Escudo de la ciudad

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El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

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lunes, 6 de marzo de 2017

ROSARIO, CAPITAL ECONOMICA

Por Héctor N. Zinni
La revista porteña Leoplan, que dirige don Ricardo Sopena, en su cuarto número correspondiente a febrero de 1935, se ocupa de Rosario, rica plaza comercial que atrae al comercio nacional e internacional. Don Ramón ha mandado a nuestra ciudad a un enviado especial, Héctor 011er, quiendespués de haber andado por todas partes y hablado con medio mundo, publica un interesante informe ilustrado con fotografias del Puerto, la calle Córdoba, el parque Independencia, un tramo de Bv. Oroño, un esquema con la zona de influencia del Puerto Rosario -que abarca mitad de la provincia de Santa Fe, de Norte a Sur, y todas las provincias cordilleranas, desde Jujuy hasta el centro de Mendoza- y, entre otras notas gráficas, una donde se puede apreciar como en los grandes días del fútbol rosarino las canchas cuentan con la presencia de una cantidad de mujeres "en número y calidad insospechable".
Bien vale la pena transcribir el trabajo de 011er, porque de su atenta lectura se desprenden las alturas del progreso a que había arribado Rosario, sesenta años antes de escribirse este libro:
Rosario, nervio y musculo de la República
"Si hubiéramos de recurrir a una imagen plástica para representar a Rosario, utilizaríamos la del título: un bíceps contraído en el esfuerzo vigoroso, inteligente y fecundo del trabajo, en que nervios y músculos se aúnan para la acción.
El alma de Rosario fluye de su propia imagen, como a través de un retrato se transparenta el alma de los hombres.
Los pueblos, como los organismos humanos, tienen un centro nervioso de sensibilidad aguda y vigilante. Rosario, centro vital, es el plexo solar de la República Argentina que va dando, como un barómetro, los pronósticos precisos del estado económico-político del país.
Las grandes asociaciones nacionales e internacionales lo saben; tanto que todas ellas han desplazado hacia la gran ciudad santafecina, sus sedes directrices. Y esto es así... aunque nos moleste un poco a los porteños, pagados de ser, por metrópoli, el centro de gravitación de la República...
Hasta la Maffia había situado allá su capital delictiva. Su calidad de centro económico, de que hablaremos más adelante, lo han transformado, por un complejo fenómeno de polarización social, en centro político.
Puede afirmarse que, más de una -quizás la mayoría- de las combinaciones políticas nacionales han nacido allí. Ello hace que sus hombres políticos sean los mejores informados del país. Un dato curioso y sugestivo lo confirma elocuentemente: a poco de resultar electo el actual presidente, llegaba a un gran diario metropolitano enviada desde su sucursal Rosario, en parte secreto, la nómina completa y detallada del futuro gabinete del General Justo... ¡que nadie conocía aún en la Capital Federal!.
Y no es esto un caso único: con extraordinaria frecuencia las más sensacionales noticias de la vida nacional aunque tengan su origen en la propia capital, por curiosa paradoja llegan al conocimiento público retransmitidas desde la ciudad de Rosario.
Confluencia de riquezas
Como si siguiera el mismo plan hidrográfico de nuestra patria, la corriente argentina de producción nace en las cumbres cordilleranas, desciende por los valles como una avalancha, y cruza nuestras feraces llanuras, aumentando más y más su volumen fantástico para, siempre buscando su más bajo nivel, llegar a los puertos de embarque que son, simultáneamente, plazas de consumo.
Si esas corrientes tienen un cauce, puede decirse sin hipérbole, que su desembocadura económica es Rosario de Santa Fe.
Esto es algo que muy pocos argentinos ignoran, aunque quizás no ha sido este fenómeno interpretado en toda su trascendencia, pues, aparte de lo que significa en el orden económico configura toda el alma de Rosario y se proyecta en el porvenir con prolongaciones cuyo alcance nadie podría prever. Unas pocas premisas aclaran el concepto: Rosario es la confluencia indiscutible de las más vastas y ricas zonas de producción, en especial de la agrícola. Basta dar un vistazo al mapa general de la república para llegar a la convicción. Situado en las riberas del Paraná, con un magnífico puerto de aguas de gran calado, es un verdadero eje de entronque al que convergen, desde todos los ángulos, las líneas ferroviarias.
En Economía Política se designa con el nombre de "zona de influencia" la que por diversas y complejas razones, especialmente de orden geográfico, hacen tributaría de un puerto o estación determinada a toda la producción de una región. A veces es simplemente un centro de absorción -plaza de consumo- Otras, terminal de exportación; con frecuencia, como en el caso de Rosario, ambas cosas a la vez.
