Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 35 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
se conmenora por aniversario del fallecimiento de Negro Fontanarossa

HOMENAJE A NEGRO FONTANAROSSA

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HOMENAJE A FONTANARROSA

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martes, 31 de marzo de 2015

PERSONALIDADES ROSARINAS- Estampas del Pasado



Margarita Mazza de Caries nació en la ciudad de Santa Fe el 22 de febrero de 1846. Radicada desde su juventud en nuestra ciudad, dedicó gran parte de su vida, y apoyada por su importante posición social y económica, a la ayu­da de los más humildes. Fue socia fun­dadora y presidenta de la Sociedad de Beneficencia la cual gobernó con gran dedicación a la ayuda de los más nece­sitados, reuniendo dinero entre los rosarinos más acaudalados. Hija de José Mazza, se casó con don Manuel Car­ies y tuvo numerosos hijos, dos de los cuales, Carlos y Manuel Caries, fueron reconocidos profesionales de la salud. Fallece en Rosario el 5 de septiembre de 1917
Fuente: extraído de la Revista “Rosario y su historia y región” Fascículo N• 102 de noviembre de 2011.

lunes, 30 de marzo de 2015

Rosario Puerto Belgrano . Los equipos pioneros del fútbol



Por Leonardo Volpe, Cristian Volpe y Soccorso Volpe

Corría el año 1916, cuando un grupo de empleados y obreros del ferrocarril Rosario Puerto Belgra­no, con la ayuda de vecinos de la zona, constituyeron un club con el mismo nombre que la compañía francesa de trenes. La fundación se llevó a cabo en un local de la calle Beruti y Riobamba, posteriormente, ese mismo año la flamante institución solicitó afiliación a la Liga Rosarina e intervino en el campeonato de segunda división. Mientras se instalaba su campo de deportes a pocos metros al sur de la estación ferroviaria, jugaba sus cotejos en la cancha de sus rivales. En 1917 actuó por primera vez en el círculo superior, teniendo una pobre actuación, ya que, logró ganar solamente dos encuentros y luego fue excluido del certamen, perdiendo todos los puntos que le restaban disputar. Culminó en la penúltima colocación con ocho unidades. Sus dos únicas victorias las consiguió ante Nacional (hoy Argentino) por 1 a 0 y contra Provincial por el mismo marcador. Prosiguió en la máxima categoría hasta 1926. Tras descender se desempeñó en la división Intermedia (equivalente a 1o B) desde 1927 a 1930. Al implementarse el profesionalismo en 1931, no se integró a la Asociación Rosarina de Fútbol y sus dirigentes prefirieron seguir en la Liga Rosarina Amateur, para disolverse poco tiempo después. La camiseta de Rosario Puerto Belgrano era azul, blanca y roja a rayas verticales gruesas. La presencia de los colores de la bandera de Francia en su divisa, sumado a que fue instaurado por empleados de un ferrocarril de firma gala, le dio el mote de "los france­ses" al equipo.
Cabe señalar que en la localidad bonaerense de Punta Alta existe un club, fundado en 1920, que lleva el mismo nombre y que además posee la misma indumen­taria que supo tener otrora su antecesor rosarino.
Contra los grandes de la ciudad
Poco se puede destacar de sus choques ante Newell’s y Rosario Central, debido a que fue derrotado casi en la totalidad de los partidos que disputó contra estos conjuntos en la primera división de la Liga Rosarina. Solamente pudo rescatar dos empates ante los canallas por 0 a 0 en 1922 y 1923, sin contar que en 1920 le ganó los puntos al elenco auriazul, por haberse retirado este último del torneo. El resto fueron traspiés y muchos de ellos en forma estrepitosa, como por ejemplo el 0-15, que registró ante Central, en 1919 o la caída por 7 a 2, ante los rojinegros en 1925.
Su mejor campaña
El desempeño más sobresaliente de Rosario Puerto Belgrano en el campeonato Nicasio Vila, se produjo en 1921, competencia en la cual se posicionó cuarto, detrás de Newell's, Tiro Federal y Central Córdoba. Sumó 32 unidades, producto de trece triunfos, seis igualdades y tan solo cuatro tropiezos. En dicho evento obtuvo importantes rendimientos futbolísticos; una muestra clara de ello, es que se impuso a rivales tradicionales como lo son los tirolenses, charrúas y salaítos a los que venció por 3 a 0, 4 a 3 y 5 a 1, respecti­vamente.
Luego de esa brillante performance, su rendimiento fue magro y deambuló en los puestos de retaguardia. Vale recalcar que sus mayores goleadas frieron ante Talleres por 5 a 0 en 1925 y contra Provincial por 6 a 1 en 1926. También es de remarcar que el único título que cosechó en la Liga fue la Copa Ciudad de Rosario (cuarta división) en 1928.

