Escudo de la ciudad

Escudo de la ciudad
El escudo de Rosario fue diseñado por Eudosro Carrasco, autor junto a su hijo Gabriel, de los Anales" de la ciudad. La ordenanza municipal lleva fecha de 4 de mayo de 1862

PREVENCION DEL DENGUE

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS

A 35 AÑOS DE LAS MALVINAS
A 35 AÑOS SON Y SERA ARGENTINAS

19 de julio- día del amigo canaya

19 de julio- día del amigo canaya
se conmenora por aniversario del fallecimiento de Negro Fontanarossa

HOMENAJE A NEGRO FONTANAROSSA

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HOMENAJE A FONTANARROSA

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jueves, 27 de abril de 2017

BEPPO LEWI

El profesor Beppo Levi fue un matemático eminente, uno de los primeros del mundo, que vivió en Rosario los últi­mos 22 años de su vida. Había nacido en Turín, Italia, el 14 de mayo de 1875, doctorándo­se a los 21 años de edad. Su nombre llegó a equipararse a insignes matemáticos como Castelnuovo, Enriques y Fubini.
La pesada mano del fascis­mo cerró a Beppo Levi las puertas de todas las universi­dades italianas. Luego de vencer innenarrables dificul­tades el profesor Levi desem­barcó en Buenos Aires acom­pañado por su esposa y dos hijas el 6 de noviembre de 1939. Llegó a Rosario cuando tenía 64 años invitado por el deca­no de la Facultad de Ingenie­ría, el recordado ingeniero Cortés Pía. Publicó en nuestra ciudad más de cincuenta tra­bajos y su libro "Leyendo a Euclides", 1947, Editorial Rosa­rio.
Beppo Levi murió el 28 de agosto de 1961. Sus restos descansan en el Cementerio Israelita de Rosario. Una sen­cilla lápida lo recuerda de ésta forma: "Beppo Levi-matemático".
Fuente. Extraído de revista “ Rosario aquí a la vuelta” Fascículo Nº 21. Autor: Héctor Sebastianelli . De Junio 1992

miércoles, 26 de abril de 2017

BEPPO LEVI Un gran homenaje al científico humanista

El pasado 2 de septiembre se rea­lizó el acto central de homenaje al científico italiano radicado en Rosario, Beppo Levi. Tuvo lugar en el Espacio Cultural Universitario de la Universidad Nacional de Rosario, en San Martín 750.
Disertaron el ingeniero Oscar Peire, Decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura (UNR); la licenciada Patricia Sartor, Directora del Instituto de Educación Técnica N° 25 "Beppo Levi"; el inge­niero Amadeo Lombardi, Vicepresi­dente de la Asociación Cultural Dante Alighieri; el ingeniero José Adjiman, Miembro Comisión Cultura de Asocia­ción Israelita de Beneficencia Kehila Rosario; y el licenciado Pedro Marangunic, Profesor del Departamento de Matemática FCEIA (UNR). Fue uno de los más prestigiosos inves­tigadores y profesores de Rosario, exi­liado italiano por su condición de judío y su oposición a Mussolini. Por eso se sumaron a su organización la Facultad de Ingeniería, la Asociación Israelita de Beneficencia Kehilá de Rosario, la Asociación Cultural Dante Alighieri y el Instituto Superior ISET Na25 "Bep­po Levi" (Pto. Gral San Martín). Así mismo participaron con interpre­taciones artísticas el Coro Litúrgico "Víctor Lein" de AIB Kehilá Rosario (20 voces), interpretando "Aleluya" de Salomone Rossi, y "Los Ríos de Babi­lonia" de Charles Gounod; y el Coro de la Opera de Rosario (60 voces), in­terpretando el Tercer Acto de la Ope­ra "Nabucco" de Giuseppe Verdi, "Va Pensiero".
También, el 28 de agosto tuvo lugar una ceremonia con motivo de la restau­ración de la lápida de Beppo Levi, en el Cementerio Israelita viejo, de avenida Provincias Unidas esquina boulevard 27 de Febrero.
Beppo Levi nació en Turín en 1875. A los 21 años ya se había doctorado en matemática y luego siguió una carrera exitosa en varias universidades italia­nas. Después vinieron la guerra y la in­tolerancia hacia su condición de judío. Fue perseguido y expulsado de su país cuando tenía 64 años y ya se mostraba como uno de los matemáticos más bri­llantes del siglo XX. Llegó a Rosario de la mano solidaria del profesor Cortés Plá (por entonces decano de Ingeniería), quien lo invitó a radicarse en el país y a dirigir el Ins­tituto de Matemática de la facultad. Lo hizo desde 1939 hasta 1961, cuando falleció Uno de sus ex alumnos fue Miguel Werber, fallecido tiempo atrás. Cuan­do en el 2011 se cumplieron cincuen­ta años de su muerte recordó: "Era un hombre de 1,56 metro de alto, pero por un problema de columna parecía de estatura más baja aún. Tenía una barba muy particular y siempre andaba con un gran portafolio. Pero cuando se lo veía, se advertía en él su inteligencia y su alegría de vivir". "El asunto de los pizarrones era todo un tema", dijo Werber para detenerse en una de las anécdotas que todos repasan de la vida académica del matemático. Y continuó: "Se entusiasmaba tanto desarrollando demostraciones que su­bía los escalones para llegar más alto cuando no podía más daba unos saltitos y se colgaba para seguir escribiendo". Para Werber, una de las preguntas que se hacía en su época de estudiante uni­versitario era "si hacía falta saber tanta matemática para un ingeniero civil". Y contó que el tiempo junto a Levi le dio la respuesta: "Nos enseñó a razonar, a pensar y a meditar, que son los fun­damentos para cualquier persona que ejerce una profesión". Levi desarrolló una intensa actividad en el Instituto Matemático que le con­fiaron a su llegada a la ciudad, en es­pecial para entusiasmar a los jóvenes estudiantes con la teoría y la aplicación de la disciplina; publicó una revista especializada y varios libros, quizás el más famoso fue "Leyendo a Euclides", editado en Rosario por los años 50. Y por si fueran pocas sus contribuciones a la ciencia, hasta hay un teorema que lleva su nombre. El acto del día 2 de septiembre fue uno de los actos académicos mejor organi­zado en el último año en la ciudad, lo que se vio reflejado en la cantidad de asistentes, que colmaron el ECU.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario, su Historia y Región”. Fascículo Nº 133 año Setiembre de 2014.