La zona de influencia de Rosario es, de acuerdo con nuestro sistema de zonas -condicionado por las actuales líneas navieras y ferroviarias y por las que, es fácil preverlo, funcionarán ene! futuro- la más rica y vasta, pues abarca todas las provincias céntricas, del Norte y cuyanas, parte de Formosa y Chaco y Noreste de La Pampa, con frecuentes interferencias en Bahía Blanca y capital Federal a las que, paulatinamente, irá sustrayendo volumen.
Verdad deslumbrante
Una simple cuestión de fletes y transbordos explica el sencillo proceso.
Puede predecirse a plazo fijo la fecha en que, asentada la zona de influencia de Rosario, la "gran capital del sud" irá perdiendo embarques para quedar replegada a -segundo término, como ocurriera con Wáshington y Nueva York. Entonces Rosario será capital económica de nuestro país.
Todo lo indica, y la profecía resulta hasta un poco infantil, a poco que se haya meditado en el crecimiento demográfico y comercial de la laboriosa y rica ciudad.
Sarmiento, con su visión de los problemas argentinos, entonces embrionarios, habíalos ya previsto con respecto a Buenos Aires cuando, hablando de federalismo expresaba que la necesidad forzosa de importar y exportar por el Puerto de la Capital hacían a toda la inmensa república, tributaria de la metrópoli... Entonces los transatlánticos no remontaban el Paraná ni las líneas ferroviarias tenían su entronque en Rosario.
Lo que era entonces exacto, respecto a la capital, es ahora verdad deslumbrante respecto de Rosario. Más de media república es, yio será cada vez más, tributaria de su puerto.
Espíritu de empresa
Surge sin duda de esta característica, visible y casi excluyente, el espíritu comercial que anima a la ciudad toda. Aunque, con más propiedad, en lugar de "espíritu comercial", debía llamársele "espíritu de empresa".
Tal es, antes que lo primero. Pocas ciudades argentinas podrían jactarse de tener más desarrollado el sentido utilitario que la tipifica inconfundiblemente pero, es el suyo un utilitarismo de buena ley, que nada tiene que ver con la sordidez ni adquiere la forma obsesiva que se percibe en los Estados Unidos, donde llega a subrayarse con caracteres morbosos.
Puede jactarse también de poseer el comercio más solido del país. es verdad: su porcentaje de quiebras es insignificante. Y esto, dicho en estos momentos de incertidumbre económica, adquiere rara elocuencia.
Se explica: su comercio ha ido construyéndose sobre la base efectiva e inconmovible del desarrollo paralelo de la misma ciudad. Extranjeros laboriosos que llegaron allí, pobres de dinero pero inteligentes y con voluntad, fueron labrándose una posición con el solo progreso vegetativo de la misma ciudad. La adversidad no puede incidir sobre fortunas cimentadas así. La ciudad debería destruirse a sí misma para destruir su comercio, que ha nacido y crecido con ella y a la que está adherido con raigambres profundas.
De ahí que Rosario tenga el mayor número de grandes fortunas y que su comercio haya partido silenciosamente a la conquista de la metrópoli en la que, cada día, es mayor el número de "sucursales" de casas rosarinas.
Es que, como hemos dicho, hay allí espíritu de empresa; de "empresa", no de "aventura", entendamos bien. Espíritu que ha analizado posibilidades, calculado certeramente e invertido capitales sobre la sólida base de la realidad.
Aprender y progresar
Un simple detalle de la medida exacta: Buenos Aires "inventó" el colectivo; Rosario lo industrializó, con tan vastas proyecciones y miras tan amplias, que no le bastaron los breves circuitos urbanos. Hoy, un vasto y complejo servicio, amenaza seriamente con desplazar los servicios ferroviarios a los que lleva la ventaja de una mayor comodidad, baratura y frecuencia.
De la Plaza Sarmiento, por ejemplo - que es un nudo de tráfico análogo al de nuestra Plaza Constitución- parten líneas en todas direcciones con recorridos que, con frecuencia, superan los 400 kilómetros. Casilda, San Urbano, San Nicolás, Santa Fe, etc., poseen una linea regular de colectivos que parten cada hora y que resultan una tercera parte más económicos que los ferroviarios, hasta en las cargas, que también las transportan.
Buenos Aires, a siete horas de colectivo de Rosario, tendría ya su línea si no se hubiera debido cesar en el recorrido a causa del inexplicable retardo en terminar el tramo pavimentado de Arrecifes a Pergamino.
El singular desarrollo de la industria del transporte colectivo obedece allí a una causa, aparentemente lejana, pero, de hecho, decisiva.
Los gremios en general están allí constituidos por los obreros más conscientes de la república y, probablemente, más cultos. El obrero no se recluta exclusivamente entre las clases menesterosas: los hay que llegan desde capas superiores de la sociedad e ingresan a las filas proletarias con un alto sentido democrático.