Bibliografía: Puntapié Penal (J. Dellacasa), Anales del Fútbol Rosarino (Cipriano Roldan), revista Monos y Monadas, diarios la Capital y la Tribuna.

Fuente: extraído de la Revista “Rosario y su historia” Fascículo N• 59 de diciembre de 2007

viernes, 27 de marzo de 2015

COOPERATIVA AGROPECUARIA FEDERADA DE ÁLVAREZ Y PIÑERO LIMITADA



Noventa años de buena cosecha
Lo entidad de Álvarez estuvo entre los primeros que fundó Federación Agraria en el país. De aquellos diez es lo único que quedó en pie.

Noventa años no se cumplen todos los días y, llegar a esa edad gozando de la buena salud, visión y fuerza que tiene la Cooperativa de Álvarez no es fruto de la casualidad. La persistencia desús productores ha transformado en robustez institucional cada tiempo crítico vivido por el campo argentino.

Corría 1890 cuando Justina Rodríguez decide donar tierras para dar origen al pueblo de Álvarez, en homenaje a su fallecido esposo. Cuando la comunidad compuesta en su mayoría por familias de inmigrantes celebraba sus 30 años, el horizonte se abrió para los trabajadores de la tierra que se convocaron con el fin de dar a luz una de las obras más antiguas de la localidad.

Federación Agraria afirma sus pasos y en 1920 funda las primeras diez coope­rativas, entre las que se encontraba la entidad que une Álvarez, Piñero y Pueblo Muñoz. El cambiante panorama económico nacional, un sinfín de medidas polí­ticas desfavorables y condiciones climáticas adversas dejaron por el suelo a una gran cantidad de cooperativas a lo largo del siglo. Pero con todo, la de Álvarez logró sobrevivir: el 1o de enero cumplió 90 años y es la única que se mantiene en pie de aquellas precursoras.

Podría asociarse la permanencia en el tiempo con el respaldo patrimonial de los campesinos pero la característica que comparten los 500 asociados es que son pequeños y medianos cultivadores con un promedio de 40 hectáreas cada uno. Una organización que prioriza la ayuda mutua y solidaria por sobre la rentabili­dad demanda personas con corazones brindados en favor de otros iguales. En el caso de Álvarez, mucho tuvo que ver con el crecimiento de la firma don Carlos Petrelli, presidente del consejo directivo, quien lleva 30 años ocupando distintos cargos dentro del mismo.

El antiguo militante manifiesta devoción a los ideales federados y se define como un enamorado  de la cooperativa: "Después de recorrer el siglo seguimos sosteniendo principios fundacionales de esta casa: estar al lado del socio cuando tiene un problema, acompañarlo, ayudarlo, ponerle el hombro al her­mano productor".

En la decida del '90, cuando no había créditos para el sector, las familias de la zona hacían malabares para no tener que vender sus tierras y, al mismo tiempo que muchas asociaciones bajaron sus persianas, en Álvarez la crisis generó mayor unión: los so: os se ayudaron entre sí para seguir adelante, prestándose dinero, herramientas, semillas. Mientras la tormenta arrasaba afuera con miles de colo­nos, la solidaridad permitió que muchas familias continuaran la siembra.

El conflicto con el  gobierno, la recesión económica y la caída de los precios por la crisis mundial  perjudicó en gran manera a los productores y esta realidad se reflejó en la gestión diaria. Al presente, la cooperativa, no mantiene deudas de ningún tipo, abona cada día la relación con sus socios y sigue acopiando costo­sas inversores. Tiene razones suficientes para vivir.

Entidad afiliada a ACA C.L.