martes, 25 de abril de 2017

BEPPO LEVI – Difusor del pensamiento matemático

Por Juan Pablo Robledo

El pensador italiano desarrolló una im­portante obra en la investigación. Creó teoremas propios, pensó ejercicios ma­temáticos que hoy son utilizados en todo el mundo y resolvió problemas que has­ta entonces eran irresolubles. Con gran vocación ejerció la docencia, y se incli­nó por la geometría algebraica, incursionando también en otras áreas como el análisis matemático. Vino a Rosario como resultado de la discriminación que sufrió en su país, y dejó un legado de devoción hacia el conocimiento, por sus alumnos y su trabajo.
Sus inicios
Beppo Levi nació en Turín el 14 de mayo de 1875. Fue el cuarto hijo de Giulio Giacomo Levi y de Diamantina Pugliese, su padre era abogado y autor de libros de temáticas sociales y polí­ticas, murió en 1898, dejando a Beppo en la posición de hijo mayor y con ello gran responsabilidad ante su familia y frente a una débil situación económica. Beppo, inicio sus estudios de matemá­ticas en la Universidad de Turín, y se doctoró a los veintitrés años de edad. Tuvo la oportunidad de formarse en la "famosa escuela italiana de geometría algebraica" con profesores de primer nivel que dejaron una fuerte impronta en su mente.
En 1899, después de haber sido durante tres años asistente en la Universidad de Turín, pasó a la docencia secundaria, que ejerció hasta 1906. En ese período publicó diferentes trabajos con aportes originales en el campo de la geometría algebraica. Posteriormente ganó por concurso la cátedra de Geometría Proyectiva y Des­criptiva de la Universidad de Cagliari. Al poco tiempo conoció a quien sería su esposa para toda la vida, Albina Bachi. Se casaron en 1909 y tuvieron tres hijos: Giulio, Laura y Emilia. Entre 1918 y 1920, el matemático fundó y dirigió el Instituto de Matemáticas de la Universidad de Parma y siendo Pre­side (decano) de la Facultad, propuso al Rector la realización de cursos de ma­temáticas superior, que debían poner a la Facultad de Ciencias en condiciones de otorgar el Doctorado de matemáti­cas. A los cincuenta y tres años, Beppo dejó la Universidad de Parma, donde había sido profesor por casi dos déca­das, para hacerse cargo de la cátedra de Geometría Superior en la Universidad de Bolonia. Fue una etapa de intensa labor científica y docente siempre rea­lizada con dedicación y entusiasmo, dándole vida a sus clases. Su vida aca­démica iba en ascenso cuando conoció al matemático argentino Juan Carlos Vignaux, que estaba en contacto con el Comité encargado de la creación en la Universidad Nacional del Litoral, del Instituto de Matemáticas de la Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Quí­micas y Naturales y gracias a sus con­tactos intelectuales, Beppo pudo pensar en la Argentina como un posible país de emigración, a causa de las leyes racistas del régimen fascista. El pensador, desde un principio se ma­nifestó en contra del movimiento tota­litario, cuyas leyes de discriminación fomentadas en Italia en 1938 cortaron su carrera, ya que el edicto ordenaba la expulsión de los judíos de los cargos docentes. Fue así que a los 63 años, de­cidió por la emigración con su esposa e hijas (su hijo mayor decidió hacerlo a Palestina), hacia Rosario para ser con­tratado como Director del Instituto de Matemáticas, recién creado en la Facul­tad de Ciencias Matemáticas.
El instituto de Matemáticas
El 6 de noviembre de 1939 desembarcó en el país y dos días más tarde partió hacia Rosario, acompañado por el ma­temático e investigador Luis A. Santaló. Como director del Instituto inició una escuela matemática y tuvo como alum­nos a quienes luego serían importantes matemáticos argentinos. El Instituto fue inaugurado el 18 de mayo de 1940 y con su presencia le otorgó prestigio y difusión internacional a la Facultad. Varios factores contribuyeron a la adap­tación de Beppo a su nuevo ambiente: la cordialidad y el interés local, la sa­tisfacción y gratitud por encontrarse rodeado de aprecio, y la posibilidad de hacerse cargo promotor del pensamien­to matemático y en forma general al pensamiento humano. Se organizaron dos cursos de postgra­do, sobre temas de geometría proyecti­va y teoría de las funciones, que fueron dictados por Beppo Levi. Asimismo, fue un período de estabilidad y floreci­miento con numerosos alumnos en las tres especialidades: ingeniería, arqui­tectura y agrimensura. También dio cla­ses entre 1956 y 1960 en el Profesorado de matemáticas de la Escuela Normal N° 1 Nicolás Avellaneda. Asimismo, el matemático colaboró en las Publicacio­nes del Instituto y en la revista Mathe-maticaes Notae, creadas por él donde se difundieron estudios e investigaciones relacionados con los números y fueron las únicas que aparecieron con regulari­dad en el país. En 1945, regresó a Italia, negando quedarse en ella argumentan­do que no podía abandonar el Instituto no sólo por razones profesionales, sino por motivos afectivos y morales. Beppo Levi, murió a los 86 años y tras vivir 22 en Rosario, el 28 de agosto de 1961. Dejó un huella imborrable en el co­nocimiento y la investigación, y un lega­do de humanidad a sus alumnos ya que si bien creía que las matemáticas eran una ciencia, más que todo creía que eran un modo de pensar, una filosofía.
Bibliografía Utilizada:
-Archivo Diario "La Capital" -
-”"Beppo Levi: Italia y Argentina en la vida de un matemático" de Laura Levi
- "La matemática en el Litoral La evolu­ción de las ciencias en Argentina" Tomo
1. Sociedad Científica Argentina, 1972.

Fuente: Extraído de la Revista “ Rosario y su Historia y Región”. Fascículo N.º 73 de Abril del 2009.

lunes, 24 de abril de 2017

LEVI BEPPO - CIENTIFICO (1875-1961)

Por Adrián Gerber

MATEMATICA Y DIGNIDAD

Fue un genio dentro de una disciplina dura y árida. De origen judío, llegó a la ciudad por la discriminación que sufrió en la Italia fascista. Y aquí dejó un legado de humanidad y conocimiento.
Se dice que los hombres de ciencias se dividen en dos tipos: los que crean algo nuevo y genial a los 20 o 30 años, y los que producen sistemáticamente toda la vida. Beppo Levi, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, fue de estos últimos. Su presencia era inconfundible: tenía un físico pequeño (medía menos de 1,50), frente ancha, barbita en punta, mirada profunda y sonrisa amable, y se caracterizaba por una fuerte personalidad. Si bien consideraba que la matemática es una ciencia, más que todo creía que es un modo de pensar, una filosofía.

Nació en Turín (Italia) en el seno de una familia judía. Gracias a su inteligencia y su dedicación alcanzó el doctorado en matemática a los 21 años.
Desarrolló una importantísima obra en la investigación. Creó teoremas propios, pensó ejercicios matemáticos originales que hoy son utilizados en todas las universidades del mundo y resolvió problemas hasta ese momento insolubles, como el de Fermat, que llevaba 300 años sin que se conociera su resultado. Trabajó principalmente en geometría algebraica, aunque también incursionó en otros campos, como el análisis matemático yio que más tarde se llamaría análisis funcional (donde un importante teorema lleva su nombre) y la didáctica de la matemática. Sus cientos de trabajos están recogidos en numerosos libros y revistas especializadas. En su obra "Abbaco, de 1 a 20" , por ejemplo, discute los criterios pedagógicos de acuerdo con los cuales debería introducirse al niño a la aritmética.
Desde el principio se manifestó en contra del movimiento fascista. Las leyes de discriminación implantadas en Italia en 1938 cortaron su carrera al ordenarse la expulsión de los judíos de todas las ramas de la enseñanza. Esta situación amenazó con quebrar su carrera y su vida, pero él adoptó una actitud digna y serena. "Me privaron de la cátedra. Pensé, equivocadamente, que sería transitorio. Perdí gran parte de los contactos con colegas, discípulos, alumnos. La biblioteca de la Universidad fue entonces mi refugio. Pasaba en ella muchas horas por día. Una mañana, al proponerme entrar en la misma, el bedel me informó: “Tengo orden de prohibirle el ingreso a la biblioteca”. Esa misma noche dejé Bolonia", relató Ley. A través de sus contactos científicos pudo emigrar a la Argentina. Así, gracias a las gestiones de Cortés Plá, decano de la entonces Facultad de Ciencias Matemáticas de Rosario (hoy Ingeniería), se lo contrató para que se hiciera cargo de la dirección del Instituto de Matemática.
El 6 de noviembre de 1939 desembarcó en Buenos Aires acompañado de su esposa y sus dos hijas (su tercer hijo decidió emigrar a lo que era entonces Palestina, hoy Israel). Dos días después se instaló en Rosario para asumir la dirección del Instituto, donde inició una verdadera esa matemática y tuvo como alumnos a quienes luego serían importantes matemáticos argentinos. Con su presencia le otorgó prestigio y difusión internacional a esta Facultad. Las publicaciones seriadas del Instituto, las únicas que aparecían con regularidad en el país sobre matemáticas se convirtieron en un centro de atracción. Su adaptación al nuevo ambiente fue rápida, y a ella contribuyeron la cordialidad y aprecio que encontró en Rosario.
Al terminar la 2º Guerra Mundial (1945) pudo volver a Italia, pero decidió quedarse en la ciudad argumentando que no podría abandonar el Instituto por razones afectivas y morales.
En 1948 se hizo cargo de distintas cátedras de la Facultad de Ingeniería, y demostrando toda su humildad, también dio clases entre 1956 y 1960 en el profesorado de matemáticas de la Escuela Normal Nº1 Nicolás Avellaneda.
Levi dejó innumerables alumnos, enseñó todo lo que sabía y creó y recreó prácticas docentes en una especialidad dura árida, casi sin matices.
Murió el 28 de agosto de 1961.a los 86, y tras vivir 22 años en Rosario. En su tumba en el viejo Cementerio Israelita de Rosario hay una placa que simplemente reza: "Beppo Levi: matemático".
Fuente: Extraído de la Revista del diario “ La Capital de los 140 aniversarios” . De 2007

jueves, 20 de abril de 2017

LA VOZ SENTIMENTAL DE AMERICA

Por Héctor N. Zinni

Para la valoración de Agustín Magaldi en su vida yen su obra, acudiré a un hombre de nuestra generación, Eduardo Buratti quien, por su cercanía con la familia del cantor, representatividad y vivencia expone, en la entrevista ya mencionada en otra parte de este libro, conocimientos y puntos de vista que merecen ser tenidos en cuenta.
Verdaderos ídolos

