina pasteurizadora de Catamarca 1158; la producción del establecimiento, hacia 1905, se vendía a una decena de lecherías, aunque la difusión masiva del consumo tardaría muchos años en producirse.
 Junto a avisos de ese tenor, reiterados durante buena parte de aquel año, la prensa rosarina consignaría una información que acon­gojaría a los amantes del teatro, muchos de los cuales habían sido privilegiados espectadores de sus actuaciones en la ciudad a comien­zos del siglo XX: la desaparición de Sarah Bernhardt, luego de la amputación de una pierna. La misma difusión alcanzaría en 1923 la muerte de otra figura carismática, la del mexicano Pancho Villa, cuyo verdadero nombre de Doroteo Arango sería eclipsado para siempre por el otro, que identificaría a uno de los líderes de la Revolución iniciada en 1910 contra el régimen de Porfirio Díaz.
Mientras tanto, un match de box que luego sería considerado por los críticos como "el combate del siglo" lograría galvanizar la atención de los rosarinos, muchos de ellos pendientes de lo que relataba la precaria radio a galena y de la suerte de ese compatriota llamado Luis Angel Firpo, empeñado desde su condición de "toro salvaje de las pampas en destronar al campeón Jack Dempsey.
También en 1923, los trabajadores tendrían motivo de regocijo Con la aprobación de la Ley 11289, que determinaba la jubilación “universal y obligatoria". La norma, sin embargo, se suspendería dos años mediante la Ley 11358, por la fuerte presión de la Unión Industrial y las propias reticencias de los obreros al descuento del 5 por ciento de sus salarios, en concepto de descuento jubilatorio. Consagrada más tarde, aquella legislación se uniría a las varias que el  aportara a los sectores populares, como la Ley 10505, que reglamentaba el trabajo domiciliario, de 1918; la 11317, referida a los contratos de trabajo a menores de edad, de 1924, y la 11318 de trabajo nocturno en las panaderías

 

Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo III  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones



martes, 16 de diciembre de 2014

EL DENOSTADO "TRAPO ROJO

Por Rafael Ielpi



Serían dos hechos disímiles, sin embargo, los que convocarían .el interés de los rosarinos, sin distinción de clases sociales, en aquel 1921 de las grandes huelgas. El primero de ellos, si bien anecdótico, no lo sería tanto para algunos representantes de la burguesía rosa-1 ni.1, que verían en el episodio la tenebrosa sombra del "bolchevi­quismo", que por entonces comenzaba a extender su influencia a todo el mundo.

Mientras la ciudad se entretenía, sobre todo por las noches, con los vaivenes jocosos y entretenidos del Carnaval, cuyo festejo corres­pondía ese año a la primera semana de febrero, un grupo de estudiantes, a los que se agregaría alguno que otro trabajador, decidió que el momento era propicio para un operativo de resonancia. Así, en la mañana del lunes 7 de ese mes, se  presentaron en el Palacio Municipal y lo tomaron sin mayor alboroto, luego de persuadir al guardián del edificio para que no se resistiera. Los hechos, a partir de ese momento, Se precipitaron en una sucesión de instancias que rozaban el surrea­lismo, aunque estuvieran teñidas de cierto viso ideológico exterior que no excluía la posibilidad cierta de que se tratase de una broma de (Carnaval o de una estudiantina.

Una decisión de los "asaltantes" contribuyó a sembrar la semilla de la confusión y a generar escalofríos en más de uno: la de izar en el mástil del frente de la Municipalidad una improvisada bandera roja en reemplazo de la argentina. El izamiento del denominado peyorativa­mente "trapo rojo" (vituperado todavía hoy con esa misma califica­ción por alguno que otro exponente de un pensamiento reacciona­rio) cedió paso a otra serie de acciones no menos inquietantes como la de decretar la cesantía en sus funciones del intendente.

Juan Alvarez resume aquella aventura en pocas líneas: Acto seguido los diecinueve invasores decretan la destitución del intendente: lo reemplazará un "compañero" hasta tanto la Federación Obrera Comunista local designe otro. Ordenes sucesivas del intruso "lord mayor" suspenden la vigencia de los impuestos como primera medida del mejoramiento de las condiciones de los pobres... Este gobierno de opereta alcanzó a durar hora y media. Apercibido el jefe del Regimiento 11 de línea, bastaron pocos soldados para apabullar a los bromistas, que no otra cosa eran, arrióse la revolucionaria insignia y un piquete de bomberos condújoles en tropel a la Alcaidía.