CONTACTO

Oficina: San Martín 689 - Álvarez - Santa Fe

Tel. (03402) 461019 / 1165 / 15415210 / 15481271
coopalvarez@dat1.net.ar 







COOP. AGROP. FED. DE ALVAREZ Y PIÑERO LTDA

La Cooperativa Agropecuaria Federada de Álvarez y Piñero Limitada nace en el año 1920, dentro de las diez primeras establecidas por Federación Agraria Argentina. De aquel pu­ñado es la única que continúa con sus puertas abiertas.
Los últimos 15 años fueron los de mayor evolución por la culminación de la planta de silos en Pueblo Muñoz, la com­pra de terrenos y galpones del ferrocarril en Álvarez la renovación del vehículo propio, la adquisición de dos camiones y la obtención de una secadora de cereal de última generación. Además, se tomaron medidas para adecuar las plantas a normas y exigencias ambientales vigentes.
Los servicios brindados son: acopio, acondicionamiento v comercialización de granos, asesoramiento agrotécnico venta de insumos (semillas, agroquímicos y fertilizantes) suministro de combustibles, filtros, lubricantes y asistencia juridico-contable.
El actual Consejo está integrado por: Petrelli C, Vanni Á., Strupeni M.A., Coppari A., Lanciotti O. , Fontanella I., Montalbini C, Spárvoli E., Boccolini O., Luppi L., Vítelli J., PolentaT., D'Agostino G., D'Agostino V., Lardelli L., D'Alessandro A.
Fuente: Extraído de la revista de La Capital del Bicentenario en 2010.