- ¿Cuándo se conecta con Magaldi, Buraifi?
- Yo empiezo con Magaldi cuando tenía ocho años. Entonces, conozco todo lo de Agustín. Conocí a todos sus amigos: Héctor Marcó, Mitre Navas, Fulginitti... y he sido
muy allegado al hermano, Emilio, que era secretario privado de él, digamos, el apoderado también, y Antonio Tello que era el hermanastro. Pero el que manejaba todas las cosas era Emilio, Magaldi le volcaba todo a él.
- Y, ¿cómo era esta familia?
- Muy reservada. Ellos eran así, no por soberbia, sino que era una forma de ser, una especie de humildad provinciana que yo aprecio y comprendo porque también soy provinciano y defiendo lo nuestro.
- Usted, ¿vivía en Buenos Aires?
- No. Yo soy de acá, viajé siempre. El porteño se apoderó un día de él con eso de La Voz Sentimental de Buenos Aires, el slogan. Fíjese que en Chile, estaba CB89
Radio Buines y un periodista llamado Mario Balaneda tenía un programa especial de
Magaldi. Yo, ahora estoy por radio aquí con Gerardo Quilici, pero antes estuve con Mármora y con casi todos los comentaristas de tango haciendo el recuerdo de Magal-
di. Bueno, un día me escucha este periodista desde Radio Bulnes, en Santiago de Chile, y me dice: "Nosotros no estamos de acuerdo con 'La Voz Sentimental de Buenos Aires', nosotros le hemos puesto 'La Voz Sentimental de América'"...
- Claro, la trascendencia de Magaldi es innegable, aunque acá eso no se sepa mucho, ni tampoco se valore mucho, que digamos.
- Si yo le cuento a usted, Zinni, lo que significa Magaldi en el Continente ... Vea, es un misterio lo de Magaldi. Que usted me diga Charlo, Alberto Gómez, lrusta, Libertad
Lamarque, son populares en toda América. Son porque fueron, estuvieron, sus películas llegaron. Pero Magaldi, ser popular en un país que jamás visitó, ser popular por el solo hecho de escucharse sus discos, es una cosa que hace pensar, no?
- Ha trascendido su voz.
- Ha trascendido las fronteras su voz, no su figura ni su estampa. Yo tengo discos que me han mandado de Colombia, que han batido récord de ventas. A mi no me
sorprende porque acá en 1931 ya lo hizo con El Penado 14 cuando la empresa Bruns-
wick procesó un millón de placas que se vendieron, así como seiscientas mil de Vagabundo. Lito Bayardo, pobrecito que ya falleció, en aquella época tenía una casa de
venta de discos e instrumentos musicales en Rosario. Me sabía decir que la editora de los discos le mandaba los afiches sobre las grabaciones de Magaldi y él los ponía en la vidriera: "Yo todavía no tenía los discos - me decía - y venía la gente a anotarse para cuando los tuviera. Algo de esto relata Bayardo en su libro Mis Cincuenta Años con la Canción.
- Sí, y allí describe un encuentro casual entre Magaldi y Gardel en su casa de música, donde cantaron los dos a dúo el tango al que Bayardo recién le ponía letra: 9 de Julio. El negocio estaba en la calle Mendoza y Sarmiento, donde estuvo muchos años Benvenuto y ahora hay un bar, por Mendoza, frente al supermercado...
- Yo no soy quien para desmerecer a nadie, pero lo que son Gardel y Magaldi en la gente es algo serio. Son verdaderos ídolos, tienen calles que los recuerdan, tienen monumentos que los recuerdan, tiene plazas que también los recuerdan, lo que no se da con otros intérpretes. Yo, a Dios gracias, con otros colaboradores míos hicimos el monumento a Magaldi en el barrio Fisherton, lo levantamos a pulmón.
- Creo que el busto está ahora en la Terminal de Omnibus. Me dijeron que esa plazoleta donde está el monumento a Gardel, está dispuesta para poner a varios más, según la ordenanza municipal aprobada en su momento.
Emprendimientos e ingratitudes

'Yo le puedo asegurar, Zinni, que hay cosas que duelen. Cuando yo inauguré ese busto allá, el 12 de octubre de 1975... bueno, yo era muy amigo del sobrino de Agustín Irusta que tenía una florería en la calle Cafferata...
- La Florería Doli, que era del cuñado de Irusta, casado con una hermana de Agustín. Al hijo, o sea al sobrino de Irusta yo también lo conocí y gracias a él pude hacerle un reportaje a su tío, que desde Venezuela venía a Rosario una vez a año. Fallecieron todos.
- Bueno, me dijo: "Cuando venga Agustín - por Irusta - yo te voy a llamar para que lo llevemos al monumento, para que lo vea", porque él lo quería a Magaldi.
Para enero o febrero, vino Irusta, entonces me llama el gordito, yo voy con el auto y lo llevamos allá. Cuando llegamos, me dijo Irusta: "Yo te voy a mandar una placa para que la coloqués aquí en recordación mía".
- Irusta, como todos sabemos, vivía en Venezuela, donde al final murió.
- Sí, tenía una audición de tangos también.
- Se había casado muy bien con una mujer de sociedad, que a mí me la presentó aquí. Además, era miembro honorario de varios clubes tangueros, me mostró las tarjetas plastificadas que lo acreditaban.
- El asunto es que Irusta me mandó dos placas hermosas y las coloqué. Después vino un día Oscarcito Ferrari, muy buen cantor que había hecho pareja con la hija de
otro gran cantor: Alberto Marga¡, de quien yo era muy amigo. Me lo presenta a Ferrari,
quien me dice: "Yo a Magaldi lo desconocía.., lo empiezo a conocer desde que Marga¡ comenzó a contarme cosas de él: artística y'humanamente era un ser
extraordinario". Seguimos hablando y me pide ir a ver el monumento. Allá me dice: "Mirá, vamos a hacer una cosa. Yo voy a reunir diez cantores en Buenos Aires: Carlos Dante, Floreal Ruiz, Jorge Vida¡, Alberto Marga¡, Héctor Pacheco y otros. Entre todos vamos a mandar una placa". La hacen hacer, la envían, la colocamos. Pero a mí lo que me duele es que entre gallos y medianoche, desaparece todo.
- ¿Cómo? ¿Así porque sí nomás?
- En efecto, y por iniciativa de concejales de acá. Hay uno de ellos que cuando me ve se agarra la cabeza. Yo no hago cargos a nadie...
- ¿No tendrán todo archivado en algún depósito?
- Ami me duele porque eso es patrimonio del pueblo quien lo hizo con su contribución. La Municipalidad no puso un peso para hacer el monumento.
- Las placas, ¿dónde fueron a parar?
- Nadie lo sabe. El busto quedó tirado en una casona que tiene la Municipalidad por Boulevard Oroño. Un buen día inauguran en la plazoleta que está ahí, los monumentos a Jorge Falcón, a Lito Bayardá y tras cartón lo meten también a Magaldi...
- Pero las placas no aparecieron.
- Ninguna apareció. Había una personal mía y otras, pero no aparecieron. Hasta
había una de la Intendencia, que en ese entonces era intendente el doctor Beltramo. - ¿El que quiso terminar el Monumento al Pozo, en Moreno y San Luis, adicionándole
un peso al impuesto municipal y que los santafesinos se llevaron la plata recaudada? - El mismo. Lo que a mí me duele es que en esto de un homenaje popular a un cantor intervenga la política y que el mandamás de turno deshaga esto porque lo hizo el otro, o quiera mejorar las cosas y haga un zafarrancho. Esto es del pueblo, no de la Municipalidad. Yo estuve cinco años juntando bronce. Después que junté 300 kilos fui a verlo a un hombre, a un escultor rosarino que ya falleció: Ernesto Pasens. Cuando le hablé al hombre hizo gratis el molde. Había que hacerlo en yeso antes de fundirlo. El mismo me llevó a la fundición de los hermanos Gentile, por el sur, y también me lo hicieron gratis.
- El emprendimiento era de todo corazón.
- ¿Qué le parece? Gratis el molde, gratis el bronce y la fundición, gratis todo. El intendente Beltramo por medio de la ordenanza 39010 hizo hacer la plazoleta y después, un buen día, por circunstancias ignoradas, todo desaparece. Yo no soy el dueño de eso, el dueño es el pueblo. Y esto lo vienen a hacer aquí, en la propia provincia y en la propia ciudad de Magaldi.
- Lo que pasa es que los que hicieron eso eran unos improvisados. Aquí y por la política, con tal de cobrar un sueldo hay gente que es capaz de agarrar un fierro caliente...
A Magaldi hay que descubrirlo