Sin embargo, Álvarez deja traslucir la opinión invariable de la conservadora clase alta de la ciudad, de la que él era también un expo­nente destacado: Advirtamos que dar a sus excesos cierto tinte de jarana y burla constituía una de las tácticas de los agitadores, sirviéndoles para presen­tarse bajo cariz más inofensivo, del mismo modo que usaban al gremio estu­diantil como embotante almohada contra represiones policiales... El episo­dio, de todos modos, no dejaría otra huella que la de su inclusión en alguna cronología histórica de la ciudad.

Mayor perdurabilidad (como la que le otorga la inclusión de su protagonista en la nomenclatura urbana de Rosario, con una calle que perpetúa su nombre, en la zona norte de la ciudad) tendría el segundo episodio, relacionado con un modesto trabajador ferroviario, el maqui­nista Carlos Gallini, que el miércoles Io de marzo de"1921 pierde la vida al impedir el descarrilamiento del tren rápido que unía Rosario con Buenos Aires, a la altura de la localidad de Coronel Aguirre. Uno de los tantos actos heroicos de modestos servidores públicos que por lo general quedan en el anonimato.

El accidente, que pudo constituirse en una real tragedia, conmo­vió igualmente a la ciudad ya que las primeras informaciones llegadas a la estación Rosario Norte, en la noche de ese día, eran en verdad impactantes puesto que se carecía de mayores certezas sobre la reali­dad del episodio. El tren rápido proveniente de Retiro y con destino final en Córdoba había tenido ya una señal preocupante en la estación Benavides, al originarse un incendio en uno de los furgones del convoy, sofocado por el personal.

El retraso de poco más de más de media hora fue la primera señal de alarma en Rosario, la que se hizo mayor al producirse el choque de la locomotora con un caballo que cruzaba las vías en una zona no alambrada. El impacto levantó las ruedas de la máquina que comenzó a desplazarse fuera de los rieles, sobre los durmientes, por un trecho de casi 300 metros, hasta salir del tendido ferroviario y descarrilar al encontrar un zanjón. Quedó allí, informaba La Capital el jueves 3, como ti lucra una gran masa informe de hierro y en el desastre la acompañaron otros coches que no volcaron pero que recorrieron también descarrilados los mismos 300 metros, hasta quedar en posición inclinada al parar, unos destrozados y otros con desperfectos. Sólo tres coches no sintieron los efectos: fueron los dos
dormitorios que iban para Córdoba y el pullman.

El maquinista Gallini, un uruguayo de 38 años que trabajaba hacía Ocho años en la empresa Central Argentino y era considerado uno de los mejores en esa tarea ferroviaria, tomó la decisión de no aplicar vio-1. 1 ii.miente los frenos al producirse el impacto con el animal y fue Ii.k leudólo en forma paulatina para evitar de ese modo el descarrila­miento de todo el tren y la consiguiente tragedia. Dicha decisión lo llevaría a la muerte, siendo la única víctima fatal del episodio.


Gallini no abandonó el freno. Habíase como clavado en él, sabiendo el peligro que corrían todos y trataba de detener cuanto antes la locomotora y por grados. Este fue un gesto heroico. No contó con el obstáculo de la zanja donde la máquina debía encontrar el vacío para afirmarse luego e inclinarse después. Pensó que debía detener la marcha del convoy desca­rrilado cuanto antes porque si no la catástrofe sería horrible. Y así lo sor­prendió la muerte. Una palanca contribuyó más a ello, clavándose en el pecho del bravo maquinista. El foguista Víctor Molió no perdió su sereni­dad en los momentos del peligro. Al notar que la máquina estaba desca­rrilada aferróse a una manija exterior de la locomotora, esperando el resul­tado. Su buena estrella hízole situarse en una buena posición, de manera que al volcar la locomotora y matar a Gallini, el foguista se trepaba al lado opuesto quedando en alto, desde donde se arrojó a tierra. Molió fue dete­nido en los primeros momentos por la policía pero enseguida se le puso en libertad por cuanto no había motivos para privarlo de ella.

                                                                                          {La Capital, jueves 3 de marzo de 1921)
El velatorio y entierro de Gallini fue una demostración popular de reconocimiento a su gesto. Un dato lateral: en el mismo tren via­jaba a Rosario la compañía teatral de Lola Membrives, la famosa actriz que inauguraría años después el Teatro Odeón rosarino, y que en esa ocasión llegaba para un ciclo de funciones en el Teatro Olimpo. La primera de ellas, por decisión de la Membrives, fue a total beneficio de la familia del infortunado trabajador, su viuda y cuatro hijos, que habitaban una modesta vivienda en Brown 2856.






Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo II  editado 2005 por la Editorial homo Sapiens Ediciones

lunes, 15 de diciembre de 2014

Discurso pronunciado por Lisandro de la Torre



Discurso pronunciado por Lisandro
de la Torre el 29 de noviembre de 1908,
al ser electo Presidente de la Junta
Ejecutiva de la Liga del Sur:
«…esta poderosa agrupación popular,
a que presta el Rosario el calor de
sus simpatías unánimes y el nervio
de sus entusiasmos viriles… la Liga
del Sur se organiza sin bandera
partidista, como una reacción contra
las malas leyes que causan los malos
gobiernos; y se propone demostrar
que las usurpaciones e injusticias tan
hondamente sentidas en el Sur de
Santa Fe, son la consecuencia lógica
de una legislación antidemocrática que
suprimiendo la vida comunal entrega a
un ejecutivo omnímodo las atribuciones
que en los pueblos libres se substraen
incumbencias a fin de otorgar garantías
efectivas y esenciales a la libertad
electoral…
…basta la rápida lectura de cualquier
constitución argentina impregnada
de centralismo para medir la distancia
que la separa de cualquier constitución
de un estado [norte]americano, fundado
en el self-goverment… Concentremos
en esta bandera de autonomías y
derechos comunales la base esencial
de nuestras reivindicaciones…
…por mi honor que esos son los
móviles sinceros de mi espíritu,
considerando suficiente recompensa
de cualquier esfuerzo, el éxito de las
reformas que promovemos destinadas
a fundar la libertad electoral efectiva, a
reparar injusticias irritantes y a asegurar
un porvenir grandioso a la ciudad del
Rosario que ostenta cual ninguna entre
las ciudades argentinas el título preclaro
de ser hija de sus obras…».

Fuente:

Ciudad de Rosario

Museo de la Ciudad

Editorial Municipal de Rosario

Ciudad de Rosario / Agustina Prieto ... [et.al.]. - 1a ed. - Rosario : Municipal de Rosario, 2010.
228 p. ; 23x18 cm.

Municipalidad de Rosario
Secretaría de Cultura y Educación
Editorial Municipal de Rosario
© Museo de la Ciudad
Bv. Oroño 2300
Rosario, Santa Fe, Argentina
info@museodelaciudad.org.ar
www.museodelaciudad.org.ar
© Editorial Municipal de Rosario
Aristóbulo del Valle y Callao
Rosario, Santa Fe, Argentina
emr@rosario.gov.ar
www.rosario.gob.ar/emr
Queda hecho el depósito
que marca la ley 11.723
ISBN 978-987-9267-73-8
CUIT 30-99900315-6
Impreso en la Argentina



domingo, 14 de diciembre de 2014

"Conocí la casa cuando estaba en su esplendor" DE AIRES MURCIANOS, DE VICENTE MEDINA


por : Ana Maria Ferrini



Muros saqueados y heridos de muerte perdidos entre una fronda inquietante es todo lo que queda de la Villa Hume, en el sudoeste de la ciudad. La mansión, ahora devastada, integra el patrimonio de Rosario y albergó al poder político local de la primera década del siglo XX. Allí vivió durante 50 años, Ricardo Caballero, primer vicegobernador santafesino que asumió con la ley Sáenz Peña de voto universal, cuando en 1912 ganó las elecciones junto a su compañero radical, Manuel Menchaca.
Ubicada en las inmediaciones de la ex Estación Hume, más tarde El Gaucho, la villa ocupa un predio de diez hectáreas que recreaban un castillo moro, con mayólicas, azulejos, vitrales, fuentes y cántaros traídos de Europa junto a dos pianos de estilo. También hay un túnel en línea recta a la estación de trenes, una biblioteca que supo tener incunables y un parque de follaje espeso, con cientos de árboles, senderos   secretos, descansos y glorietas que eran casi un oasis en el sudoeste rosarino.
Allí Caballero, médico, historiador revisionista, legislador y ensayista; leía, escribía y meditaba. Hoy el lugar está arrasado. El tiempo hizo lo suyo sin encontrar resistencia. El resto corrió por cuenta de los depredadores de siempre. Nada escapó a la rapiña: se llevaron muebles, puertas, ventanas, pisos, techos, las mayólicas y los jarrones murcianos. Ni siquiera se salvaron los ojos del dragón que hace cima en el extremo derecho del techo de la casona y que emparenta a la construcción   con las líneas del Club Español de Rosario.