jueves, 26 de marzo de 2015

LA PERDURACIÓN DE LAS IMAGENES



Cada una de aquellas ceremonias sociales, en especial los casa­mientos, así como la liturgia de los retratos familiares que todavía hoy pueden hallarse en miles de casas rosarinas formando parte de los recuerdos de abuelos o bisabuelos, demandaba la existencia de quie­nes perpetuasen esos momentos y esas personas. De ese modo, las casas de fotografía y los fotógrafos se convertían en importantes referentes de la vida social de las clases pudientes tanto como de los cotidianos acontecimientos del resto de una ciudad que, entre 1900 y 1930, estaba construyendo su definitivo perfil.
Es asimismo con la popularización de la fotografía que se facilita la perduración de los mayores e incluso de los menores momentos de la vida cotidiana y privada de las personas, desde los casamientos a los nacimientos y desde la memoria de los antepasados y los muertos a la frivolidad de las recreaciones mundanas, e incluso a la comprobación objetiva de los cambios que el paso del tiempo conlleva en cada uno. El interés por la novedad de la fotografía como modo de resguardo del presente (y también del pasado) perduraría hasta los años 30 para decaer luego y reaparecer en las últimas décadas del siglo XX.
Alain Corbin, Roger-Henti Guerrand y Michelle Perrot consig­nan: La irrupción del retrato en el seno de amplias capas de la sociedad modi­fica la visión de las edades de la vida y en consecuencia el sentimiento del tiempo. Como soporte que es de la imaginación, la fotografía renueva la nostalgia. Por primera vez le resulta posible a la mayoría de la población representarse a sus mayores desaparecidos y a sus parientes desconocidos. Se vuelve también per­ceptible la juventud de los ascendientes a cuyo lado se vive cada día. Y se efec­túa de rebote una transferencia sobre las señas de la memoria familiar.
"Chute & Brooks" sería, desde la última década del siglo XIX y hasta los años de ambos centenarios, la predilecta de la colectividad británica y de las familias más notorias, con su estudio fotográfico ins­talado en Rioja 1060. La casa se había iniciado en Montevideo en 1868, con LymanW. Chute yThomas Brooks como socios, quienes en 1879 trasladan el negocio a la porteñísima calle Florida, centro de la vida social y mundana del Buenos Aires del fin del siglo. El éxito los acompaña tanto que en 1885, deciden la incorporación, también como fotógrafo, de Robert Chute, que vivía en Estados Unidos y que, tres años después, se radica en Rosario, donde abre una sucursal del estu­dio, bajo la misma razón social, siendo la primera en introducir en la ciudad los trabajos al carbón y platino.
Del 900 eran asimismo el estudio fotográfico de Eugenio Widmayer, en San Martín 810, sucursal de una casa porteña, donde se vendían cámaras fotográficas, y la "Fotografía Universal", de C. Rodríguez y Compañía, en Libertad 943, luego 881, con especiali­dad en platinos y bromuros y un slogan que afirmaba: Garantizamos los trabajos realizados en días nublados como si fueran días claros; la de F. Corte, publicitada en 1905 como primer establecimiento fotográfico del Rosario de Santa Fe, en San Martín 1336; la de G. Ameglio, en San Martín 974, y "Foto Iris", en Córdoba 1461.
Hacia el Centenario, podía consignarse asimismo a "Giordano y Wallace", en San Luis 940; el estudio fotográfico "Siglo XX", en Córdoba 854; la "Gran Fotografía Florida", que en 1904 estaba instalada en Córdoba 1149; "Luz y Sombras", de Alberto Daza, en Córdoba 1236, que en 1910 promociona esmaltes americanos únicos en Rosario; "La Eléctrica", San Juan 1034; la "Fotografía Italiana", de José Grazia, en Santa Fe 1133, al lado del Correo, que en 1915 ofrecía retratos al lápiz con fino marco artístico a $15; Castellani Arte Fotográfico (sucesor de "Assanelli y Castellani"), primero en San Martín 874 y luego, hacia 1923, en Córdoba 1365, lo más fino y selecto en retratos Gravure y ampliaciones al pastel.
Lugar especial tendría "Witcomb", instalada en la ciudad en 1918 en San Martín 874, sucursal de la legendaria casa porteña cuyo archivo fotográfico sería, con el tiempo, un invalorable testimonio del pasado argentino, incluida buena parte de la vida rosarina. Alejandro Witcomb se radicó en Rosario en 1869, primero en Libertad 173 y un año des­pués en Córdoba 161, desde donde se trasladaría a Libertad 134. Es en 1878 cuando decide su instalación en Buenos Aires, convirtién­dose desde entonces en el fotógrafo predilecto de la alta sociedad por­teña, cuyos retratos y costumbres fijaría para siempre en sus trabajos.
Igualmente pioneros fueron A. Alexander, en San Juan 1019; Francisco Arturo, con su casa de fotografía en San Luis 911; Antonio Emanuel, en Güemes 2528; César Grosso, en San Martín 992; "Militano Hermanos", en Independencia 955;"Morchio,Vasalli y Cía.", que editarían a comienzos del siglo una valiosa serie de posta­les coloreadas de distintas zonas y paseos del Rosario; "Caffaro y Cía.", en Córdoba 1147 o el estudio fotográfico "De Negri Hermanos", en Sarmiento 988. Relación con todas ellas, del mismo modo que con los artistas plásticos, tendría otro antiguo comercio:"Casa Masoero", que desde 1889 se encargaría, en Rioja 957, y por más de un siglo, de la confección de marcos de madera tallados a mano.
Fuente: extraído de libro rosario del 900 a la “década infame”  tomo III editado 2005 por la editorial homo Sapiens Ediciones. Autor Rafael Ielpi