- Magaldi vivía para su país. Me contó Emilio que él podría haber salido a otros lugares de América, donde lo reclamaban. El aquí vivía para sus admiradores, le costaba decidirse a emprender giras que lo alejaran de la Argentina, era un caso curioso.
- Lástima que no llegó a filmar más que lo que se conoció y que es muy breve. Se hablaba de que tenía ya el argumento de una película para filmar y si no fuera por su fallecimiento hubiera llegado al cine por la puerta grande.
- Emilio, posteriormente, escribió el argumento de la vida de Magaldi, que lo iba a interpretar el chico, o saa el hijo, pero hay otros intereses en la vida de Magaldi. Mire, perdóneme que sea sincero, ¿no?. Yo tengo 65 años y hace desde mis ocho años que ando con el asunto de Magaldi, o sea han pasado 47. He visto a este, he visto al otro, pero hay algo que me impresionó y es la definición suya sobre Magaldi. Cuando usted dice en El Rosario de Satanás: "... Magaldi es el corazón de los hombres buenos y el espíritu de los hombres atormentados, porque eran sus seguidores... ". Y yo se lo digo, porque yo lo viví.
- "El trovero del dolor y de la desesperanza", agregué en el mismo trabajo.
- Hubo cualquier cantidad de slogans para él: El cantor del dolor humano; El cantor de los desamparados; El cantor de los humildes...
- Es verdad, porque era la voz del pueblo.
- Alo mejor mi intelectualidad no alcanza ya lo mejor la suya sí, pero a Magaldi hay que descubrirlo. Magaldi nos ofrece un mensaje muy especial, muy espiritual, muy espiritual...
- Muy profundo.
- Le cuento algo. Un día estábamos en Río Cuarto, cuando yo hacía giras con el hijo de Magaldi, era en el año 80, creo. Yo lo había llevado antes a Eurofon, en Buenos Aires, y había hecho un disco, el primero que grababa y que, debido a la cantidad de ejemplares que se vendieron, la empresa le otorgó el disco de oro. Honestamente, no llegamos a vender un millón, pero llegamos a ochocientos mil...
- ¿Qué pasó en Río Cuarto?
- El asunto es que eran como las cuatro de la tarde, después de la siesta y me hablan de la radio local porque le querían hacer una nota a Magaldi, hijo. Fuimos y cuando regresamos el conserje del hotel nos entregó una tarjeta que había dejado un señor, un doctor, quien volvería como a las ocho de la noche.
- Y vino el hombre.
- A esa hora apareció un hombre bien puesto, habló conmigo y me pidió hablar con Magaldi. "Sí, como no, está arriba", le contesté. Entramos a conversar y resultó que sabía el repertorio de Agustín padre, su vida y todo lo relativo a él. "Perdóneme,
doctor", le dije, "soy el primer sorprendido". ",Por qué?", preguntó y yo repuse: "Porque el 99 por ciento de los admiradores de Magaldi son no profesionales".
"Bueno, señor - me respondió este hombre que después supe era doctor en medicina
- eso depende de la leche que uno ha mamado cuando era chico. Yo mamé la leche de un hogar muy pobre, en donde a mi madre y a mi padre les impresiona-
ba la voz de Magaldi, lo que cantaba, y yo también lo escuchaba". Me quedé así, como sin poder decirle nada porque el hombre me estaba contando una realidad, que
yo no me imaginaba me iba a decir. Por eso me conmovió lo suyo: "es el corazón de los hombres buenos..."
- A él lo seguía la gente.
- Era como una necesidad, porque Magaldi era una especie de identificación parlante y atraía, atraía mucho.
Siembra y sencillez

- Cuando andábamos con el chico, por el sólo hecho de decir que era el hijo de Magaldi, la gente hacía cola. De las cárceles, los hospitales, las escuelas, nos venían a decir: "Nos enteramos que el hijo de Magaldi anda por acá ¿podría ir a la escuela a cantar gratis?", por ejemplo. Y esa era la siembra que había dejado el padre. Acá, en la cárcel que está en San Nicolás, por lo menos hemos ido quince veces. No sé, es un misterio, son tan difíciles de entender las cosas de la vida..., a uno le parece que tiene razón en algo y no la tiene. Yo soy muy espiritual en mi vida, si yo hubiera sido un tipo materialista no estaría en esta, porque Magaldi no lo era. Decía Pedro Noda que Magaldi era puro espíritu cuando cantaba y el mismo espíritu regía sus
canciones.
- Cuando uno lo escucha y se compenetra con lo que está diciendo, deja algo en el
alma que lo impulsa a seguir escuchándolo.
- No cansa.
- Pasa como con la voz de Gardel de la que alguien dijo: "La voz de Gardel, cura.
Por más que hayan pasado dos o tres meses que no lo haya escuchado, usted lo pone a Gardel y cuando termina de oirlo le entra como una tranquilidad en el cuerpo, y más si tiene algún problema".
- Encuentra una paz.
- Sí, no se sabe porqué. Independientemente del tema que cante, la voz parece que le hace bien al cuerpo. Una cosa rara, no?
- Yo siempre digo una cosa de Magaldi, que vino a cumplir su misión en la tierra como cualquiera de nosotros: usted escribe, otro pinta, otro hace otra cosa. El cumplió su misión de la manera más linda que puede haber, cantándole al pueblo y el pueblo lo entendió. Porque, ¿de qué vale que un cantor suba a un escenario y tenga cien personas y nadie entiende lo que hace?, ¿de qué vale eso? Lo importante es que esas cien personas lo entiendan.
- Hay una anécdota recogida por Nolo López y publicada en un librillo por el editor
Pedro Angulo hace muchos años, vinculado a la revista Vida Argentina y que pinta de cuerpo entero la extrema sencillez de Agustín Magaldi, padre. En El Rosario de Sata-
nás yo publiqué otra que me contó un protagonista de apellido Franchi y apodado Pampa mía. Pero esta es por demás reveladora:
"Sabemos de sobra que la mayoría de los artistas radiófolos, en cuanto tienen una pequeñísima popularidad, lo primero que hacen es adoptar gestos espectaculares, y no parar hasta tener un lujoso auto.
Pero Magaldi no heredó eso y lo prueba el siguiente hecho. Una noche acudió a una sala para intervenir en un festival. Llegó, como era habitual en él, a pie y
modestamente vestido. Preguntó al portero por el cantor Alberto Gómez y aquel
le solicitó su nombre para anunciarlo.
- Dígale de parte de Magaldi.
-¿De quién? - insistió el portero.
- De Magaldi, amigo.
- Magaldi!!!... Usted no es Agustín Magaldi, ¿dónde está su auto? y, además con esa "pinta"!!!...
El cantor sonrió y palmoteándole el hombro, le dijo: - ¡Le hice un chiste, amigo!... ¡Le hice un chiste!...

Aquel portero no admitía que entrase Magaldi, porque no tenía auto e iba modestamente vestido"
Fuente: Fragmento extraído de Libro “Rosario era un espectáculo” “¡ arriba el Telón ¡” de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997