Saqueo. A la villa se accede a través de la prolongación de avenida del Rosario a la altura del 6000 y después de un camino estrecho flanqueado de cañaverales.
La entrada sólo tiene un par de alambres de donde cuelga un cartel.
En el sendero, la lluvia fijó las huellas de   un camión y una moto. Rastros de los que vaciaron la construcción.
Del saqueo dan muestra algunos textos   desparramados, abiertos, húmedos y salpicados de barro.
Trozos de madera, vidrios rotos, restos de muebles, rastros de un incendio, fotografías, trapos y macetas tiradas en un radio de varios metros alrededor de la casona que perdió parte de sus muros,   azulejos, pisos y techos.
Entre los restos hay manuscritos sobre medicina, una novela en francés y ejemplares de "Carta política a sus   correligionarios de Santa Fe", un texto de Caballero, editado en 1955.
El poeta murciano Vicente Medina construyó Villa Hume en los primeros años del siglo XX, como la réplica de un castillo moro, para amortiguar la nostalgia de su terruño español. Caballero lo compró y   ocupó hasta su muerte, el 16 de julio de 1963.
Después fue ocupado por algunos familiares y luego por un cuidador que falleció hace un mes y medio. Desde ese momento la   suerte del castillo moro quedó echada.
Según un familiar de Caballero no fueron pocos los contactos para interesar a la provincia o el municipio en el rescate y preservación " No podemos hacer frente a los gastos que demanda conservar el lugar sería muy importante que alguna institución se interesara " explicó Caballero tuvo dos hijos un varón que lo precedió en la muerte y una mujer discapacitada Hoy sus familiares son los descendientes de sus sobrinos pero ninguno puede hacerse cargo del emblemático sitio.
 