jueves, 19 de marzo de 2015

EL CORO DE PAJAROS



Leticia Cossettini, cautivante narradora e inigualable en la elección de términos, contó al­guna vez con sus palabras cómo y por qué surgió el coro: "El coro de pájaros nació como pequeña célula en 1936. Yo tenía enton­ces un grupo de chicos inquie­tos, nerviosos, inestables. Por ello, con frecuencia, los sacaba al patio, bajo los árboles, y los distraía de alguna manera: con­versando de las flores, de las hojas, del río. Un día me piden un cuento. Acepté. Como eran chicos a los que nadie les conta­ba cuentos en su casa, todos se agruparon lo más cerquita posi­ble, porque uno cree que acor­tando las distancias se ve y se escucha mejor. Se me ocurrió un viejo cuento tradicional donde la protagonista era una niña cautiva en una torre y que debía hilar una cantidad inmensa de cáñamo porque si no caería so­bre ella un maleficio. La niña llora desconsolada y comien­zan a aparecer pájaros por las ventanas de la torrecilla. Los pájaros hablaban, como en los buenos tiempos de las fábulas: ¿Por qué lloras? La niña les expli­ca y ellos responden: No, no, no llores. Te vamos a ayudar.
"Empezaron a trabajar, entre aleteos, bisbiseas y trinos hila­ron todo el cáñamo; todo estuvo listo y la niña se libró del ma­leficio, gracias al encanto de los pájaros. Los chicos se quedaron callados. Y en ese momento... Hay momentos, pocos en la vida, en que uno dice justo lo que hay que decir. No ocurre siempre, por lo menos en mi experiencia personal. Yo les pregunté: ¿Us­tedes saben imitar el canto de algún pájaro?. "Yo si sé" -dijo alguien-: sé hacer la paloma". Claro, pensé, era la que oía con más frecuencia. ¿Y cómo hace esa paloma? El imitaba la palo­ma y yo lo observaba. Escuché y sugerí la paloma puede cantar distinto cuando sale el sol, al atardecer, si está triste, si lla­ma a sus pichones. El sonido cambia de intensidad si está le­jos o cerca. Propuse dirigirlos sin palabras, con mis manos. Yo indicaba quién tenia que hacer el canto, más alto, más bajo, juntos, en silencio. Surgieron otros cantos, el gorrión, la pirin­cho se fueron incorporando. Pe­ro el proceso era siempre el mis­mo: afinación y armonización. Lo interesante fue que esas cria­turas, ese grupo de chicos, un poco considerados con cierto alejamiento, porque eran menos inteligentes, porque eran menos brillantes, porque eran más ru­dos, se sintieron personajes. En años sucesivos se fueron abrien­do nuevos registros. Yo  entreví que ésto podía alcanzar a ser una cosa más vasta, más sensi­ble, y abrí la invitación a todos los niños de la escuela. Se ano­taban por año sesenta o setenta chicos y había que elegirlos; en­tonces el jurado se hacia con los mejores imitadores de pájaros. Y un día se citaba: "Mañana, a las nueve de la mañana, en el salón de música se va a hacer el concurso". Era conmovedor. Porque estaban como los ejecu­tantes de las orquestas, afinan­do el pico cada uno. Algunos estaban tan emocionados que al principio el canto no les salía... Pero de acuerdo al clima de la escuela, que era paciente, afec­tuoso, se les decía: "Bueno, es­pera un ratito: ya te va a sa­lir..." Llegó a integrarse ese co­ro con más de sesenta chicos. Yo he visto mucha gente emociona­da hasta las lágrimas escu­chando este coro. Lástima que no se grabara ninguna actua­ción: la escuela no tenía recur­sos para ello. Las fotografías que yo tengo, estupendas, son por la generosidad de Hilarión Hernández Larguia. El las hizo tomar...''
Las palabras de Leticia narran­do su experiencia lejana, aclaran los conceptos: un maestro abierto, sin preconceptos, deján­dose crecer cada año con su grupo y tratando de encontrar justo lo que hay que decir, en­cuentra tantas posibilidades como niños tiene a su cargo.
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

lunes, 16 de marzo de 2015

UN CORTAZAR INEDITO



Julio Cortázar, entonces es­critor inédito, envió a Olga una carta, con motivo de la lectura de "El niño y su expre­sión". Aquel viejo testimonio del autor de Rayuela adquiere, con el tiempo, un valor y una calidez que retratan la perso­nalidad generosa y la sensibi­lidad de quien, después, se convertiría en un nombre im­prescindible de la literatura, argentina. Cortázar, profesor entonces en la Escuela Normal de Chivilcoy decía a su colega de Rosario: "He leído El niño y su expresión y sentí de inme­diato la necesidad de escribir­le, para que supiera Ud. de mi admirado reconocimien to an­te la obra que se lleva a cabo en la escuela de su dirección. Obra que —y es triste tener que afirmarlo en esta tierra joven donde todo parece vie­jo— se alza como una excep­ción, como un ejemplo solita­rio que ignoro si será escucha­do. Su libro, señorita Cossetti­ni, donde junto a sus palabras llanas y claras se nos muestra la pura poesía de esos poemas y esos cuadros, duerme acaso ya en anaqueles olvidados. Yo no puedo olvidar a sus chicos y a Ud. Leí y vi esos milagrosos frutos de la espontaneidad bien encaminada, y creí com­prender la viva lección que de todo ello surge.
"No sé si esta carta, alejada de cánones retóricos, le expre­sará a Ud. mi aprecio y mi admiración. Pero pienso que sí, porque Ud. vive plenamente y busca que sus alumnos lo­gren esa total expresión del ser virgen de postulados y pre-conceptos. Por eso, que total expresión del ser virgen de postulados y preconceptos. Por eso, que queden-claro testimonio de amistad i comprensión.
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