miércoles, 12 de abril de 2017

LOS QUE SE FUERON

Por Héctor N. Zinni

El 15 de febrero de 1936, en horario central nocturno, Agustín Magaldi hace su primera presentación como artista único de un programa radiotelefónico. El locutor Dupuy de VOme, acuña aquella noche la "etiqueta" magaldiana que irá a pasar a la historia de la canción popular, asociada de manera indeleble a su nombre, como El Zorzal Criollo, para Carlos Gardel, o El Caballero Cantor, para Ignacio Corsini, o La Nata Gaucha, para Azucena Maizani. Ese 15 de febrero, nace en Radio Splendid: La Voz Sentimental de Buenos Aires.
Por el mismo éter en que la voz de Magaldi asciende a la gloria de su arte incomparable, sube el alma de un criollo de verdad, mientras un entierrito pobre lleva al camposanto los despojos mortales de Don Segundo Sombra en San Antonio de Areco.
Los que fueron de verdad, sus amigos, estuvieron presentes. Se aproximaron a mirarle muerto, cerrados los ojos, heladas las manos, los mismos que antes se habían complacido en escuchar las palabras de su sabiduría, hondo secreto de belleza, que el viejo explicaba deletreando intenciones; o sus confidencias, o sus cuentos gauchos, que decía como sobándolos, apretándolos entre las manos, acariciándolos antes de ofrecerlos.
Allí estaba, sereno en el último gesto, como fueron serenos todos los gestos de su vida. Y es que en la vida como en la muerte Segundo Sombra fue un consejo de serenidad. Era la herencia. Le venía de lejos, costumbre gaucha de mirar las cosas sin apuro, sin atropellarse, sin irse en palabras; pero sin madrugar tampoco: esperar que tiren, y después que se aguantaran la arrogancia empenachada de coraje que sabía abrirse paso a tajo limpio. ¡Entonces!...
Murió Segundo Sombra y allí estuvieron, junto a todas las flores que hubo ese día en San Antonio de Areco, sus amigos de siempre. Los que al lado suyo animaron la novela de Güiraldes. No podían faltar Ciriaco Díaz, Victoriano Nogueira, Pablo Falcón, Ramón Cisneros y Gregorio López. Una ternura emocionada, un respetuoso silencio.
Una cinta negra en el clavijero de la guitarra; apagadas las espuelas lloronas; el poncho en el brazo, descubierta la cabeza y una honrada tristeza en las caras de bronce. Eso hubo en la sencillez de la despedida. Y nada más le hacía falta a Segundo Sombra, ni pompas, ni lujos, lágrimas de la mentira, para pasar serenamente hacia la eternidad, montado con su humildad de siempre, en el flete manso del adiós definitivo" 1
En cuanto a Magaldi, otros dos años de actividad intensa se abren ante el cantor rosarino, siempre dentro de las fronteras de su patria. De esa época datan algunas de las canciones con que su nombre suele asociarse como auténticas creaciones propias: el vals Alma mía con letra de Héctor Marcó 2, su 'canción rusa" Nieve, con letra
de Ferradás Campos, su tango No quiero verte llorar, sus valses Sonata y ¿Quién eres tú?, la cueca Los sesenta granaderos, su tango Libertad.
El cantor Alberto Gómez le allana poco después el camino hacia la reconciliación de Don Jaime Yankelevich, el zar de la radiofonía argentina, y en el otoño de 1936, Magaldi se reincorpora al elenco de LR3. Debuta en mayo y sigue actuando casi sin interrupción - salvo una gira de un mes y medio por el sur del país - hasta promediar el año 1937. Es el año que sangra España en una guerra civil que la descuaja, el año en que primero un temporal y luego un ciclón, con diferencia de algunos meses, se abaten sobre Rosario. En Buenos Aires, cae El Pibe Cabeza.
El diario La Nación del 10 de febrero - en plena fiesta de Carnaval - recoge la siguiente información:
"En Rosario, en momentos en que se realizaba el Corso de la Avenida Costanera, poco después de las 22 horas, la estación radiotelefónica ubicada en el palco de la Comisión Organizadora que hasta el momento transmitía música, consejos los peatones y advertencias a los concurrentes, anuncié que en Buenos Aires, en el radio de la Seccional 42a., El Pibe Cabeza había sido muerto por la policía. Fue un momento de gran estupor y podría decirse que se paralizó un instante el ritmo de la fiesta. Los comentarios fluyeron rápidamente, todos querían saber más y fue necesario que media hora después se volviese a informar por el mismo conducto que se había confirmado la muerte del pistolero.
Justamente se comentaba la ocurrencia de una comparsa de chicuelos mal en-trazados que acababa de hacer su entrada al desfile con un estandarte donde podía leerse "Banda del Pibe Cabeza" Esta comparsa, con muy buen juicio, fue disuelta por la policía" 3.
Sigue el auge del tango que, a partir de este año, tiene un flamante vocero: Troilo. El año de su "prehistoria" como él lo denomina. Forma orquesta y debuta en un santuario del porteñismo: el Marabú. También actúa en Radio Splendid y compone su primer tango - con versos de Contursi - al que titula Mi tango triste. Su nombre es Aníbal Cayetano Troilo, pero sus íntimos ya lo llaman como siempre lo ha hecho Felisa, su madre, y otros: Pichuco.
Agustín Magaldi realiza otra gira por el interior y, al comprobar el señor Yankelevich
que las entradas de las presentaciones del cantor superan a las de José Mojíca - por entonces en el pináculo de su fama -, le renueva el contrato con un sueldo mensual de 8.500 pesos. Es una suma fabulosa: casi tres mil dólares por mes. La reducción al tipo de cambio no da una idea de lo que significan 8.500 pesos, cuando el sueldo de un obrero capaz ascua entre 120 y 150... La gira, realizada por el interior de la provincia de Buenos Aires, ha durado cuarenta y cinco días. En octubre vuelve a la emisora y como en noviembre ya ha dejado el micrófono, una revista muy popular llamada La Canción Moderna se pregunta en una nota el por qué:
"La extraordinaria popularidad de que goza el cantor nacional Agustín Magaldi ha motivado que su ausencia provocara un gran revuelo entre sus numerosos admiradores. Sabemos que Agustín Magaldi se encuentra entre nosotros, sabemos que existe mucho interés por volver a escucharlo, pero lo que no sabemos y tratamos de averiguar por todos los medios es el por qué de su ausencia del micrófono siendo un numero que es reclamado constantemente".
La misma revista responderá a su pregunta una semana después, anunciando que "Magaldi firmó contrato para 1937", desvirtúandose así los rumores que lo daban dispuesto a emprender una gira por países americanos. El propósito en realidad existía, pero recién se organizó para dos años después. Y quedó trunco.
Sumas astronómicas, no solamente por sus ingresos fijos mensuales, sino en calidad de regalías por grabaciones y derechos de autor gana Agustín Magaldi en la plenitud de su gloria. Pero también gasta fortunas. Le gusta vivir bien, vestir impecablemente, rodearse de lujo. en su casa de Caballito tiene pájaros que atiende personalmente y sueña con comprar una casa de campo para cuando le llegue el momento de retirarse de la actividad artística...
Nito Farace (Salvador Pablo Farace, en los papeles), violinista excepcional, nacido en Arroyo Seco - localidad cercana a Rosario - en 1912, que entre todos sus maestros
consiguió que el violinista Dionisio Harrington (amigo de Jascha Heifetz) lo encaminara seriamente sobre el estudio del instrumento, en 1937 se halla radicado en esta ciudad. Integra la orquesta de Marcelo Gilberto Polato y más tarde pasa al conjunto Los provincianos, dirigido por el bandoneonista Héctor Lincoln Garrot. Farace permanecerá a esa hornada de músicos que honrarán y prestigiarán con su silencioso trabajo a numerosas agrupaciones orquestales 4.
El 17 de agosto de 1938, Magaldi hace una verdadera prueba de resistencia. Don Jaime Yankelevich ha establecido poco tiempo atrás la Primera Cadena Argentina de Emisoras, con varias en la Capital Federal y una serie de ellas en el interior del país. Ese día el cantor se presenta entre el mediodía y el anochecer, en Radio Belgrano, Radio Mitre (dos veces) y Radio Porteña. Cuando regresa a su casa se siente enfermo.
El médico familiar pide consulta de profesionales, disponiéndose su inmediata internación en el sanatorio O'amendi, de Azcuénaga y Paraguay. Indica el diagnóstico una grave afección hepática que impone una inmediata intervención quirúrgica, la que le es practicada el 19 de agosto, en las últimas horas de la tarde. El cirujano, que realiza su trabajo con verdadera maestría, encuentra, empero, una grave complicación: un derrame biliar ha provocado pancreatitis. Veinte días más tarde, el 8 de septiembre, a las 7 de la mañana, se produce el desenlace.
Su velatorio, efectuado en el Luna Park, da lugar a una manifestación multitudinaria de pesar. Miles y miles de personas acompañan sus restos hasta la Chacarita. Agustín Magaldi acaba de convertirse en inmortal para los fieles públicos que ha conquistado y seguirá conquistando después de su muerte, a través de los años que vendrán 5.
Después de la muerte de Garde!- me dijo Cariño con una voz remota, diluída por la fatiga o por el sueño, "los argentinos sólo teníamos a Magaldi. Su fama no decayó ni siquiera cuando derivó hacia la cursilería y compuso canciones que aludían a los horrores de Siberia, con los que ningún oyente se identificaba (?). Con frecuencia, lo alcanzaba alguna enfermedad de la que se curaba con cataplasmas y ventosas, escondido en el caserón de la calle Alsina, sin aceptar otra compañia que la de la madre.
En los teatros, respondía a los aplausos con una inclinación fugaz y más de una vez se distrajo, mezclando la letra de una canción con la música de otra. Creí que estaba curado cuando se casó con una moza de Río Cuarto y anuncié que iba a ser padre. Pero esa dicha lo maté. Un derrame de bilis fulminante se lo llevó de un día para el otro. Evita trabajaba entonces en la compañía de Rafael Firtuoso. La noche del velorio, después de la función, sus compañeros desfilaron por el Luna Park para despedir a Magaldi. Ella se negó. Los esperé sola, en un bar de las cercanias, tomando con displicencia un café con leche" 6.