viernes, 12 de diciembre de 2014

CASA DEL DR. RICARDO CABALLERO QUE PERTENECIO AL POETA VICENTE ME



QUINTA DE HUME, AVDA. DEL ROSARIO 5900 Alejandro Cirilo Caballero Soy hermano de Mercedes y sobrino nieto Del Dr Ricardo Caballero dueño de la mansión de esas fotos . Vicente Medina la construyo en el año 1900 mas o menos y mi Tío se la compra a Medina en el año 1928 cuando mi Tío era Jefe Político de Rosario y Medina andaba con algunos problemas judiciales que mi Tío se los resolvió de allí su amistad con el .A la casa la conozco hasta el ultimo rincón ya que viví allí varios años con mi Tío . Si le interesa saber algo sobre las fotos me pregunta y con todo gusto se lo explico ya que cada cosa tiene su explicación. La casa fue saqueada y demolida por delincuentes en menos de un mes pues se nos murieron los caseros. Actualmente queda el predio que es todo monte y lo tenemos en venta serán 10 hectáreas mas o menos .Saludos. Vicente Medina Tomás, (Archena, Murcia, España 1866 -  Rosario, Santa Fe, Argentina 1937). Poeta y dramaturgo español y uno de los símbolos de la identidad regional murciana. Su principal obra, Aires murcianos (1898), se convirtió en un trabajo de referencia del costumbrismo sentimental y de denuncia social, alabado por literatos como Azorín. Hoy día es considerado el mejor autor en lenguaje tradicional murciano. Infancia y juventud. Hijo de un trabajador autónomo y una modista, Vicente Medina nació el 27 de octubre de 1866 en la localidad de Archena, en plena Vega del río Segura. En su pueblo estableció contacto con las letras a temprana edad ya que su padre don Juan de Dios Medina, se hizo cargo del quiosco del balneario de Archena, donde Medina pudo leer a autores como Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, Víctor Hugo o Emile Zola. Su padre era conocido como Juan de Dios, "el de los romances", ya que era un gran conocedor de estos autores, e incluso los recitaba por los pueblos; además de que era un talentoso empresario, comerciante, macero, trovador, bardo, aficionado a los viajes de aventura, a la literatura, la actuación, el canto , la música, la danza y al teatro. De esta forma, se puede suponer que Vicente Medina tuvo una infancia repleta de historias y de relatos, reflejados en el ejemplo paterno. Con sólo trece años se marchó de su localidad natal para trabajar como relator en la mansión de un Procurador de los Tribunales, aunque pronto volvió a Archena para continuar con la venta de libros y preparar unas oposiciones de telégrados o aduanas que nunca llegó a realizar. Con 18 años ingresó en el ejército, donde llegó a cabo de Infantería de Marina con destino primero en San Fernando (Cádiz), y posteriormente a su tierra, concretamente la Capitanía General de Cartagena. Sus primeros versos como poeta se publicaron durante su estancia en Filipinas, donde fue como voluntario, comenzando allí su oficio literario. En 1890 abandonó el ejército para volver a la Región de Murcia. Acabará en Cartagena, tras fracasar con un negocio de tejidos en Archena. Sus inicios literarios en Cartagena En la ciudad portuaria encontró trabajo en el Arsenal y en una oficina comercial del dueño de dos periódicos, La Gaceta Minera y el Diario de Cartagena. En 1891 contrajo matrimonio en Archena con Josefa Sánchez Vera, la que sería personaje indiscutible en su poesía. Ambos se trasladaron a Cartagena, donde Vicente trabajaba. Allí participará de la vida literaria y artística de la ciudad, notándose su presencia en las tertulias del Abanico, con Inocencio Medina Vera (su primo), Bartolomé Pérez Casas y sobre todo, José García Vaso, su mentor y amigo. En este momento publicó colaboraciones literarias en El Diario de Cartagena, El Republicano, o El Mediterráneo. En 1895 apareció su primera publicación, el poema titulado El Náufrago, que fue bien recibido entre la crítica y el público, aunque después Medina renegaría de él. El autor lo elaboró con un propósito benéfico, socorrer con el producto de la venta a las víctimas del Reina Regente. El éxito de sus Aires murcianos] En la ciudad de Cartagena publicó su primera obra dramática, El Rento (1898), con la cual Vicente Medina quiso recuperar y dignificar el lenguaje huertano, el cual era usado cómicamente en las fiestas de carnaval llenándolo de barbarismos y extravagancias, algo que para el autor resultaba indignante. Fue entonces cuando, en total desacuerdo con esta interpretación del panocho, escribió el drama huertano de El Rento usando el dialecto murciano. El cual, fue muy bien acogido por la crítica nacional, principalmente por José Martínez Ruiz Azorín, que dijo de este trabajo: El Rento es una hermosa obra, un cuadro o canto sentido, conmovedor, de costumbres campesinas (...) Un drama pasional, una pintura fácil de un medio (...) es el drama del labriego, de la ruda gente del campo, embrutecida por el trabajo feroz de todo el día, explotada por el amo . Las excelentes críticas recibidas, animaron a Vicente a juntar los poemas que elaboró como ensayo para confeccionar El Rento, surgiendo así la primera edición de la que sería su obra maestra y más conocida, Aires murcianos (1898). Este libro de poemas se convirtió en su obra cumbre, todo un canto al sufrimiento de las gentes de la huerta del Segura. Su éxito fue inmediato, llegándose a publicar incluso una edición en checo. Azorín dijo del mismo: Aunque no escriba usted más, este diminuto volumen, que es de oro, bastará para colocarle a usted entre los grandes líricos de nuestro parnaso. Su poesía es de las pocas que conmueven hondamente. Puede tener usted la íntima convicción de que ha hecho una obra de gran artista . De hecho, el mismo autor alicantino llegó a prologar la primera edición de la obra. A partir de