sábado, 14 de marzo de 2015

LA OPINIÓN DE UNA PIONERA



La recordada maestra Amanda Arias —docente por definición y por vocación— fue una de las que con mayor autoridad valorizaron la ex­periencia de las Cossettini: ..."Así entiendo la misión de la escuela serena argentina. Por eso, el espíritu de nuestras es­cuelas debe ser también el de corregir los defectos naciona­les; por ejemplo, la indiferen­cia por los problemas de inte­rés general, el no te metas, che, del que tan claramente habla­ra en su oportunidad nuestro profesor Pizzurno. Debemos querer que en la conciencia de cada argentino triunfe la con­vicción de que es un elemento indispensable para el progre­so de la sociedad en que ac­túa..."
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

viernes, 13 de marzo de 2015

EXISTIO...CON QUIEN?...



"Victoria Olga Cossettini, la "señorita Olga" como la llamaba cariñosamente la gente del barrio es la inteligente mujer que funda­mentó teóricamente y condujo esta escuela de avanzada. Nació el 18 de agosto de 1898 en Rafaela. Hija de inmigrantes italianos. Su infan­cia que transcurrió en contacto con el campo pampeano, la tornó sagaz observadora de la naturale­za. Aprendió también allí a respe­tar el esfuerzo del hombre en su trabajo diario
Olga se recibió de Maestra Nor­mal Rural en la localidad de Coron-da en el año 1914 y comenzó a ejercer en Súnchales, pequeña po­blación de la zona. A partir de 1923 se desempeñó como maestra de grado en la escuela primaria del Normal NQ4 "Domingo de Oro" de su Rafaela natal. En 1930 ocupó la regencia de dicho establecimiento, cuya dirección estaba a cargo de Amanda Arias.
Olga encontró en Amanda Arias inquietudes similares a la suya y, fundamentalmente, pudo ser testi­go de situaciones que mas tarde le tocarían protagonizar. En ese lap­so comenzó su trabajo sistemático buscando las formas para encarar una reforma profunda en los siste­mas ortodoxos de la escuela públi­ca. Sensiblemente percibió que no se trataba de cambios de horarios ni programas, sino en abrir de par en par las puertas del aula a la vida.
Se perfiló allí, en la escuela Nor­mal de Rafaela, su proceder res­ponsable y valiente en defensa de su ideología y su proyección en las manifestaciones de la comunidad. Estas características fueron cons­tantes de su vida. Estudió, buscó las formas de mantener su infor­mación actualizada mediante la lectura de publicaciones y corres­pondencia con pedagogos euro­peos y norteamericanos contempo­ráneos que incursionaban en nue vas técnicas. Con algunas de las maestras, entre las que se hallaba su hermana Leticia, comenzó a va­riar el enfoque de los temas curriculares y su aplicación en el aula: excursiones, observaciones minu­ciosas del entorno, juegos espon­táneos y libertad en la expresión verbal y escrita eran sus puntos claves. Olga registró la tarea del aula en detalle, transcribió los diá­logos de los chicos y las apreciacio­nes de las maestras que respondie­ron a sus premisas teóricas.
Este documento fue presentado en el Primer Congreso Pedagógico de Escuelas Normales Provinciales realizado en Coronda en 1933. Tanto relieve tuvo la ponencia co­mo admiración las expositoras, ya que Amanda Arias enmarcó lo re­alizado con la aguda y valiente cri­tica al sistema imperante. La pos­tura mereció el abierto reconoci­miento del entonces Ministro de Educación Prof. Juan Mantovani.
Inevitablemente, estas actitu­des frontales y más aún provinientes de mujeres inteligentes y libe­rales no fueron bien vistas por los sectores reaccionarios que mani­pulaban los círculos de poder en Rafaela. Presionadas, asfixiadas. no pudieron seguir lo proyectado, Amanda renunció al cargo y Olga pidió traslado... el destino fue Ro­sario, la escuela Carrasco que la recibió en 1935 dispuesta, como siempre estuvo en su larga vida, a superar las dificultades con nue­vos trabajos.
Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992