NOTAS
1- ¡A quí Está!. Año 1, Nro. 29, lIs. As. 29/8/1936.
2- Héctor Marcó (Marcolongo) nacido en Buenos Aires el 12/9/1906 y fallecido en la misma ciudad el 30/9/1987. Cantor, guitarrista, autor y compositor. Mientras se desempeñaba como chansonier en una orquesta de jazz porteña se estrenó el foxtrot de su autoría La hija del pescador, llevado luego al disco por Agustín Magaldi. De allí su conocimiento con la Voz Sentimental de Buenos Aires, lo que lo relacionó a su vez con los guitarristas Diego Centeno y Rosendo Pesoa, componiendo con el primero la letra del vals Alma mía y con ambos el vals Yo tengo una novia. Curiosamente, este vals fue interpretado y filmado por Magaldi para la película Monte criollo y, por circunstancias inexplicables, se excluyó luego aunque posteriormente, sin que autores e intérpretes supieran la razón, fue inserto en las copias que se enviaron al extranjero, copias éstas que, como podrá deducirse, son imposibles de hallar en la actualidad. V. Carlos .losé Fakíh. Héctor Marcó, en Tango y Lunfardo. Nro. 102. Chivilcoy (pcia. Bs. As.) 16/2/1994.
3- Marcelo Vallejos - Ernesto Zambrini. El Pibe cabeza, en Todo es Historia, Nro. 325. Bs. As., Agosto 1994. V. además: El Rosario de Satana del autor, op. cit. Tomo II Págs. 106. 107 y 109.
4- Farace, que estudió armonía con el profesor Richard Engelhretch, director de la Orquesta Sinfónica de Rosario, fue requerido en 1947 por Miguel Caló, en cuya orquesta permaneció cono, violinista hasta 1951. En 1952 pasó a la orquesta del músico uruguayo Esteban Martínez (Princho). en 1953 ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo integrando, simultáneamente, la orquesta de Atilio Stampone y de Carlos Figari. Con Troilo permaneció hasta 1975 y al año siguiente viajó a Japón con Leopoldo Federico, para después integrarse al conjunto de arcos de Antonio Agri. Cincuenta títulos autorales y numerosas grabaciones jalonan la trayectoria de este músico que, como otros, constituye parte de los cimientos que sostienen al tango. V. Nilo Farace, por Angel Giuseppetti, en Tango y Lanfardo, Nro. 104. Chivilcoy, 16/4/1995.
5 -Revista.Así, id. id.
6- Tomás Eloy Martínez, Santa Evita. op. cit.
Fuente: Fragmento extraído de Libro “Rosario era un espectáculo” “¡ arriba el Telón ¡” de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997

martes, 11 de abril de 2017

CORTANDO AMARRAS

Por Héctor N. Zinni
"Estaba aclarando rápido. Al otro lado de las vías el cielo se desperezaba entre largos vahos de color naranja. Al doblar la esquina, divisaron el hotel. Magaldi se detuvo. Dijo que había vacilado toda la noche pero que la conversación le había, despejado el juicio. Sabía por fin qué hacer. Viajaría con Evita a Buenos Aires. Le pagaría una pensión, la presentaría en la radio. Era ya demasiado tarde o demasiado temprano, y a Cariño no le quedaban fuerzas para disuadirlo.
Ya tiene quince años - fue lo único que dijo -. Sólo tiene quince años.
Ya es una mujer - respondió Magaldi -. La madre me lo dijo: se hizo mujer de un día para el otro.
"Siguió un domingo insulso, interminable, de ésos que uno prefiere olvidar: Evita recitó por los altoparlantes de la casa de música un poema de Amado Nervo con exceso de gorgoritos y una dicción calamitosa. Dijo "muertos" y 'penumbra", recordó Cariño, con un silabeo canyengue que imitaba al de Gardel: ",Adónde van los muéretos, senior, adónde van? Tal vez en un palaneta baniado de penúnebara"...
"La aplaudieron. Cruzó la plaza con las hermanas, mientras una soprano de aldea desmigajaba el "Ave María" de Schubert. Magaldi se quitó el clavel blanco que llevaba en el ojal y se lo ofrendó. Según Cariño, estaba seducido por la lejanía de Evita, por el desdén con que Ella expresaba algo que quizá fuera admiración.
"Esa noche, después del recital, tomaron el tren que venía del Pacífico. Doña Juana y las hijas despidieron a Evita en el andén, llorosas. Bajo las luces amarillas de la estación, Ella parecía infantil y medio dormida. Llevaba medias zoquetes, una pollera de algodón y una blusa de lino, un casquito de paja y una valija raída. La madre le deslizó diez pesos en el escote y se quedó todo el tiempo a su lado, acariciándole el pelo hasta que el tren apareció.
"Fue una escena de radioteatro, me contó Cariño: el príncipe azul rescataba de su infortunio a la provincianita pobre y poco agraciada. Todo sucedía más o menos como en la ópera de Tim Rice y Lloyd Webber, aunque sin castañuelas...
"El vagón estaba casi vacío. Evita prefirió sentarse sola y apoyó la frente sobre la ventanilla, contemplando las rápidas sombras del paisaje. Cuando el tren se detuvo en Chivilcoy o en Suipacha, una hora más tarde, Magaldi se le acercó y le preguntó si era feliz. Evita no lo miró. Le dijo "Quiero dormir", y volvió la cabeza hacia la oscuridad de la llanura.
"Desde esa noche, Magaldi fue un hombre dividido. Pasaba la mañana y parte de la tarde en la pensión de la avenida Callao donde vivía Evita. Allí compuso sus más hermosas canciones de amor, Quién eres tú y Cuando tú me quieras, sentado en una silla de cuero de potro. Cariño, que lo visitó un par de veces, recuerda la cama monacal, de hierro; la palangana descascarada; las fotos de Ramón Novarro y Clark Gable pegadas con chinches a la pared.
"El estrecho cuarto estaba invadido por un invencible tufo a mingitorio y a lejía, pero Magaldi, entregado a la felicidad de su guitarra, cantaba en voz baja, sin incomodarse por nada. También Evita parecía más allá de toda miseria. Se paseaba en viso, con una toalla en la cabeza, retocándose el esmalte de las uñas o depilándose las cejas ante un espejo cariado.
"Al caer la tarde, Magaldi se entretenía en la radio repasando con Noda las cinco o seis melodías que cantaban en la audición de las nueve de la noche. Después se reunía con músicos y letristas de otras orquestas en el 36 Billares o La Emiliana, de donde se retiraba todos los días a la una de la madrugada. Nunca dejaba de pasar la noche en la enorme casa familiar de la calle Alsina, donde su cuarto sin ventanas estaba sombreado por santarritas y jazmineros. La madre lo esperaba levantada, le cebaba unos mates y le refería las venturas del día. El nombre de Evita no asomaba en esas conversaciones. Según Cariño, Evita pesó siempre en la vida del cantor como una culpa o como una vergüenza inconfesable. Le llevaba dieciocho años: eran siete menos de los que le llevaría Perón. A Magaldi, sin embargo, le parecían un abuso.
'Fue en esos meses cuando la suerte comenzó a desairarlo. Afines de noviembre tuvo un altercado con Don Jaime Yankelevich, el zar de las radios: en un solo día perdió su contrato para 1935 y la ocasión de que Evita tuviera la prueba de declamación que le habían prometido. A regañadientes, Magaldi aceptó actuar en Radio París, pero un feroz ataque al hígado le retrasó el debut. Esos percances dañaron su amistad con Noda y enfurecieron a Evita, que pasó días sin dirigirle la palabra.
"En el relato de Cariño, me desconcertaron, desde el principio, las fechas. Los biógrafos de Evita coinciden en que Ella se fue de Junín el 3 de enero de 1935. No saben si viajó con Magaldi o sin él, pero se aferran con tenacidad al 3 de enero. Se lo dije a Cariño. ",Qué muestran ellos para estar tan seguros?", me preguntó, "Un boleto de tren, una fotografía". Admití que no había visto ninguna prueba. "No puede haber pruebas", me dijo. "Yo lo sé porque lo viví. A mí los historiadores no tiene por qué corregirme la memoria de mi vida".
"Según Cariño, Evita pasó con él la Navidad de 1934. Su hermano Juan estaba esa noche de guardia en Campo de Mayo, las pruebas de actuación habían fracasado en Radio Sténtor y en Radio Fénix, no le quedaba nada del dinero que le había dado su madre. Se quejó de que Magaldi la desamparada. Era, le dijo, un hombre dominado por la familia, al que no le gustaba divertirse ni bailar. Cariño le sugirió entonces que regresara a Junín y que le diera el susto de su ausencia. "Vos estás loco", respondió Ella. "A mí de Buenos Aires sólo me sacan muerta".
"Desde que Magaldi se repuso de los ataques de hígado, Evita se convirtió en su sombra. Lo esperaba en la sala de control de las grabadoras o en un café de Cangallo y Suipacha, frente a la radio El comenzó a eludirla y rara vez la visitaba en la pensión, aunque seguía pagando los gastos. Llevaba más de una semana sin verla cuando se estrenó El alma del bandoneón en el cine Monumental.
"Ella estaba en el tumulto del vestíbulo, pidiéndole autógrafos a Santiago Arrieta y a Dorita Davis. Se había pintado las piernas para fingir que lucía medias de seda. Magaldi sintió de nuevo una invencible vergüenza y se deslizó cabizbajo entre la muchedumbre, pero le abrieron paso los aplausos, los relámpagos de magnesio y los gritos de las admiradoras. Lo precedían Noda y el narigón Discépolo, que habían compuesto la música de la película. -
"Detrás, con esfuerzo, desfilaban Cariño y Libertad Lamarque. Evita lo divisó de lejos y se le colgó del brazo. Magaldi atinó a preguntarle: "Qué hacés acá?" Ella no le contestó. Avanzó con él, resuelta, triunfal, encarando los fogonazos de los fotógrafos. Fue el acabóse. Magaldi se levantó de la platea no bien apagaron las luces. Ella lo siguió, trastabillando sobre unos zapatos de tacos demasiado altos. Discutieron con ferocidad. Mejor dicho: Ella le habló ferozmente, él escuchó con resignación, como siempre, y la dejó rumiando su ira en la hostilidad de la noche. No volvieron a verse" 1.
Durante todo 1935 el dúo Magaldi - Noda actúa en Radio París. Este mismo año, contratado por Argentina Sono Film, la empresa de Don Angel Mentasti que estaba inventando la industria cinematográfica argentina, interviene en el filme Monte Criollo cantando la cueca Sanjuanina de mi amor y hacen también un corto en el que aparecen vestidos de gaucho. Hacia el mes de julio, participan del gran festival que a beneficio de las víctimas de la tragedia de Medellín, se celebra en el Luna Park.
Ese año de 1935 hace crisis una situación profesional que había sido justa en sus comienzos, pero que con el paso del tiempo se ha vuelto injusta e irreal. Magaldi toma conciencia de que debe hacer un alto en el camino para proyectarse con la jerarquía que el público le ha dado como solista. Sin publicidad, con problemas en su vida privada que lo afectaran sensiblemente y ligado a Pedro Noda, ha logrado éxitos superiores a la modestia con que siempre se ha presentado en todas partes.
Bien aconsejado y por fin, dispuesto a tomar decisiones por dolorosas que fueran, 1935 marca el fin de otra etapa y 1936 será el comienzo de otra que irá a colocarlo en el primer puesto de la canción nacional y que sólo truncará la tragedia de su muerte.
Después de la última actuación del dúo, registrada el 30 de diciembre de 1935 en Radio París y en el cine Astro, de la ciudad de La Plata, Pedro Noda se unirá de inmediato a Carlos Dante, quien se ha estado desempeñando como solista y luego como cantor de la orquesta de Miguel Caló. Grabarán en discos Víctor y por unos años más, Noda continuará una carrera de desarrollo parejo y meritorio. Pero Mag.aldi siente que debe empezar de nuevo. Ha cortado todas las amarras, apunta Estela Do Santos en su trabajo mencionado.
En otro orden de cosas, América se tranquiliza: Bolivia y Paraguay convienen el armisticio y concluyen la encarnizada lucha del Chaco Boreal. El saldo es la fractura de una generación: miles de jóvenes del Atliplano y de Asunción quedan para siempre en el infierno verde, comidos por la guerra. Es el año en que es sacado a patadas de la Casa de Gobierno de La Plata su titular, Federico Martínez de Hoz y es asesinado en el Senado de la Nación el doctor Enzo Bordabehere, durante el debate que, capitaneado por el doctor Lisandro de la Torre, da cuenta del sórdido manejo de nuestro comercio de carnes. El país es también conmovido por la muerte insólita de Carlos Gardel entre las llamas de un avión que cae en Medellín.
NOTAS:
1 Tomás,. Eloy Martinez. Santa Evita. op. cit.
24 de Junio de 1935. Fotografías de la tragedia.
Fuente: Fragmento extraído de Libro “Rosario era un espectáculo” “¡ arriba el Telón ¡” de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997