Un caso típico: Un ex empleado bancario, de gran porvenir, abandonó los libros de contabilidad y, resuelto a labrarse un porvenir independiente, aprendió de chauffeur. Hoy posee dos colectivos y es uno de los más entusiastas propulsores de ese medio de transporte. claro que no todos han llegado desde allí, abandonando posiciones ya conquistadas; pero, puede afirmarse que, aún entre los más modestos obreros rosarinos hay un vivo e inquebrantable sentido de solidaridad y un intenso deseo de aprender. Quizá sea la ciudad de la república en que esa característica asuma un más amplio sentido de la democracia.
La mujer rosarina
Un sabio aficionado a estadísiticas calculaba el grado de civilización de los pueblos tomando como base la cantidad de jabón que gastaban. Una verdad para los aspectos materiales. Nosotros, más humanos o más sutiles, no nos conformamos con ellos y vamos a buscar ese índice en las características del alma femenina de cada pueblo.
De ella extraemos el coeficiente que nos permite establecer con precisión matemática, el grado de cultura de la sociedad a que pertenece.
Un análisis, -forzosamente superficial-, del espíritu de la mujer rosarina, nos lleva a la convicción de éstas frente a un pueblo de extraordinaria ilustración, de aguda sensibilidad y de varoniles atributos. Inquietudes de una intensidad inconcebible, si no se palparan, mueven a la mujer rosarina, silenciosa pero activamente, hacia una constante superación.
"Leen mucho", me decía Emilia Bertolé en una oportunidad, y esto ya bastaría para definirla, si, además, por razones profesionales no estuviéramos al tanto de que Rosario es la mejor "plaza" de la república para el papel impreso. Toneladas de libros, diarios y revistas llegan y son absorbidos con rara avidez por el público femenino.
Sabernos que la mujer culta y espiritual no podría tolerar al hombre ignorante y materializado por la avidez del lucro. La deducción que fluye fácil y espontánea, es que el hombre, para no estar en inferioridad frente a la mujer y tener probabilidades en la lucha por la perpetuación de la especie, ha debido cultivarse y afinar su espíritu, siguiendo por reflejo el ritmo que le imprimían las inquietudes de la mujer.
Es lo que ha ocurrido en Rosario, donde fuera de las horas de negocio no se oirá a los hombres hablar de otra cosa que del último libro, del más bello cuadro o de una partitura... Al cerrar el libro de Caja han olvidado que viven ellos y la ciudad, del activo comercio de granos.
Tranquila, serena y segura
La cultura singular de la mujer le ha dado naturalidad perfecta; esa naturalidad que es la suprema elegancia y es la forma más bella de la coquetería espiritual es el producto de una sensibilidad afinada en grado imponderable, proceso complejo de desasimilación de prejuicios y de lastres protocolares; control de los nervios creando la serenidad y con ella el dominio de las situaciones, las cosas y las personas.
Es preciso verlas a la hora del té en las grandes confiterías céntricas, para tener la sensación precisa de lo que decimos. En primer lugar, en Rosario, no son minorías las que concurren a ellas. los grandes bares se llenan de elegantes mujeres, solas o acompañadas, mostrando que allí actúa la masa de la población y no pequeños grupos independizados, como ocurre en otras partes.
El aldeano "Salón de Familias", que aún en Buenos Aires perdura como un resabio, ha desaparecido virtualmente allí. En el peor de los casos, una pequeña baranda, apenas visible, es lo único que establece la división que, por cierto, bien pronto
desaparece ante la afluencia de público femenino que no vacila en invadir todo el bar tranquilo, sereno y seguro de si mismo.
Estamos persuadidos de que la mujer de Rosario lleva en su corazón con intensidad y profundidad desusadas, el culto al amor. Creo que poseen, como pocas mujeres, la clave del secreto de la vida.., que no es sino, amor. Pero esa religión del amor tiene una frontera: el respeto de sí misma, por el que, es visible, siente también verdadera devoción.
De todo esto; de la cultura, de la serenidad, de las inquietudes y de la capacidad de amar de la mujer rosarina se extrae fácilmente el índice de que hablábamos para poder juzgar a los hombres y a la ciudad, aplicándole el mismo razonamiento que para la cultura.
Centros de irradiación
No es pues, Rosario, de acuerdo a estas premisas, la "chacra empedrada", como se la llamó despectiva e injustamente, intentando proyectar sobre su vida espiritual las modalidades de su vida económica, de su 'modus vivendi', diremos así. Y lo que aparecería inexplicable para los jueces superficiales; esa convivencia de un agudo sentido utilitario junto a altas manifestaciones espirituales, no tiene nada de paradójico.