martes, 10 de marzo de 2015

LETICIA COSSETTINI



Por CARLOS E. SALTZMANN


La obra de Olga Cossettini no se habría llevado a cabo tal como fue si a su lado, en la escuela y en la casa -en ésta para compar­tir, discutir y alentar; en aque­lla para colaborar y para impul­sar la obra colectiva- no hubiese estado, con su luz propia y com­plementaria, su hermana Leti­cia.
Estas dos personas asombro­sas, por raro que parezca, no fueron excepción dentro de una familia creativa y cautivante, de cada uno de cuyos miembros emanaba una poderosa seduc­ción: milagro sencillo del padre y la madre, cuyo secreto hemos perdido. Y sin embargo, Olga y Leticia carecen de iguales, y aun de semejantes: ambas tenían - tiene, Leticia- un atractivo sin­gularísimo, una asombrosa ca­pacidad de creación, y ese don infrecuente que señala a los ar­tífices de hombres y mujeres, a los Jardineros de seres huma­nos.
Olga cumplió, sin duda, y con brillante eficacia, el papel orga­nizador y directivo, con un co­nocimiento permanentemente incrementado por su curiosidad abierta y dinámica, con certera I Intuición, con habilidad para promover lo mejor de cada uno.
Pero Leticia ocupó, en el terre­no que acotaron con el esfuerzo compartido, un lugar que sólo ella podía llenar. Leticia es una artista, si las hay: una artista polifacética, porque la creación le es esencial. Cuanto toca,  cuanto hace, cuanto dice, se troca en belleza. Rara vez se encuentra plasmada en una persona, como en ella, ese gra­do de armonía que alcanza la creación cuando está sustenta­da por una forma racional que no estorba pero sí contiene e in­tegra la intuición estética.
Tal vez los perfiles propios de Leticia, la hermana menor junto a la mayor, la maestra de grado junto a la directora, no se hayan destacado durante algu­nos años con toda su brillante nitidez, a causa de la enverga­dura que se le reconoció a Olga.
El tiempo, no obstante, hizo posible que el despliegue pro­gresivo y natural de la inagota­ble riqueza creativa de Leticia revelara en diferentes terrenos su personalidad admirable:
-En la escuela, en función catalizadora, muchas veces por virtud de la sola presencia -por emanación, diría- y tantas otras por discreta sugerencia, hizo posible todo un repertorio crea­tivo:
-Las acuarelas y las tempe­ras, que siendo ilustración coti­diana en el cuaderno provoca­ban el asombro de los visitan­tes, y el placer de sus autores;
-los apuntes del natural que por dinámica potenciación recí­proca -el estímulo de la natura­leza y la respuesta de la sensibi­lidad del niño- daban por resul­tado un descubrimiento cada vez más rico del mundo circun­dante: ¿para qué copiaba Leo­nardo?
-las teatralizaciones de poe­mas, cuentos y episodios, que produjeron en la escuela -y donde se los llevó- la magia fina y bella de un teatro infantil enteramen­te diferente de todo otro: un teatro plástico, mímico, danza­do, y sobre todo divertido, origi­nal y estimulante; -el teatro de títeres, que con cabezas y vestidos que eran cada uno una minuciosa y perceptiva recreación del personaje, con telones y sonidos bellamente estructurados y un repertorio que se nutría de García Lorca, Juan Ramón Jiménez y Javier Villafañe supo deleitar confino humor y gracia pura a chicos y grandes:
-el coro de pájaros, esa creación única que tantas referencias admirativas ha originado;
-las esculturas de arcilla, de chala, de corcho, de semillas y frutos, que abrieron un mundo de libertad creadora a centena­res de chicos.
Fuera de la escuela (desde la escuela, con ella, más allá de ella) Leticia, desde el fondo de su alma artística, no cesó de producir y de crear: ha pintado bellas naturalezas vivas, con acuarelas y tempera, modelado sus notables lechuzas incrusta­das y sus figulinas de chala, de corteza y de semillas, ha com­puesto su maravilloso Jardín y ha publicado sus ideas y expe­riencias sobre el teatro infantil: Teatro de niños y Del juego al arte infantil.
¿Qué nuevas sorpresas de creación y goce nos reserva este hada de la belleza? Desde hace un tiempo estudia guitarra, y en algún gabinete de perfumada madera ha de guardar cuentos y poemas. ¿Nos dejará oiría cantar? ¿Podremos leer esas páginas diferentes? No será fácil, porque me temo que debamos esperar hasta que Leticia Juz­gue que la música es por lo menos tan pura como la del pájaro y las palabras tales como para complacer a Federico o a Juan Ramón.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario Historias de aquí a la vuelta. Fascículo Nº 19. Autora. Amanda Paccotti de marzo 1992.