lunes, 10 de abril de 2017

EL AVISO DE LA CALANDRIA

Por Héctor N. Zinni

¿Cuál es la verdad del encuentro Magaldi – Evita? Sigamos atentamente el relato que nos hace Tomás Eloy Martínez, basado en las revelaciones de Mario Pugliese, Cariño:
'Fue la propia Evita quien confió a sus primeros amigos de la radio que Magaldi la había llevado a Buenos Aires, y ellos echaron a rodar la historia: Elena Zucotti, Alfonso Pisano, Pascual Pelliciota, Amelia Musto. Pero el único que sabía la verdad era Mario Cariño. Tardé varias semanas en dar con él.
"En 1934, Cariño tenía una fama casi tan vasta como la de Magaldi, pero de otra índole. Disfrazado de Chaplin, dirigía una orquesta cómica que desfiguraba los valses y foxtrots de moda injertándoles sonidos de la jungla, chirridos de cadenas, berridos de infantes y suspiros de novia. Treinta años después, ya en plena decadencia, se convirtió en quiromántico, astrólogo y consejero sentimental. Fueron esas habilidades las que me permitieron ubicarlo.
"En el barrio donde vivía, cerca de Parque Rivadavia, aún se ganaba la vida leyendo las manos o dibujando las cartas astrales de los vecinos. Apenas podía moverse: una caída en el baño le había destrozado la cadera. Cuando me recibió estaba pálido, consumido, como si ya hubiera muerto y nadie se diera cuenta. La mirada se le distraía con facilidad en regiones indecisas del aire y rara vez se posaba en algún objeto.
"Hablamos poco más de dos horas, hasta que la atención se le disipó y no pudo recuperarla. La memoria del pasado seguía intacta y dura dentro de él, como una vieja casa sin puertas ni ventanas donde el aire y el polvo no se han posado nunca. Sólo cuando avanzaba hacia el presente la memoria se le deshacía en cenizas. No sé cuánto de lo que voy a contar ahora es fiel a la verdad. Sé que es fiel a sus recuerdos y a su pudor tanto como es infiel a su lenguaje socarrón e indirecto, que a mí me parecía de otro siglo.
"Cariño empezó por describir su primera tarde de tedio en Junín: las zambas atronadoras que difundían el altoparlante hasta las diez de la noche; la polvareda de moscas en el hotel Roma, donde se alojaba con los músicos de su orquesta; las maniobras fragorosas de las locomotoras en la estación Pacífico; las rondas de las chicas que paseaban del brazo por la Plaza San Martín y, mientras los miraban de reojo, hablaban de ellos tapándose la boca. Vagamente me dijo (o tal vez me indujo a pensar) que una realidad tan monótona acaba por parecerse a la eternidad, y que cualquier eternidad es desesperante.
"En el comedor del Roma cenaron un jamón rancio y unas achuras verdosas. Los músicos se sintieron indigestados. Nadie durmió bien. Magaldi llegó a la mañana en el tren de las diez con Pedro Noda, su compañero de dúo. Dejaron el equipaje en otro cuarto inhóspito del Roma, y luego se entretuvieron con Cariño en el cine Crystal Palace, donde esa noche darían el recital. Los camarines eran baños escuetos con pisos de portland. El único reflector del escenario se apagaba a los tres minutos de encenderse o condescendía a parpadear. Magaldi opinó que era preferible cantar a oscuras.
"Su humor, naturalmente sombrío, estaba por desbarrancarse en la depresión. Se hizo la hora de almorzar. Cariño no quería regresar al hotel, donde el menú del mediodía era tan amenazante como el de la noche. En un almacén de ramos generales les recomendaron la pensión de Doña Juana Ibarguren de Duarte, que atendía sólo a huéspedes fijos, pero que no dejaría escapar a comensales tan renombrados como ellos.
"La pensión estaba en la calle Winter, a tres cuadras de la plaza. Después del zaguán se abría un comedor enorme, a través del cual se divisaba un patio de enredaderas y glicinas. Magaldi llamó a la puerta y preguntó si aceptaban diez personas mas para el almuerzo. Una mujer robusta, de lentes, con un pañuelo en la cabeza, asintió sin sorprenderse. "Son tres platos", dijo, "y por cada plato hay que pagar setenta centavos. Vuelvan dentro de media hora".
"Los aguardaba un almuerzo memorable, con humitas en chala y puchero de gallina. Cariño recordaba que compartieron la mesa con tres huéspedes estirados, que calzaban polainas y usaban cuellos de palomita: uno era, creía, oficial de ¡a guarnición local; los otros se presentaron como abogados o maestros. Las hijas de Doña Juana comieron en silencio, sin levantar la mirada del plato. Sólo una de las mayores lamentó, al pasar, que el único hermano estuviera lejos de la casa. Nadie, dijo, imitaba tan bien las imitaciones de Cariño.
"Magaldi acaparó la conversación. La compañía y el vino le habían mejorado el humor. Entretuvo a las jóvenes explicándoles con detalles los secretos de la grabación de los discos en cuartos herméticos, donde los cantores dejaban caer la voz dentro de una bocina gigantesca (sic), y cautivó a los huéspedes hablándoles del gran Caruso, a quien había paseado por Rosario (sic). La única que parecía ajena al hechizo de Magaldi era la hija menor, que lo examinaba con seriedad, sin sonreírle ni una sola vez. Tanta indiferencia incomodó al cantor: "Noté", me dijo Cariño, "que al final del almuerzo se había olvidado de los demás y sólo se dirigía a ella".
"Evita tenía quince años. Era pálida, traslúcida, con unas largas cejas depiladas que estiraba dibujándolas casi hasta las sienes. Llevaba cortado a la garçón el pelo fino y algo seboso. Como casi todas las adolescentes del pueblo, apuntó Cariño, era desaseada y de una pudorosa coquetería. No sé cuánto de la imagen que él me transmitió está teñida por la Evita que frecuentó después, durante los primeros meses de 1935. La memoria es propensa a la traición y, en definitiva, lo que importa en este relato no es su desabrida belleza de aquellos años sino su osadía.
"Antes de que sirvieran los postres, una calandria se posó en una de las fuentes y picoteó un grano de choclo. Doña Juana consideró que era una señal de buen augurio y propuso otro brindis. El abogado o el maestro porfiaron que no era una calandria sino un zorzal. Uno de ellos se puso unos lentes de carey oscuro para estudiar el pájaro de cerca. Evita lo detuvo con un ademán seco: "Quédese quieto - le dijo - cuando las asustan, las calandrias no vuelven a cantar."