Es hasta una regla general para los individuos y para las sociedades que las antinomias, aparentemente más irreconciliables, obedeciendo a la ley de contrastes, fraternicen en una misma alma. Un ejemplo aclara el concepto: la ciudad de reputación más conservadora y católica, alimenta en su seno los núcleos sociales más avanzados, numerosos y activos.
El espíritu comercial rosarino, siguiendo la misma ley, ha dado lugar a la existencia de grupos de fina espirituosidad y alta cultura que, constituídos en centros de irradiaciones siembran inquietudes con una intensidad que ya quisiéramos para nuestra metrópoli.
Un caso, entre muchos otros que hemos conocido: la asociación de Ex Alumnas de la Escuela Normal N° 2, bajo su humilde y poco expresiva designación oculta una de las más vigorosas fuerzas culturales del país... Está constituida por 360 mujeres jóvenes, entusiastas. Y ese entusiasmo ha dado lugar, entre otras muchas manifestaciones valiosas, a la creación de la revista "Quid Novi? ", de tan alto mérito, que honra no sólo a la ciudad sino a la República. Es el más alto exponente que conocemos en su género.
Independencia espiritual
Los rosarinos tienen fama de guapos... y la merecen. Esa guapeza que quizás no sea otra cosa que "respeto a sí mismos", ha sido evidentemente bebida en las inspiraciones de la mujer-novia y de la mujer-madre.
Los hombres no solemos ser sino reflejos de estas etapas de la vida de la mujer, sobre todo de la madre. Con la guapeza se ha formado paralelamente la independencia espiritual que, cuando se va a la otra alfoija, es la rebeldía..., y los rosarinos son rebeldes, por instinto. Sin recurrir a la historia, nos bastará examinar los recuerdos, bien frescos aún, de los movimientos huelguísticos, en que la más leal solidaridad gremial, las más enérgicas y violentas actitudes y la más inflexible rebeldía se aunaban para dejar clara y neta esa sensación.
E idéntico espíritu de rebeldía hace de Rosario el baluarte infranqueable de todo avance reaccionario.
En ninguna otra parte del país hemos visto más decidida campaña y un espíritu 112 más franco y violentamente adverso a toda tentativa de ese género. Rosario está llena de comités de acción democrática y las paredes plagadas de letreros, enérgicos como latigazos, incitando a combatir esas tendencias. Es la medida de un estado de ánimo colectivo y permanente... es el alma de Rosario que no tolera cadenas.
Su situación geográfica hace de esta disposición un verdadero tapón estratégico que amortigua, neutraliza y destruye el enlace de los dos centros de irradiación reacionaria del país, el interno y el de la capital.
Pasión por el deporte
Esos elementos reunidos: rebeldía, guapeza e independencia que no son otra cosa que formas de ebullición espiritual, aplicados a otro campo constituyen la pasión por el deporte que en Rosario es una religión. Sus cuadros, en especial Rosario Central y NewelIs Oid Boys, monopolizan su devoción.
Festejan ruidosamente sus triunfos y lloran en silencio sus derrotas, se enorgullecen de ellos y con justicia.
Rosario Central, incubadora gloriosa de campeones, como Zenón y Octavio Díaz; el viejo Newell's, cien veces líder provincial y algunas campeón argentino... ¿Cómo no habían de amarlos?
Y es por eso que sus canchas, repletas de fervorosos hinchas, se estremecen bajo los aplausos en las tardes magníficas del football local, alentando a sus parciales, y es por eso que la ciudad permanece despierta, cuando se baten en el exterior, defendiendo su prestigio.
Rosario tiene su magnetismo
Los que parten de nuestras provincias a la conquista de Buenos Aires, por un curioso fenómeno de atracción se detienen, invariablemente en Rosario, a veces unos días, a veces mucho tiempo, a veces para siempre. Rosario tiene su magnetismo que acciona sobre las almas y polanza las voluntades.
Es, con relación a nuestra patria, lo que el puerto de la capital con relación al universo: un punto de enlace, un eslabón; antesala de la capital y aduana espiritual del país.
De ahí su raro cosmopolitismo provinciano -si se me permite la analogía- que es una de las más típicas facetas de la ciudad.
Pero, cosmopolitismo que se ha mezclado sin combinarse íntimamente al modo que se diferencian las mezclas físicas de las combinaciones químicas. La estructura espiritual de Rosario no ha sido influenciada para nada por esta característica de su población.
Está como era y seguirá siendo: utilitaria y espiritual, a un tiempo; alegre y reflexiva, apasionada y rebelde, trabajadora y estudiosa.... ciudad del músculo y del nervio. (1)
Notas:
1. Revista Leoplán. Año 2 N°4, Pag. 91, Bs. As. Febrero 1935.
Fuente: Extraído del Libro “Rosario era un espectáculo”- vida teatral, cotidiana. Prostibularia y Radiofonica. Tomo I. Editorial Homo Sapiens. Año 1995.

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