viernes, 6 de marzo de 2015

COSSETTINI, Leticia y Olga ( 1904-2004 / 1899-1997)



Por Marcela Isaías

LA LIBERTAD VIVE EN LAS AULAS

Fueron excepcionales. A una sensibilidad única le sumaron su innato amor  por la infancia , que volcó en una obra cuyo legado permanecerá en el tiempo.  La clave era su respecto por la inteligencia  de los chicos.

Desde la primera vez que Leti­cia me abrió la puerta de su casa en barrio Alberdi en­tendí que a la obra de las hermanas Cossettini era posible dimensionarla en imágenes y sensaciones.
Vestida de blanco, nos invitó a pasar. Rubén Naranjo me acompañaba, era un gran amigo de la maestra santafesina.
Pasaron pocos segundos para que Leti­cia me llevara a ver las plantas de su jar­dín, mostrara cuadros que había pintado y esculturas. También contó que el juego de té sobre la mesa era uno de los tantos regalos que conservaba de sus alumnos.
Al igual que su hermana Olga, se gra­duó de maestra normal a los 16 años en la Escuela Normal de Coronda. Desde en­tonces empezarían a escribir una historia pedagógica imborrable.
Una y otra eran intelectuales de su época. Su oficio de enseñar fue tocado por la pintura, la literatura, la música y un apego infinito a la naturaleza. A tal pun­to que escritores y artistas de la talla de Bernardo Canal Feijóo, Javier Villafañe, Margarita Xirgú y Juan Ramón Jiménez desfilaron por Rosario para conocer la lla­mada "Escuela Serena".
"Digno del paraíso", fue el comentario de la poeta Gabriela Mistral al escuchar el "Coro de pájaros" formado por los niños de
la maestra Leticia.
La experiencia, que puso a la escuela pública en el mejor de los lugares, duró entre 1935 y 1950. La pasión por el co­nocimiento y la expresión fue la premisa del trabajo que alcanzó a los 600 alumnos que por esos años poblaron la Escuela Ca­rrasco.
Olga fue la directora de este proyec­to que trascendió al mundo, que removió adormecidas didácticas para dar lugar a una verdadera revolución del aprendizaje y la enseñanza. Bajo su dirección no hubo un libro de lecturas, sino muchas obras lite­rarias; la ciencia se buscó en la naturaleza y los valores se aprendieron en la democracia ejercida en las aulas, donde convivían los hijos de obreros y pescadores, y los de las clases más cultas y acomodadas.

Pero el rasgo distintivo de "La Escue­la de la Señorita Olga", tal como llamó el realizador Mario Piazza a la película de­dicada a la experiencia, fue el respeto a la inteligencia de los niños.
En 1950 un decreto ministerial separó a Olga de la dirección. Fue un intento de detener lo que la educación pública era ca­paz de lograr con buenos maestros Imposible. En cierta oportunidad, Ol­ga ya había develado en qué consistía el método de su trabajo de maestros frente en su capacidad, nuestra confianza en su obra, nuestra amistad, nuestro cariño, nuestro apoyo, que él siente y de tal manera nos devuelve (…), de nadie más que de él es esa armonía, esa amistad, ese ambiente alegre; mueve en el aire, hasta que nos dice hasta mañana".

Las hermanas Leticia y Olga fueron un  manantial inagotable de enseñanza para sus alumnos de la "Escuela Serena".


Fuente: Extraído de la Revista de capital de los 140 años del año 1987

A TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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