"Magaldi se quedó pensativo y a partir de ese momento dejó de hablar. A él, como a Gardel y a Ignacio Corsini, solían llamarlos indistintamente "el zorzal criollo" o "el ruiseñor argentino" (ruiseñor es el otro nombre de la calandria). Era supersticioso, y debió sentir que si por azar coincidía en la misma mesa con un pájaro arisco, que sólo se deja ver en cautiverio, era porque ambos estaban hechos de la misma sustancia.
"Magaldi creía en la reencarnación, en las apariciones simbólicas, en el poder determinante de los hombres. Que Evita mencionara sin querer el más secreto de sus terrores - no poder cantar - le hizo suponer que entre Ella y él había también un lazo invisible. Cariño me lo dijo con un lenguaje más esotérico y temo que, en mi afán de aclarar sus ideas, lo que estoy haciendo es enrarecerlas. Habló de Ra, Urni, peregrinaciones astrales y de otros paisajes del espíritu cuyo significado no entendí. Una de sus imágenes, sin embargo, se me quedó grabada. Dijo que, después del incidente de la calandria, las miradas de Evita y de Magaldi se cruzaban a intervalos. Ella jamás apartaba los ojos. Era él quien bajaba la cabeza. Después de los postres, Ella dijo, con voz inapelable: "Magaldi es el mejor cantor que hay. Yo también voy a ser la mejor actriz."
"Antes de que se marcharan, la madre llamó a Magaldi y se lo llevó a uno de los dormitorios. Desde el comedor se oían las eses cadenciosas de la mujer, pero no sus paiabras. El cantante murmuró algo que sonó a protesta. Al salir había recuperado su apariencia melancólica: "Sigamos conversando mañana", dijo. "Recuérdemelo mañana."
"El cine Crystal Palace se llenó esa noche de sábado. La orquesta de Cariño actuó iluminada por las arañas del techo. Magaldi, que prefería la penumbra, encendió en el escenario dos candelabros y creó el efecto lúgubre que convenía a sus canciones de desdicha. Las mujeres de la familia Duarte ocuparon media fila de plateas, en el fondo y aplaudieron con entusiasmo. Sólo Evita parecía lejana e inconmovible. Sus grande ojos castaños estaban clavados en el escenario y no reflejaban nada, como si se le hubieran retirado los sentimientos.
"A la salida esperaban seis o siete chacareros, que habían llevado a sus familias para demostrarles que Magaldi era de carne y hueso y no sólo una ilusión de la radio. Las madres de algunos presidiarios se acercaron a Pedro Nada con cartas de súplica para que se aliviaran los horrores de los calabozos de Olmos. Sobre el cordón de la vereda, apoyados en las puertas de sus voiturettes, estaban los empresarios del Crystal Palace, que habían organizado un banquete en el Club Social. Vestían trajes blancos y camisas de cuello duro.
"Parecían impacientes, y, cada tanto, hacían sonar las bocinas. Entre Magaldi y ellos se interponía Doña Juana, cruzada de brazos, impertérrita. Estaba muy elegante, con una gran rosa de organdí en el escote. Esperó unos pocos minutos y se adelantó hacia el cantor. Lo tomó del brazo y lo desvió de su camino. Cariño, que estaba atento, oyó el diálogo rápido y seco.
"- Acuérdese de lo que me prometió: mañana almuerzan otra vez en mi casa, no? Usted y Noda vienen como invitados míos.
No sé si vamos a poder - la esquivó Magaldi -. Es una función de vermut. Nos deja poco tiempo.
"- La función es a las seis. Tienen tiempo de sobra. ¿Por qué no vienen a las doce y se quedan hasta las tres?
Está bien. A las doce y media.
Y hágame un último favor, Magaldi. Pase a las once por la plaza, puede? A Evita le han dado quince minutos para que diga versos por el altoparlante. Se muere de ganas de que usted la oiga. ¿Se ha fijado bien en ella?
Es bonita - dijo Magaldi -. Tiene condiciones.
"- ¿No es cierto que es muy bonita? Se lo dije. Este pueblo le queda chico.
"Las bocinas de las voiturettes los apremiaron. Magaldi se desprendió como pudo y entró en uno de los autos. Toda la noche estuvo enterrado en sus pensamientos, dejando caer unos pocos monosílabos de compromiso. Casi no comió, bebió sólo un par dé grappas, y cuando le pidieron que templara la guitarra, alegó que estaba sin ánimo. Noda tuvo que cantar solo.
"Regresaron al hotel poco antes que amaneciera. Se distrajeron en el vestíbulo de entrada con las trepidaciones del expreso que venía de atravesar el desierto. Cariño propuso dar una vuelta a la manzana y, antes que nadie respondiera arreó a Magaldi, que obedecía con resignación. Era noviembre, el cielo estaba limpio y en el aire flotaban las chispas del rocío. Recorrieron una cuadra de casas iguales, en las que se oía crepitar a las gallinas. Vadearon un baldío, un corralón, los adoquines desparejos de una cochería. Caminaban con las manos en los bolsillos, sin mirarse.
"-Qué esperás para contarme lo que te pasa? - dijo Cariño - A ver si aprendés a confiar en alguien.
"- Estoy bien - contestó Magaldi.
"- A mí no me jodés. Yo nací conociendo a la gente.
"Se detuvieron bajo un farol. La luz dibujaba un círculo tembloroso. "Sentí, me dijo Cariño, que los diques de adentro se le venían abajo. No podía con su alma y necesitaba desahogarse".
"Doña Juana, cantó Magaldi, le había pedido que apadrinase a Evita en Buenos Aires, después de haber pasado meses oponiéndose al viaje. No quería que la hija se fuera sola, a los quince años, cuando apenas había terminado la escuela primaria. Pero Evita, dijo, no se doblegaba. Insistió tanto que le quebró la voluntad. Era huertana, no tenía allá otro pariente que un hermano conscripto y soñaba con ser actriz. Por Junín habían pasado dramaturgos como Vacarezza, cantores como Charlo, recitadores como Pedro Miguel Obligado. A todos les había pedido ayuda y todos la negaron con el pretexto de que era una niña y debía madurar.
"Magaldi, en cambio, veía más lejos que cualquiera de ellos. Los superaba en fama, en relaciones, en recursos. Nadie rechazaría una de sus recomendaciones. Esa chica tiene cualidades, había dicho. Y no podía volverse atrás. Además, estaba la calandria. Se había posado en la mesa para marcar su destino. Desoir los avisos de una calandria era invocar la mala suerte" 1.
NOTAS:
1 Tomás Eioy Martínez, Santa Evita, op. cit.
Fuente: Fragmento extraído de Libro “Rosario era un espectáculo” “¡ arriba el Telón ¡” de Héctor Nicolás Zinni . Ediciones Del Viejo Almacén . Año 1997

A TRES AÑOS DE LA TRAGEDIA DE SALTA 2141

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