este momento la vida literaria de Medina se tornó intensa, con estrenos teatrales de cierto éxito, dramas y obras musicales, publicación de numerosos trabajos, tanto en verso castellano normal como en prosa. Dentro de estas obras destacan Alma del Pueblo (1900), La canción de la Vida (1902) y La Canción de la Muerte. También publicó una nueva serie de Aires murcianos titulada La Canción de la Huerta (1905), que vio la luz en Cartagena, además de una compilación de su obra poética en Poesía (Obras escogidas) (1908). Dentro del género teatral, tras El Rento publicó ¡Lorenzo! (1899), La sombra del hijo (1900) y El Alma del Molino (1902). Emigración a Argentina En 1906, diecisiete familiares suyos marcharon a América, por lo que los deseos de Vicente de cruzar el Atlántico aumentaron considerablemente. Finalmente emigró a Argentina en los comienzos de 1908 convirtiendo a éste país en su segunda patria. Su salida de España fue recogida por la prensa murciana, la catalana y aún la suramericana, incluso Unamuno se hizo eco de la misma en La Nación. Primero permaneció en Buenos Aires, para luego pasar a Rosario de Santa Fe, donde a través de diversos empleos mejoró su condición económica, de hecho, llegó a convertirse en propietario agrícola mientras que prosiguió su labor como literato a partir de 1915, que es cuando publicó La Canción de la Guerra (1915), una denuncia antibelicista en plena Primera Guerra Mundial. También editó una revista literaria denominada Letras y entre 1916 y 1919 regentó una escuela en la que ofrecía veladas literarias y conferencias. En Buenos Aires apareció una nueva serie de Aires murcianos titulada Abonico (1917), además de una sucesión de reediciones y colecciones de obras completas. Tras la muerte de su esposa publicó el libro Compañera (1921), compuesto por una serie de poemas de gran tristeza ante el fallecimiento de la que fue su mujer durante 30 años. En 1924 abandonó su empleo por enfermedad, dedicándose a su obra literaria, editar libros y recorrer Suramérica dando recitales de poesía. En 1928 se publicó en Murcia una nueva serie de Aires murcianos, llamada esta vez ¡Allá lejicos! (1928), en la que demostraba su añoranza por la Región de Murcia. Sus últimos años. Regreso a Murcia y exilio final[editar · editar código] Aprovechando una invitación para dar una conferencia en París, decidió volver a su tierra, lo que vio hecho realidad en el mes de marzo de 1931, cuando en olor de multitud fue recibido en Archena, disfrutando días después de unos juegos florales en su honor celebrados en el Teatro Romea de la ciudad de Murcia. También en Cartagena recibió un homenaje en el Ateneo de la ciudad. Los años siguientes los pasó el poeta en su Archena natal, publicando en 1932 el que será su último libro, Belén de pastores y villancicos (1932), obra extremadamente curiosa que da una idea de cómo Vicente anduvo metido en asuntos políticos. De hecho, Medina participó activamente en la política republicana del momento, interviniendo en las elecciones de 1936 a favor del Frente Popular, haciendo defensa de la cultura para todos, del acercamiento de los pobres a los bienes de la enseñanza y la educación. En abril de 1936, aconsejado por sus familiares, abandonó la Región Murciana para volver a Argentina, llegando ya enfermo. El 17 de agosto de 1937 murió finalmente en Rosario de Santa Fe, donde está enterrado. Vicente Medina escribió alrededor de veinte libros de poesía y cuatro dramas teatrales además de una gran cantidad de obra inédita. Sus artículos en periódicos son muy numerosos y se encuentran esparcidos a través España y América. Su poesía comenzó con un romanticismo sentimental y después pasó a incorporar un fuerte rasgo de observación naturalista, que le hizo avanzar hacia la denuncia social, mezclada con una mirada impregnada de un muy noble sentimiento popular: la piedad por el prójimo. En sus poemas comprime ese sentimiento de lo intrínsecamente murciano, desde la visión sentimental de la gente de la huerta del Segura, con gran fidelidad, sin tener que llegar a la sensiblería, superando lo tópico y lo abstracto del suceso. El poema "Cansera", perteneciente a la primera entrega de Aires murcianos, ha sido estudiado profundamente por el historiador José Mª Jover Zamora, quien en él ve una fotografía del espíritu español justamente tras los desastres de Cuba y Filipinas de forma previa a la Generación del 98. Aunque también hay que reseñar en este poema unos geniales valores líricos. CANSERA ¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas arroyás y pegás á la tierra; pa ver los sarmientos rüines y mustios y esnüas las cepas, sin un grano d’uva, ni tampoco siquiá sombra de ella... Pa ver el barranco, Pa ver la laera, Sin una matuja... ¡pa ver que se embisten, de pelás, las peñas!... Anda tú, si quieres, que á mí no me quea ni un soplo d’aliento, ni una onza de juerza, ni ganas de verme, ni de que me mienten siquiá la cosecha..... Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca pise más la senda, ni pué que la pase, si no es que entre cuatro, ya muerto, me llevan..... Anda tú, si quieres..... No he d’ir, por mi gusto, si en crus me lo ruegas, por esa sendica por ande se jueron, pa no golver nunca, tantas cosas güenas... esperanzas, quereres, suores... ¡tó se jue por ella! Por esa sendica se marchó aquel hijo que murió en la guerra..... Por esa sendica se jué la alegría... ¡por esa sendica vinieron las penas!... No te canses, que no me remuevo; anda tú, si quieres, y éjame que duerma, ¡a ver si es pa siempre!... ¡Si no me espertara!... ¡Tengo una cansera!...
Anónimo

A CUATRO AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

A CUATRO AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141